River y la metáfora de las arenas movedizas

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
River terminó el año en Abu Dhabi, un destino exótico para un final extraño.
River terminó el año en Abu Dhabi, un destino exótico para un final extraño. Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Haliasz/River
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22 de diciembre de 2018  • 15:00

La selección ofreció en Rusia una de las peores actuaciones en la historia de los mundiales, después de clasificarse in extremis en la última fecha de las eliminatorias. La Argentina no participó en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y se volvió en primera rueda en Río de Janeiro 2016. De los últimos cinco mundiales Sub 20 , ni se clasificó en dos, apenas alcanzó los cuartos de final en uno y en los más recientes, en 2015 y 2017, no atravesó la etapa de grupos. En la última Copa Sub 17 ni participó. Los equipos argentinos solo conquistaron ocho de las 17 Copas Sudamericanas que se han disputado, menos de la mitad, y en lo que va del siglo XXI, alzaron siete de las 18 Libertadores , ni siquiera el 40%. Demasiados números y cuentas para sostener lo que estalla a la vista: el retroceso.

River es el campeón continental. Es verdad, pero acaba de atravesar el Mundial de Clubes con un tono mustio para escribir la página criolla más descolorida en el historial del torneo. Al menos, los conjuntos albicelestes siempre habían accedido a la definición, Boca, Estudiantes, San Lorenzo y el propio River en 2015. Después de la afrenta de Al Ain en una de las semifinales, maquilló de excursión turística el viaje a Emiratos Árabes para disimular su desazón por la oportunidad desperdiciada. Podio consuelo.

El presidente Rodolfo D’Onofrio sugiere que este certamen debe reconfigurarse, con la pretensión de que "huela a Intercontinental". Más allá del formato, entre competidores africanos y asiático de poca monta, mexicanos que no escapan de sus complejos de inferioridad, e invitados árabes o japoneses irrelevantes, la final casi siempre se redujo a una pulseada entre europeos y sudamericanos. Así desde 2006, y Real Madrid, Barcelona, Bayern Munich, Internazionale y Manchester United nunca decepcionaron. Esta vez, para que tuviera ese reclamado aroma a Intercontinental, solo faltó que River se clasificara. Falló River, otro síntoma de que el fútbol argentino se cae del mapa.

Las razones pueden ser múltiples. Desde las fallas estructurales de un fútbol desvencijado, hasta el abismo económico que condiciona la competitividad. Y la jerarquía individual. Vale rastrillar a los futbolistas argentinos en los clubes líderes de las principales ligas de Europa. ¿Cuántos juegan en el Borussia Dortmund que dirige el suizo Lucien Favre? Ninguno. ¿Ý en Liverpool de Jürgen Klopp? Ninguno. ¿Y en el Paris Saint Germain del alemán Thomas Tuchel? Ángel Di María. ¿Y en la Juventus de Allegri? Paulo Dybala. Y en Barcelona está Messi, claro, el capitán. Una porción insignificante.

Tercero en el Mundial de Clubes: la última imagen de un 2018 inolvidable para River.
Tercero en el Mundial de Clubes: la última imagen de un 2018 inolvidable para River. Fuente: AP - Crédito: Hassan Ammar

Pero conviene ampliar el radar a las otras potencias del continente para acentuar esa sensación de orfandad. ¿A quién contrató el Bayern Munich de Niko Kovac? A ninguno. ¿Y el Chelsea de Maurizio Sarri y el Arsenal de Unai Emery? A ninguno. En Manchester United del despedido Mourinho, Sergio Romero y Marcos Rojo no escapan de un papel decorativo. En el Tottengham de Pochettino al menos aparecen Lamela, el arquero Gazzaniga y el pibe Foyth, pero ninguno ocupa una función principal. En el City de Pep Guardiola, Nicolás Otamendi alterna y Sergio Agüero sí, es una leyenda de los citizens. No hay argentinos en el Napoli de Carlo Ancelotti y en el Inter de Luciano Spaletti, Mauro Icardi es la figura y Lautaro Martínez demora en adaptarse. Ángel Correa es una pieza de recambio en la estructura del Atlético de Madrid de Simeone, y el tricampeón de Europa y del mundo no necesita de los argentinos. Al Real Madrid lo guía Santiago Solari, pero solo desde afuera.

Quizá convenga ampliar aún más el área de búsqueda y, por ejemplo, también incluir a los demás equipos que están clasificados para animar los octavos de final de la Champions League. Pero la tendencia se robustece. En Lyon, Schalke 04 y Porto tampoco juegan futbolistas argentinos. Al menos en Ajax es titular Nicolás Tagliafico, y en Roma el único consolidado es Federico Fazio, porque Javier Pastore no consigue estabilizarse y Diego Perotti prácticamente no ha sumado minutos en la temporada.

Según el sondeo anual que realiza el diario inglés The Guardian, entre los 100 mejores futbolistas del mundo, en 2018 solo aparecen seis argentinos: Messi, 'Kun' Agüero, Dybala, Icardi, Higuaín y Gonzalo 'Pity' Martínez.

El camino contrario, en realidad, termina de certificar la realidad: la Argentina no cuenta con futbolista en la élite, más allá de Messi que habita en otra dimensión; del ‘Kun’ Agüero, que en un tiempo ingresará en una natural curva descendente, y Dybala. El recambio, por cierto imprescindible, que abrió Lionel Scaloni en la selección, retrata el escenario. Cuando se los menciona a Lo Celso, Lanzini, Paredes, Pezzella, Mammana, De Paul, Rulli, Simeone, Ascacibar o Cervi… se está hablando de Betis, West Ham United, Zenit San Petersburgo, Fiorentina, Udinese, Real Sociedad, Stuttgart, Benfica… El segundo escalón de Europa. O el tercero. El mundo se aleja. A veces hay un océano, y otras un desierto.

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