Racing suma 176 días en la cima: un líder que aprendió y reaccionó a los dos mazazos de River

Fuente: FotoBAIRES
Claudio Mauri
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24 de febrero de 2019  • 23:59

Puntero de la Superliga desde la cuarta fecha, Racing lleva 17 jornadas defendiendo el primer puesto. Son 176 días instalado en lo más alto. Desde que el 2 de septiembre de 2018 le quitó el liderazgo a Rosario Central con un 2-0 en Avellaneda, hasta este fin de semana que lo vio salir extasiado del Libertadores de América por un 3-1 a Independiente conseguido con una batería de recursos: corazón, mente, las manos y reflejos de Gabriel Arias , los pies solidarios del resto y esa cabeza golpeada de Sigali a la que todos quisieron dedicarle el tributo de un triunfo en un clásico que se recordará por mucho tiempo.

Líder durante 25 semanas, a la Academia le restan seis más (la última fecha se disputará el 7 de abril) para ser campeón, algo que se dice rápido y fácil, pero que en la historia de Racing casi siempre fue un anhelo lleno de sufrimiento y angustia. De consagrarse, lo hará por segunda vez en el término de cuatro años y medio, desde el Torneo Transición 2014 obtenido con Diego Cocca. Para encontrar un período de menor tiempo entre un título local y otro, hay que remontarse a las vueltas olímpicas de 1958 y 1961.

Club que lleva el estoicismo en sus genes, esta campaña no es la excepción. Hay ilusiones y expectativas fundadas, pero también resiliencia para reponerse a un par de mazazos, que podrían haberlo tumbado, desenfocado. Y sin embargo, de ambos emergió con espíritu guerrero, pidiendo la pelota y dando la cara. El verdugo fue el mismo, aunque por competencias diferentes: River lo minimizó dos veces, lo redujo a la nada en el Monumental. La primera, en agosto de 2018, con un 3-0 que lo sacó a los cachetazos de la Copa Libertadores. La segunda, hace un par de semanas, con un 2-0 que le costó que el desinhibido Defensa y Justicia le igualara la línea en la Superliga. Ese domingo, en las entrañas del Monumental, Eduardo Coudet se asumió culpable por no haber sabido transmitir el partido que se debía disputar.

Nos venían costando los partidos importantes de visitante y contra Independiente dimos una gran muestra de carácter. Ojalá esto sea el envión que nos estaba faltando
Gabriel Arias

.

Vale hacer un poco de historia para entender la capacidad de reacción de la Academia a esas dos decepciones profundas. No se dejó arrastrar por el abatimiento, se levantó fuerte y en guardia para afrontar lo que venía. Se dio un refresh inmediato. Tras la caída por la Libertadores, cuando fueron expulsados Centurión y Soto, Coudet intervino en la formación. Salieron de la titularidad Soto, Nery Domínguez, Cardozo, Centurión y Bou. Entraron los chilenos Mena y Marcelo Díaz (un tiempista siempre bien ubicado y clarividente para resolver a un toque), Pol Fernández, Solari y Cristaldo.

El Chacho no se casó con nadie. Recurrió al amplio plantel del que dispone, sobre todo con un catálogo de mediocampistas que le ofrecen variantes de movilidad y manejo. Aquella vez, el equipo dijo "acá estoy" con un 2-0 sobre un Rosario Central que venía con el 100 por ciento de los puntos en tres fechas.

Cuando Racing había tomado otra vez una velocidad crucero, River le volvió a bajar las revoluciones. No solo fue la derrota, sino el escándalo que desparramó primero en la cancha y luego en las redes sociales la irresponsabilidad de Ricardo Centurión , empeñado en emborronar en el sentimiento del hincha el afecto que le tiene por haber surgido de las divisiones inferiores y haber convertido el gol del título en 2014. Pudo haber sido desestabilizador lo de Centurión para el grupo, que supo procesar el conflicto con madurez y profesionalismo. Mientras el incorregible volante pasaba a entrenarse con la reserva, el plantel se aglutinó y reforzó la autoridad de Coudet, con la sentida dedicatoria que le hizo Licha López en el 3-0 sobre Godoy Cruz. Ante los mendocinos, Cvitanich dejó de ser una pieza de recambio y entró en la formación por Cristaldo; también Zaracho, un volante de área a área, sacrificado y vibrante con la pelota, se hizo un lugar. Nuevamente Chacho tocaba teclas para rectificar el rumbo. Y acertaba.

El deshilachado Godoy Cruz quizá le facilitó una producción muy lucida. El gran examen, de carácter y futbolístico, tenía rival y lugar: Independiente y de visitante, donde Racing gana muy esporádicamente. A lo mejor el 3-1 fue exagerado a la luz de los apuros que pasó en varios momentos, pero destaca dos virtudes del puntero: lo fue a buscar de arranque, tuvo un cuarto de hora en el que consiguió la ventaja y desconectó a Independiente, y lo remató al final, no perdonó los descuidos adversarios.

Tiene méritos concretos Coudet, que igual no deja de aferrarse a lo esotérico, como esa clásica bufanda que lo envuelve hasta en una noche de pegajosa humedad: "De los cachetazos se aprende, aprendimos la lección de la derrota con River. Nos traicionamos en ese partido y no podíamos volver a hacerlo. Contra Independiente jugamos con el corazón. Le debíamos un partido así a la gente y también a nosotros mismos".

Con 48 puntos sobre 60 (80 por ciento de eficacia), nadie ganó más partidos (15) ni marcó más goles (38, con un promedio de 1,9 por encuentro) que Racing. Entre tantas circunstancias que debió asimilar, está la de salida de Lautaro Martínez, goleador del equipo con 13 tantos en la anterior Superliga. Ahora lo tiene a Lisandro López, que el 2 de marzo cumplirá 36 años y suma 16 goles. Entre las paredes del vestuario visitante de Independiente retumbó el cántico del plantel: "Vení, vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano, de Licha López, todos la vuelta vamos a dar". Así como Diego Milito lo hizo en 2014, ahora el emblema que lo sucede es el que muestra el camino a la gloria.

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