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MAR DEL PLATA.- Vale la pena que la historia se empiece a contar en primera persona, como un relato cronológico. "Sólo tengo 20 años, pero me pasaron muchísimas cosas en la vida... Por miedo a que River le ganara de mano, San Lorenzo me llevó a vivir a una pensión a los 14 años. Nací en Santa Rosa, La Pampa, y tuve una infancia dura, con una familia muy humilde. Mi vieja (Liliana) jamás me pidió un peso, siempre me apoyó. Cuando hablábamos por teléfono nunca me decía nada cuando pasaba algo grave para que yo no me desconcentrara. Nunca me llamó para decirme nos estamos c... de hambre, algo que era verdad. Mi vieja trabaja en un comedor para chicos y era así. No nos decía nada con tal de no preocuparnos."
Roberto Oscar Cornejo, de piel morocha, estampa fibrosa, y hablar veloz, surgió como uno de los talentosos pibes de la renovada versión de San Lorenzo que se adjudicó el Pentagonal de Grandes. Ahora la vida lo ilumina, pero no la pasó bien: su padre, Pepe, perdió la vida cuando él tenía 10 años y eso marcó sus días.
Toto, como lo apodan afectuosamente sus compañeros, debutó en el Ciclón el 25 de noviembre de 2001, ante Central, marcando un gol. A partir de allí, el hábil futbolista actuó algunos partidos más en primera e imprevistamente desapareció del mapa futbolístico porque el DT Ruben Insua no lo tuvo en cuenta.
"Sentí cosas muy feas. Cuando debuté tenía a todo el mundo alrededor, me llamaban al celular y me mareé un poco. Hace dos años ni figuraba, jugaban todos menos yo. Llegaba a mi casa y lloraba, me sentía mal. Había perdido la confianza, la gente que estaba a mi alrededor se fue. Se me acercaron muchos por interés. Me sirvió para entender que de un plumazo puedo estar arriba o abajo."
¿Insua le dio alguna explicación? Cornejo lo explica: "No, como persona es buen tipo, respetuoso. Como técnico nunca me llenó, nunca tuve una charla o una indicación. En un momento se lesionaron Acosta, Astudillo, Frutos y Cordone y tampoco jugué. Ahora recuperé el ánimo gracias a la confianza de Pipo Gorosito. Sé que debo trabajar el doble para que el técnico siga confiando en mí", admite.
Cornejo siente el fútbol con pasión; para nada lo toma como un trabajo. Sus pinceladas con el pie zurdo entusiasmaron a más de uno. "El día de mañana, cuando tenga que dejar el fútbol, no sé si podré. Es algo que amo. Lo siento en la piel. Veo una pelota y me embobo . ¿Los caños? Me encanta tirarlos o hacer jugadas típicas del fútbol de salón. Uno trata de demostrar en primera por qué llegó ahí y no veo mal que los pibes nuevos intenten esas jugadas. A algunos les molesta, pero el fútbol es así. Solamente trato de que mis compañeros, el técnico y mi familia se conformen con lo que hago."
El último viernes, ante Boca, el entrenador azulgrana le prestó a Cornejo sus botines, número 39. El pampeano marcó el gol del triunfo 1 a 0 e instintivamente corrió a abrazar al DT. "En el plantel hay muchos chicos, hay una competencia muy sana. Ninguno se debe enojar porque juegue el otro. Pipo sabe más que nosotros, nos aconseja y nos motiva. Estaré agradecido eternamente a Pipo porque me devolvió la confianza", repite Cornejo, que en su pecho tiene tatuado los rostros de sus padres. El autor del dibujo fue un tal Marcelo, el mismo que trabajó sobre la piel de Leandro Romagnoli.
Toto, que durante sus ásperos días de niño paseó su destreza por el Club Atlético Santa Rosa, contribuyó con dos tantos para el primer título del conjunto de Boedo en 2004. "Sirve para ganar seguridad. El objetivo es ponernos a punto para el torneo. Gorosito nos dijo que desde el más pibe hasta Michelini iban a jugar en primera y eso es bueno porque empezamos todos de cero. Se está formando un buen plantel y tiramos para el mismo lado. Es más, si hay un problema nos juntamos y lo arreglamos entre todos. Estoy convencido de que vamos a dar pelea en el Clausura."
Cornejo, un audaz que sueña con ser feliz con poco, apenas tratando biena la pelota.




