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Por Martín Carrasco
Para LA NACION
LA PLATA.- La complejidad de un deporte colectivo como el fútbol hace que las respuestas para explicar diferentes situaciones que debe atravesar un equipo sean de múltiples opciones. Estudiantes es el último campeón. Es un club con historia y protagonismo en el lustro que nos precede y hoy, su presente irregular parece hacer eclosión dentro y fuera de la cancha. Vislumbrar el porqué de estas contingencias es materia de un análisis bien profundo.
La victoria de Godoy Cruz en La Plata por 1 a 0 desnudó cierto malestar en la institución platense. Y esto tiene que ver con el rendimiento colectivo y sus vaivenes. De hecho, Estudiantes ganó tres encuentros en el certamen local y dos en la Copa Libertadores, en la que se encuentra en una posición sumamente cómoda como para clasificarse a la siguiente etapa. Lo que parece irritar a casi todos es que su juego fino, asociado, con toques sutiles y de gran jerarquía no se encuentra en este conjunto desde hace mucho tiempo.
La doble competencia obliga a los clubes con una plantilla reducida a realizar varias rotaciones para que los jugadores no sufran el desgaste lógico del trajín de los partidos. El Pincha y el Tomba sufren estas circunstancias en forma paralela y sienten la obligación de aprobar cada examen con una buena nota. Ayer, el que mejor se adaptó a lo que sucedía fue el conjunto mendocino. Los dirigidos por Jorge Polilla Da Silva ejecutaron a la perfección un libreto de espera y contragolpe; con suma paciencia, construyeron una victoria que les devuelve la confianza y los empuja para seguir intentando crecer como equipo.
En cambio, Estudiantes, presionado por todos lados, urgido de victorias ya sea por su público, por la localía o simplemente por mantener la punta del torneo, fue el que más buscó, el que tuvo la pelota mayor tiempo, el que creó las más claras situaciones de gol, pocas por cierto -sólo un par de cabezazos con pelotas paradas- y el que quiso ser siempre protagonista del encuentro. Sin embargo, se quedó con las manos vacías porque sus ejecutores nunca pudieron interpretar la partitura que les impuso el técnico Eduardo Berizzo.
Será por eso, tal vez, que Pablo Barrientos no encuentra posición dentro del esquema; que Nelson Benítez no logra incorporarse al grupo; que Leandro González deambula por todo el frente de ataque y no puede meterla o que la Brujita no descubre con quién dialogar de tres cuartos de cancha hacia adelante.
Esto fue lo que se vio en el único estadio techado del país. Por un lado, la visita que siempre tiene algo más, que ensaya sorprender y que no se conforma con lo hecho hasta ahora. Godoy Cruz quiere seguir haciendo historia para que en su provincia se vibre a su compás.
En tanto, Estudiantes muestra dos caras bien distintas de una misma moneda. Mientras exhibe su peor faceta de local en la competencia doméstica, al mismo tiempo en Paraguay, Estudiantes apareció con todo su amor propio a cuestas, sacó pecho de visitante y dio vuelta un partido que perdía por 1 a 0. De ahí que todos esperan que quede al borde de la clasificación cuando reciba a Guaraní de Paraguay en esta ciudad el próximo jueves, desde las 19.10.
Claro que el torneo Clausura prosigue y Estudiantes no está lejos del líder y tiene todas las intenciones de mantener viva la esperanza de ratificar su condición de número uno. El tiempo dirá cual es el verdadero León: el irregular, el que le cuesta ganar de local o el que sigue a paso firme su camino en la Libertadores.
Hoy por hoy ambos conviven en un mismo cuerpo, con sus dos realidades; habrá que ver cuál prevalece al final de la temporada...
Hasta ayer, Estudiantes le había ganado siempre...
El recambio en el León, un problema sin resolver
La Bruja Verón ahora sueña con el estadio propio
Tensión de Berizzo con varios hinchas,
Otra vez, quejas contra el estadio


