Sobre la hora Central le ganó a San Martín y le mete presión de Boca

Argentina Primera (Anual) Fase de grupos
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Rosario Central

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San Martín de San Juan

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Con un gol agónico de Alejandro Donatti, el Canalla se impuso por 2-1 ante los cuyanos; Franco Cervi anotó primero para el local y Facundo Pumpido lo hizo para la visita
Pablo Casazza
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12 de abril de 2015  • 00:16

Central festejó en el último suspiro ante San Martín
Central festejó en el último suspiro ante San Martín Fuente: FotoBAIRES

ROSARIO.- No tiene intenciones de ceder terreno Rosario Central. Allá arriba, en lo más alto de la tabla de posiciones, acomoda sus ganas y se sostiene con fuerza. Esta tarde-noche sacó de la galera una victoria que le garantiza tranquilidad en la semana. El triunfo ante un inofensivo San Martín, de San Juan , tuvo argumentos válidos en diversos pasajes; se le escapó por errores propios y de su director técnico Eduardo Coudet , y recuperó la sonrisa cuando quizá menos lo merecía. Con el justo triunfo 2-1, sigue invicto y su gente se fue feliz.

Coudet, el ídolo canalla y actual entrenador, le impuso su sello, que pasa por la intensidad con la que juega ("Central es un equipo que va a buscar siempre", aseguró tras el partido) y la presión alta sobre el rival. No dudó desde el principio en hacerlo valer, para al menos dominar territorialmente el césped del Gigante de Arroyito. De allí nacieron incluso las aproximaciones más claras del local, con presión, quite y ataque vertical, casi sin elaboración.

El Chacho Coudet vive el partido a mil y contagia a sus jugadores. Claro que ese vértigo permanente termina jugando en algún momento en contra, porque no hay pausa, no hay traslado acertado del balón, no hay precisión. Por eso, San Martín, que llegó con el plan de planchar el partido para intentar sumar, logró por pasajes su cometido. Allí el canalla se desteñía, porque Musto y Nery Domínguez peleaban más de lo que jugaban; Cervi no tenía interlocutor; Delgado no entraba en sintonía y Aguirre era una tromba con poca inteligencia. Así, Ruben quedaba aislado. El buen arranque se había diluido y el beneficiado era el equipo sanjuanino.

Pero fue suficiente que Ruben -una enciclopedia de movimientos exactos de un delantero goleador- apareciera en toda su dimensión para asistir a Cervi, que con un toque sutil batió a Ardente . Ambos le pusieron color y grito desaforado de gol a la tarde rosarina. Incluso, pudo aumentar cuando en "otra pintura" congeniaron el Chelito Delgado y el goleador, pero esta vez Ardente ganó el duelo.

Central mostró lo mejor en el comienzo del segundo tiempo. Velocidad, precisión, pase, desmarque, ambición sin apuro. Merodeó el área rival, desbordó por los costados, amenazó el área con Ruben. Pero no definió y, de pronto, casi como en el primer tiempo, se olvidó de jugar. A priori, los cambios de Coudet frenaron al equipo. Cedió pelota y terreno y San Martín, que mantuvo como única virtud no perder la línea, se animó en el campo pero fue inofensivo en el ataque. Hasta que en una combinación soberbia, Navarro, con una asistencia de 35 metros, le dio la chance del empate a Pumpido , que con un cabezazo soberano marcó el gol. Un ataque a fondo, un gol. Nada hacía prever ese desenlace.

Central se perdió mas aún, porque hizo del desorden su bandera. Coudet se fue explusado por discutir con el árbitro Silvio Trucco y el partido entró en un cono de sombras, descontrol, a pedir de los visitantes. De hecho, una fuerte acción de Niell sobre Iberbia mereció la tarjeta roja; todo un síntoma de ese final turbulento.

Pero restaba un último episodio, uno de esos capítulos que dejan una marca anímica más que futbolística. Alejandro Donatti pudo rescatar a su equipo de lo que habría significado el cuarto empate consecutivo. Allá por el minuto 49, saltó mas que todos e, incómodo, metió un cabezazo esquinado que sorprendió a Ardente y cambió lo que era una frustración por delirio. Coudet, más en el papel de hincha que de director técnico, entró a la cancha a gritar el gol y a desahogarse como pocos. La punta del campeonato, momentánea, sigue paseándose a la vera del Paraná.

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