San Lorenzo se fue de la Copa, tras vivencias únicas e inolvidables

El campeón y su temrpano adiós de la Copa
El campeón y su temrpano adiós de la Copa Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
El Ciclón quedó al margen del certamen continental en la primera rueda,tras perder 1-0 con Danubio; el último campeón tiene por delante una etapade reconstrucción y renovación; todos los esfuerzos apuntarán al torneo local
Andrés Prestileo
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23 de abril de 2015  • 00:31

Pasarán algunas semanas antes de que la melancolía se desvanezca, pero para la gente de San Lorenzo y para la historia del club estos 252 días habrán sido un tiempo irrepetible. Los cánticos del final lo certifican. Más allá, incluso, de que alguna vez el Ciclón regrese a la cima de América, porque la primera experiencia tiene un sabor único. Ése fue el lapso durante el cual se extendió el reinado azulgrana en el continente, desde aquel histórico 13 de agosto de 2014 en el que el Ciclón le ganó 1-0 a Nacional de Paraguay hasta anoche. Lo recordó, durante ocho partidos de este año -los seis de su paso por el Grupo 2 de la Libertadores y los dos perdidos con River por la Recopa Sudamericana-, un distintivo dorado en el torso de la camiseta. En medio de todo, aquella final con Real Madrid por el Mundial de Clubes dejó la satisfacción de haberse codeado en un nivel tan alto con un gigante planetario y algún tinte de insatisfacción por la derrota y la forma de afrontar ese partido.

De alguna forma concluye un ciclo, aunque la dinámica futbolística del club seguirá adelante mientras continúe siendo marcada por Edgardo Bauza . El fin del sueño de repetir el título continental fuerza la oportunidad de volcar todos los recursos en el plano local, que lo mantiene en un lugar protagónico. Liquidada la tercera parte de este especial torneo de Primera División , San Lorenzo está en el pelotón de punta y eso es un buen impulso teniendo en cuenta, además, que algunos de los competidores más fuertes -Boca, River, Racing- seguirán por ahora atendiendo el frente continental.

Pero la lectura se vuelve más compleja cuando se examina la sustancia futbolística del equipo. De lo que ocurra en los próximos partidos dependerá que recrudezca esa mirada crítica sobre los planteos de Bauza, más híbridos que conservadores, poco propensos al riesgo ofensivo, aunque tantas veces eficaces y por lo cual, para muchos, defendibles.

Edgardo Bauza lamentó el pronto adiós
Edgardo Bauza lamentó el pronto adiós Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

La eliminación de anoche le quita a este entrenador que lleva casi un año y medio en el club de Boedo la posibilidad de exponerse de nuevo en el terreno en el que forjó su fama de eficiente: los choques de eliminación directa.

Este año, la Copa les propuso a él y a San Lorenzo un grupo extremadamente difícil y su cosecha quedó en deuda, pero en 2014, el sufrimiento hasta último momento no se condijo con los antecedentes de sus adversarios. Lo mejor del Ciclón afloró después, en las cuatro series -con Gremio, Cruzeiro, Bolívar y Nacional- en las que puso en juego un aplomo y una eficacia dignas de respeto. Más que un estilo definido, ésas fueron las virtudes que lo encumbraron. Bauza no tendrá ahora oportunidad de revalidar ese oficio personal y esa experiencia en la Copa por la que el club de Boedo lo fue a buscar.

Entonces, otra vez el ojo se pondrá sobre los esquemas, la actitud colectiva, los rendimientos individuales. Y los resultados. El material de que dispone el entrenador no es nada malo dentro del medio local: al plantel de San Lorenzo se lo suele señalar entre los mejores de nuestro fútbol. Lo que hasta aquí no se ha dado es una prestación colectiva a la altura de ese potencial del que se tiene consideración.

Lo que viene

Bauza necesita potenciar o afirmar algunos puestos y nombres propios. Si hay un indiscutible en el afecto de los hinchas es Leandro Romagnoli , pero a los 34 años y tras una trayectoria que le maltrató considerablemente el físico, el Pipi necesita laderos y reemplazantes confiables. Para eso tendría que levantar Barrientos , de 30, y que en su intermitencia sigue lejos de reproducir lo que aportó en otras épocas y de ser el conductor ofensivo que se necesita. Quizá cabría esperar más oportunidades para un pibe de 20 como Cavallaro , poco utilizado hasta ahora.

El Ciclón también necesita que jóvenes como Villalba o Verón progresen en la medida en que prometieron sus apariciones. En el medio, el pibe Quignon (21 años) despunta al lado de hombres con oficio como Ortigoza , Mercier y Kalinski , pero le hará falta rodaje. Que el estado de gracia que le concedió la conquista de América haya concluido aquí marcará algo en el ánimo del Ciclón, pero las obligaciones y los desafíos sólo cambian de nombre.

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