Racing y la Copa Libertadores: la barrera que la Academia franqueó tres veces en su historia, la que lo tiene a maltraer en los últimos ocho años
En los tiempos recientes el equipo recuperó protagonismo local, pero el plano internacional, y las series de penales, le resultan karmas
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En el mismo arco en que Jonathan Galván erró su penal contra River en octubre pasado para ganar la Liga Profesional de Fútbol. En el mismo arco en el que encontró el límite a la ilusión en los cuartos de final de la Copa Libertadores 2015, frente a Guaraní. Racing volvió a tropezar cuando sentía que estaba como para dar el gran salto. Ante Sergio Romero, el arquero de Boca y gran figura, cayó por 4 a 1 en la definición por penales después otro 0-0 en la serie de cuartos de final y quedó eliminado de la Copa Libertadores, esa competición que se transformó en una obsesión.
Fue la tercera vez en ocho años en que la Academia intentó quedar entre los cuatro mejores de Sudamérica y no lo consiguió. Nunca lo había intentado tanto en tan poco tiempo. Apenas en tres ocasiones llegó a semifinales en su historia: en 1967, cuando fue campeón; en 1968, cuando cayó ante Estudiantes de La Plata en un tercer partido, y en 1997, cuando quedó eliminado en Lima a manos de Sporting Cristal.
Otra vez quedó en la puerta en esta etapa. En 2015 lo hizo con una derrota por la mínima diferencia frente al paraguayo Guaraní: 1 a 0 en el resultado global. En 2020 ocurrió ante el mismo adversario que el de este miércoles, pero con la localía invertida: en la Bombonera, Boca se impuso por 2 a 0 y se quedó con el pasaje. A lo largo de estos años en los que Racing logró protagonismo en el plano local, la gloria internacional le resulta esquiva. Un camino que se inició lejos en el tiempo con Diego Milito y Sebastián Saja como banderas, que siguió Lisandro López y que ahora llevan abren Gabriel Arias y Leonardo Sigali. “Hay que aprender a competir en las copas”, se repitió como un mantra a lo largo de estas temporadas. Pero el límite viene siendo el mismo por más que sean modificados los nombres y los contextos.
¿Qué le faltó a Racing para superar a Boca en este mano a mano? “Nos faltó hacer un gol, o pasar por penales”, fue la respuesta que dio el entrenador Fernando Gago en la conferencia de prensa. El partido en Avellaneda se dio como un espejo de la ida. En la primera mitad, el local se sintió cómodo en el campo, fue superior y tuvo situaciones para ponerse en ventaja. Ya en el segundo tiempo, el visitante comenzó a manejar la pelota y generaba sensación de peligro. El 0 a 0, otra vez, resultó inamovible. “Fue el partido que quisimos jugar. Más aun en el primer tiempo, cuando el juego estaba controlado. Nos faltó tiempo para la última definición. Llegamos a los penales y nos tocó quedar afuera”, afirmó el preparador de Racing.

Si ya durante la semana previa la serie olía a serie de penales, a medida que el reloj corría esa sensación se volvía tangible. Hasta los entrenadores parecieron hacer los cambios para la definición por remates. Los penales, a esta altura, son un karma para el Racing de Gago. Lo fueron en la semifinal de la Copa de la Liga 2022, ante el mismo rival pero en la cancha de Lanús, en un golpe que derrumbó la ilusión del equipo al punto de que siguieron otras dos duras caídas, frente a River Plate, de Uruguay, por la Copa Sudamericana, y Agropecuario por la Copa Argentina.
Compacto de Racing 0 (1) vs. Boca 0 (4)
El fallo de Galván frente a Armani es una herida que continúa abierta. El lamento de aquella tarde se extiende y responde a que no se hizo cargo Gonzalo Piovi, que había prometido romper el arco. En el inicio de esta serie de penales contra Boca, como a lo largo de todo este año, Piovi tomó la responsabilidad, pero Romero se hizo gigante y atajó el disparo. Lo mismo realizó ante Sigali.
Que el héroe de la noche haya sido Romero resulta sal en la herida académica. El 4 de julio de 2004, en la Villa Olímpica de Vélez, Racing y Boca chocaron por el título de campeón de la sexta división. Cuando el cuadro xeneize parecía llevarse el triunfo, Maximiliano Moralez empató sobre la hora. Hubo penales. Y brilló Sergio Romero, que atajó tres para la Academia. Fue su presentación en sociedad, la precuela de una gran carrera.

A mediados de 2022, libre tras finalizar su contrato con Manchester United, el ex arquero de la selección se entrenaba por su cuenta en el Predio Tita, por el buen vínculo que mantenía con la dirigencia y el resto del club. El arco académico tiene dueño desde 2018: Arias se mantuvo a pura vigencia y con noches mágicas. Boca, con Juan Román Riquelme a la cabeza, fue a buscar a Chiquito para que ocupara su arco. Hubo cierta bronca en Racing, con declaraciones cruzadas entre el presidente, Víctor Blanco, y Romero. “Yo soy hincha de Racing, pero voy a morir por la camiseta de Boca ahora”, dijo el arquero antes de este mano a mano por la Libertadores. La bronca no parecía ser un sentimiento instalado entre los hinchas racinguistas. Hasta esta definición. El arquero se retiró del estadio entre insultos, tras atajar dos de los tres penales que ejecutó el local.
Arias, también un especialista, no hizo honor a la marca que traía de atajar casi uno de cada tres disparos; convierten frente a él 66,25% de los tiros de 11 metros. Adivinó la intención de Exequiel Zeballos en el primer intento, pero estuvo algo lejos en los disparos de Edinson Cavani, Lucas Janson y Marcos Rojo. La diferencia que no apareció en los 180 minutos de juego se cristalizó en la serie de penales.
El colombiano Roger Martínez, artífice de la presencia de Racing en este cuarto de final de Copa Libertadores, apenas estuvo en la cancha ocho minutos. Ese lapso alcanzó para entender el porqué: apenas podía trotar. Más allá de la ovación que le brindaron los hinchas, del esfuerzo de Roger para estar, su bíceps femoral izquierdo no estaba en condiciones. “Si hubiera sido un partido normal, ni habría jugado”, apuntó Gago tras la eliminación. En la definición por remates ni siquiera llegó a participar. Para la Academia, la lista se cortó mucho antes que lo esperado. Apenas en tres ejecutores. Como esta aventura internacional, que se frenó en los cuartos de final. Como suele pasar.
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