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El otro pibe, el niño maravilla, es campeón del mundo y por dentro se pudre de angustia y dolor. Un vacío más grande que todo el mar de noche. ¿No era así la felicidad?” Dice la leyenda rockera de Actitud Sospechosa...
Son las primeras horas de la fría madrugada del último domingo por las sombrías calles de Chacarita. La entrada al pintoresco Centro Cultural Gargantúa, en Jorge Newbery al 3500, se completa con gente que va y viene, eufórica, expectante. Una larga y blanca escalera de mármol desemboca en una amplia habitación. El vozarrón de Omar Mollo (líder de MAM y hermano de Ricardo, de Divididos) se destaca entre las carcajadas de los músicos de Actitud Sospechosa, la prometedora banda rockera –con derivaciones de reggae y funk– donde disfruta tocando la guitarra el Rifle Fernando Pandolfi, luego de su retiro del fútbol profesional.
Falta cerca de una hora para que comience el show. Amigablemente, invitan a LA NACION a ser uno más, a acomodarse en un holgado y desordenado sillón, entre guitarras, púas y cables... Cada vez falta menos para que suban al escenario y la ansiedad crece. “Imagino que este momento será parecido a jugar un River-Boca”, se ríe El Pana (apodo que, según él, le puso Diego Maradona “hace muchos años” en un asado organizado en un club de Devoto), baterista y el más extravertido de todos. “¡Pero miralo a Fer...! Está retranquilo”, dice.
“Fer” es Pandolfi, que está recostado sobre otro sillón, con el rostro distendido. Se lo nota feliz, orgulloso por haber colgado los botines “para siempre”, a pesar de sus jóvenes 28 años. “Acá, en la música, se hace un esfuerzo mayor que en el fútbol, donde llegaba al vestuario y tenía los botines lustrados, la camiseta y las medias dobladitas... Tenía todo al alcance de la mano. Pero ahora peleamos permanentemente por salir adelante. Juntamos plata entre todos para llegar al último peso que nos sirva para sacar el disco (“Rockable”, la placa debut de la banda de Caseros, que aparecerá próximamente), pero este esfuerzo es más disfrutable, es otra cosa... Tocar con amigos es muy bueno”, cuenta el Rifle, sin querer acordarse demasiado de los domingos en que regalaba su fineza técnica, cuestionada injustamente más de una vez.
“Las letras las escriben Tincho (cantante) y Fer que, la verdad, tiene mucha facilidad para escribir”, confiesa Bobby, el saxofonista. “¿A qué le apuntamos con los sentidos de las canciones? Uno pretende llegar a la gente con las cosas que nos pasan, que siento, las broncas, las injusticias”, dice Pandolfi. Y justamente hay un tema, llamado “Soy así”, y que el Rifle describe como su “espejo”, que clarifica sus sentimientos. “No será fácil, pero llegará; El día del cambio, tendré que animarme (...) Gambeteando escapé a la amargura; Para reír en vez de llorar (...) Tratando de ser feliz y sin miedos, yo viví (...) Pero las cosas se toman en serio; Y en algún punto, tendré que parar; Para asentar la cabeza y pensar; Cuál es el cielo que quiero mirar”.
“Ahora disfruto más la vida, sin duda. ¿Sabés qué pasa? Me pasé diez años de mi vida encerrado, con horarios, concentraciones y ahora puedo disfrutar a mi hija, Kiara (tiene tres años), cuando se me da la gana. No me arrepiento de haber sido futbolista, pero hay técnicos que no saben nada y se equivocan cuando encierran a los jugadores una semana para un partido sin importancia, o los hacen ver diez mil videos. Lo mejor para un jugador es descansar rodeado de la familia. Hoy soy un privilegiado porque puedo hacer lo que me gusta, sin preocuparme por el dinero, y trabajo en algo que realmente me gusta”, afirma Pandolfi, quien fue uno de los pocos que recibió uno de los libros “Yo soy el Diego”, de manos de Maradona.
El 23 del mes último, en el cuarto y último show de Los Piojos en el Luna Park, Pandolfi, amigo de la banda liderada por Andrés Ciro Martínez, subió al escenario, frente a unas diez mil personas, y participó en el clásico Around and around/Zapatos de gamuza azul, y el público piojoso lo ovacionó. “Fue como el sueño del pibe. Antes del show, Ciro me preguntó si iba a hacer un solo de armónica o de guitarra y yo, sorprendido, le dije ‘dale que te sigo’. (Se ríe) Tenía unos nervios terribles, cuando escuché cómo sonaba mi guitarra en ese lugar fantástico se me puso la piel de gallina”, comenta, ahora con mayor calma, el ex futbolista de Vélez, Perugia y Boca.
“Es que cuando uno toca se olvida de todo; es verdad, se te pone la piel de gallina”, señala Pelu, el bajista. “El fútbol y la música tienen pocas cosas en común, pero una es la pasión con que se vive cada cosa. Pasa que el ambiente del fútbol argentino es muy sucio, cada vez más. Los jugadores, hoy están muy pendientes de la plata y hay muchos que son caretas, que se quieren vender todo el tiempo a cualquier precio y eso me da, y siempre me dio, mucho, mucho asco... Entonces, por eso digo que no me arrepiento de haberme retirado. Muchos amigos futbolistas me llamaban para convencerme, pero supieron entenderme. Sé que podría haber jugado más tiempo al fútbol, incluso, hace poco tiempo recibí ofertas de clubes de afuera, pero ya no vuelvo más, nunca más. Este ambiente, el de la música, es mucho más limpio, amigable”, expresa Pandolfi, con seriedad, dando por terminado todo tema que roce lo deportivo. Pero antes, deja una última frase con franqueza, con la elegancia que lo caracterizaba en el campo de juego: “Hoy soy más feliz que antes, cuando jugaba profesionalmente. Hoy me divierto con mis amigos de la banda, con los chicos de Los Piojos... Esto es lo mio”.
La hora de las palabras se acabaron. En el interior del Centro Cultural Gargantúa las luces se apagan. El calor aumenta; la humareda espesa de los cigarrillos asciende. Los aplausos son cada vez más fuertes, no se interrumpen. Todo está listo, aparecen los músicos y la gente explota. Ahí va él, el Rifle, que con una sonrisa enorme se cuelga la potente Fender; el show comienza. Y Pandolfi se pierde entre la magia de la música, con satisfacción... Es que ya se dio cuenta cuál era ese cielo que quería mirar.
El ex futbolista Carlos Pandolfi, padre de Fernando y actual secretario de Futbolistas Argentinos Agremiados, respondió ante la consulta sobre la decisión de su hijo. “Fernando es mi hijo y, como tal, lo voy a apoyar en todo lo que haga. Quiero lo mejor para él, así que no tengo que decir más nada”, señaló Pandolfi padre.



