Superliga: San Lorenzo jugó mejor, tuvo un penal y dos tiros en los palos, pero empató 2 a 2 con Central

Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
Fernando Vergara
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17 de agosto de 2019  • 19:37

Emociones mezcladas son las que vivieron de antemano San Lorenzo y Rosario Central en el Nuevo Gasómetro. El Ciclón, en la semana en la que celebró los cinco años de la conquista de la Copa Libertadores. Con Néstor Ortigoza como emblema y goleador en aquella definición de 2014, hoy en las filas canallas. El volante, ovacionado, se llevó una plaqueta de recuerdo. Sobraron los abrazos en la previa y a unos cuantos se les cayeron algunas lágrimas. Al rato nomás, el partido vibró al ritmo de los goles: el 2-2 divirtió a todos, en uno de los duelos destacados de la tercera fecha de la Superliga.

Aunque en el arranque la alegría le duró al Ciclón lo que un suspiro. En las primeras dos aproximaciones al arco de Nicolás Navarro, Central convirtió dos goles. Primero, a los 11, el elenco de Diego Cocca elaboró una buena maniobra desde el mediocampo, que terminó con un cabezazo de Claudio Riaño tras un centro de Nahuel Molina. San Lorenzo sintió el cachetazo. Sufría con los envíos cruzados mientras Bruno Pittón no se asentaba en el lateral izquierdo. Y en una ráfaga, los canallas ampliaron la diferencia. A los 21, esta vez la pelota atravesó toda el área de izquierda a derecha y Ciro Rius sacó un disparo cruzado que colocó el 2-0.

Los goles del partido

"Movete, Boedo, movete." bajaba de las tribunas, con los hinchas azulgranas fastidiosos. El gol de Fernando Belluschi, a los 22, llegó como un bálsamo para los locales. El ex volante de Newell's -que hasta ese entonces se mostraba impreciso- remató de zurda, cruzado, y levantó al Nuevo Gasómetro. A esas alturas, el compromiso ya era muy entretenido. El tándem conformado por Gerónimo Poblete y Lucas Menossi -de lo más destacado en el breve ciclo de Juan Antonio Pizzi- apuntalaba a San Lorenzo. Jamás le escaparon al protagonismo.

Pero todo lo bueno que había hecho Adam Bareiro de espaldas a la defensa rival lo tiró por la borda en cuestión de segundos. Fue una situación similar a la que pudo verse en varias ocasiones en los últimos tiempos. Le sucedió a Nicolás De la Cruz en River y a Jan Hurtado en Boca. Una mezcla de displicencia, repiqueteos, frenos, amagues. y un penal que el atacante paraguayo picó y se fue muy por encima del travesaño, en cámara lenta. La bronca de los simpatizantes del Ciclón por esa acción era visible.

El penal que falló Bareiro

Bareiro picó la pelota en el penal, y se le fue arriba del travesaño.

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Lo cierto es que al primer tiempo, de trámite cambiante, no le faltó nada. Hubo una catarata de emociones. Cuando los esquemas se apartaron de la previsibilidad el encuentro se volvió decididamente abierto y entretenido. A los 41 minutos Pittón rozó un centro de Belluschi y marcó el 2-2. Un empate a puro grito. El defensor, de cara a una de las plateas de San Lorenzo, elevó sus manos en un claro gesto de pedido de perdón. Las distracciones en los primeros dos goles de Central mucho tuvieron que ver con la floja tarea de la última línea azulgrana. Al rato pudieron redimirse con dos oportunísimas puñaladas.

Más allá de los errores, algo es notorio en este San Lorenzo de Pizzi. Hace circular la pelota con profundidad, busca opciones por los costados y cuenta con jugadores desequilibrantes y de desplazamientos veloces. Ya era otro el semblante del equipo en el segundo tiempo. Con empuje y decisión, los de Boedo sumaban méritos para abrazarse al triunfo. No era la noche de Bareiro, que a los 7 estrelló un cabezazo en el palo. Central, atrevido, no se refugiaba en el fondo y proponía un ping-pong. No se dieron tregua. Por lo general, el partido se jugó en las áreas y el medio fue una zona de tránsito veloz.

Bareiro patea el poste, después de haber fallado un penal.
Bareiro patea el poste, después de haber fallado un penal. Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

La ambición y los errores se confabularon para que el compromiso siempre resultara entretenido. También hubo tiempo para el debut de Oscar Romero, uno de los hermanos paraguayos que llegó a San Lorenzo y despierta ilusiones. En algunas pinceladas dejó entrever el talento de su pierna zurda.

El vértigo fue el principal protagonista de la noche en el Nuevo Gasómetro. San Lorenzo buscó el éxito, Rosario Central no se quedó atrás. Los dos mostraron una vocación ofensiva que mantuvo a la gente siempre pendiente de lo que pasaba en la cancha. Fue intenso, emotivo, con disputa. Cerca del epílogo, Perrito Barrios, en una excelente maniobra individual dentro del área, tuvo la victoria en sus manos, pero el palo se lo negó. En el desenlace el esfuerzo ya se había sentido.

Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

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