San Pablo-River, por la Copa Libertadores: el equipo de Gallardo volvió bien, pero lo condenaron dos goles en contra y terminaron 2-2

Borré celebra su gool, el del 1-1 parcial. River empató contra San Pablo en el Morumbí.
Borré celebra su gool, el del 1-1 parcial. River empató contra San Pablo en el Morumbí. Fuente: AFP
Juan Patricio Balbi Vignolo
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17 de septiembre de 2020  • 20:57

Pudo haber sido mejor porque lo mereció y estuvo cerca de ganarlo, pero al final debió conformarse con la igualdad. En un partido cargado de intensidad, River igualó frente a San Pablo por 2 a 2, en un partido correspondiente al grupo D de la Copa Libertadores 2020, en lo que significó la vuelta a la competencia para el equipo de Marcelo Gallardo. Así, ambos marchan en la segunda ubicación, con cuatro puntos, mientras que Liga Universitaria de Quito lidera con seis unidades.

Comenzó perdiendo, pudo recuperarse y darlo vuelta, pero finalmente San Pablo se lo empató y con una particularidad: los dos tantos del equipo paulista fueron en contra, por intermedio de Enzo Pérez (el 0-1) y Fabrizio Angileri (el 2-2 definitivo). A favor, marcaron Rafael Borré y Julián Álvarez.

River mostró su ADN

Pase largo de Angileri. Pivoteo de Borré de cabeza. Pase filtrado de Suárez. Centro atrás de Álvarez. Definición de Borré. En cinco toques, y exactamente ocho minutos después de sufrir un gol, River desplegó en el Morumbi frente a San Pablo todo el ADN del ciclo de Marcelo Gallardo como si estuviese en el Monumental. La templanza, la autoridad, el coraje y el sacrificio de siempre en un momento que nunca pensó vivir. Después de 190 días sin fútbol, dominó el partido a su gusto y dio vuelta el marcador, pero terminó 2-2por esos dos goles en contra. Pudo haberlo ganado, pero el punto tiene un sabor especial y le abre un panorama interesante a futuro.

El equipo de Marcelo Gallardo volvió a jugar luego de 190 días
El equipo de Marcelo Gallardo volvió a jugar luego de 190 días Fuente: Reuters

Tan solo durante los primeros 10 minutos pareció que River no iba a poder hacer pie en Brasil tras más de seis meses de parate por la pandemia de coronavirus. Pero las inquietudes e incógnitas se fueron apagando muy rápidamente. No hubo lugar para temores, desconfianzas o desasosiegos. Todo se acomodó tras el cachetazo con fortuna del equipo paulista: un remate de Reinaldo que se desvió en Enzo Pérez puso el 1-0 a los ocho minutos. Pero la palabra decaer aparece muy poco en el diccionario de este equipo.

El golpe pareció acomodar las ideas del Millonario. Lejos de doblegarlo, lo hizo más fuerte. Otra marca registrada: para noquear a River se necesitan varios golpes, aunque esté contra las cuerdas y no parezca tener respuestas. Darlo por muerto antes de tiempo es correr un riesgo innecesario, al punto tal que parecía que se llevaba el triunfo cuando Álvarez marcó un merecido 2-1 a los 35 minutos del complemento. Pero, tres minutos después, otro desafortunado gol en contra (Angileri) le impidió sumar los tres puntos. Dos accidentes que no opacaron la actuación general.

Atrás quedó el 3-3-2-2 de comienzos de año: Gallardo planteó un 4-3-3 para contrarrestar el mismo esquema de San Pablo. Apostó a una incesante presión a la salida para ahogar al rival. Asoció sus líneas con conexiones precisas siempre que pudo. Adelantó a los centrales para jugar cerca del único volante central Enzo Pérez. Y sostuvo un gran ritmo físico con intensidad, vertiginosidad, recuperación y movilidad. Así, el equipo del Muñeco se recuperó y aplastó todas las preguntas iniciales con las ideas de siempre. Su estilo futbolístico ya es un clásico, pero no parece tener fecha de vencimiento a corto plazo.

San Pablo festeja el gol del empate definitivo, anotado por Angileri, en contra.
San Pablo festeja el gol del empate definitivo, anotado por Angileri, en contra. Fuente: Reuters

Tres minutos después del 0-1, Álvarez ya había exigido al arquero Tiago Volpi con un buen remate de media distancia. Luego, la jugada del gol de Borré para el 1-1 a los 17 minutos no hizo más que confirmar lo que ya se estaba empezando a brotar en el terreno de juego: en ningún momento se notó que River no jugaba desde marzo y que San Pablo tenía encima 13 partidos de recorrido desde julio y está peleando los primeros puestos del Brasileirao. Otra máxima del ciclo: no parece haber terreno, rival o contexto que lo achique. Siempre sale decidido a hacer lo que le corresponde. Jugar y combatir. Hasta el final.

Ni siquiera la lesión de Lucas Pratto y las partidas de Juanfer Quintero y de Ignacio Scocco fueron un limitante frente a un plantel sin demasiado recambio en ataque. Al contrario, la presencia del juvenil Julián Álvarez fue fundamental en el engranaje colectivo y en el resultado. Además de asistir a Borré en el 1-0, el delantero de 20 años marcó el 2-1 tras un gran pase de Martínez Quarta en una pelota que quedó boyando en el área.

Álvarez sonríe después de su gol.
Álvarez sonríe después de su gol. Fuente: Reuters

Tampoco faltó lugar para las apariciones fundamentales de Franco Armani, otro eslabón fundamental. En el inicio, le ahogó el gol a Hernanes. En el final, sostuvo el 2-2 con una segura atajada frente a Igor Vinicius. Y aunque Javier Pinola pudo ganarlo de cabeza en el cierre, River dejó una imagen muy positiva en su excursión exprés a Brasil. Dio la talla, sacó a relucir todas las credenciales que lo sostienen en lo más alto del fútbol sudamericano y demostró que sigue intacto para dar pelea. Hasta cuando no juega un partido por más de seis meses.

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