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La impotencia de Boca quedó sentenciada tras el gol de Milton Caraglio. No sólo por el resultado adverso (1-2) sino por la expulsión de Juan Román Riquelme, quien, algo irresponsable, le protestó al árbitro Rafael Furchi segundos después de la conquista canalla. El reclamo airado del número 10 se tradujo en un tarjeta roja, la tercera de su carrera. La última había sido en el Clausura 2009, cuando Boca cayó, en Santa Fe, con Colón por 3 a 1. En aquel encuentro, Riquelme se había mostrado errático y fastidioso hasta que se fue antes de tiempo por un exceso verbal al juez Federico Beligoy. Y ayer la historia no fue muy distinta.
El hastío quedó demostrado al retirarse de la Bombonera. Luego de la nueva derrota, la quinta en el Clausura, el estratego se fue sin hacer declaraciones. Llamó la atención porque cuando el equipo de Abel Alves juega en su estadio, Riquelme suele ser uno de los líderes que da la cara ante la prensa.
Hoy su futuro es incierto. No se sabe qué puede ser del jugador de 31 años luego del 15 de mayo cuando finalice el Clausura. Su contrato vence en junio y hay dirigentes que "en off" se animan y dicen que "no lo quieren" en la próxima temporada. Claro, lo hacen en voz baja y sigilosa. Es que dudan y mucho luego de la demostración de afecto y cariño que le dispensó el pueblo xeneize en el superclásico ante River. Fue toda un prueba de fidelidad, que hasta hizo sucumbir al otro gigante de Boca: Diego Maradona, que había regresado a la Ribera después de un año. Esa tarde el público dio su veredicto al darle la derecha al actual enganche.
Más allá de su edad, los desplantes, la irregularidad y algunos privilegios que poseería por encima de sus compañeros serían sólo algunos de los fundamentos de la comisión directiva para volcar la balanza en su contra. Por el momento, el presidente Jorge Amor Ameal sigue dudando. No querría dejarlo ir porque lo ve como un riesgo superlativo a nivel político, pero sabe que su presencia divide las aguas en el plantel. Para Boca y para el futuro del equipo. A esto se suma el posible desembarco de Guillermo Barros Schelotto como nuevo entrenador. No son nuevas las diferencias entre Román y el Mellizo. Por más que se niegue, los desacuerdos entre ambos son inocultables. Ya en 2007, luego del despido de Miguel Russo como entrenador, Riquelme le bajó el pulgar e impidió que su ex compañero asuma la conducción del plantel.
El deseo de verlo jugar como en 2007, cuando Boca conquistó su sexta Copa Libertadores, desvela. Aquella, fue su última gran versión futbolística. Luego los problemas físicos lo marginaron y no volvió a ser el mismo. La renovación de su contrato es toda una incógnita. Al menos, por ahora.

