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Es de noche en la casa familiar de los Beccacece. Son tres contra uno: de un lado Patricia y las nenas, Agustina (12) y Victoria (5); del otro sólo él, Sebastián, que a fuerza de argumentos laborales inclina la balanza. Y sí, en la tele se termina poniendo un partido de fútbol. “Me sale, no es que me siento obligado a mirar todo el tiempo. Un cruce de Copa en el que juega algún jugador citado o que estamos viendo, o uno del campeonato local... Ellas ya están acostumbradas”, sonríe, consciente de que eso que le sale fácil no lo es tanto para ellas, a esta altura acostumbradas a que el vínculo que une a este muchacho –que ayer cumplió 37 años– con el fútbol es imposible de anestesiar.
Pasaron casi 15 años desde aquella vez que se subió a un colectivo en Rosario y se bajó en Lima 24 horas después para convertirse en el asistente técnico de Jorge Sampaoli en Sport Boys. Poco tiempo atrás los había presentado Claudio Vivas en una escenografía bien leprosa, como Beccacece y el ayudante de Marcelo Bielsa: el bar El Paso, ubicado a pocas cuadras del Parque de la Independencia. El camino que iniciaron en 2003 los llevó después por otros clubes de Perú, Ecuador, Chile y las selecciones chilena y argentina. En el medio, Beccacece tuvo su propia experiencia como entrenador principal en la U de Chile y Defensa y Justicia, con finales diferentes. Hasta que Sampaoli volvió a tocarle la puerta, y el Chepa, apodo juvenil de las calles rosarinas, no lo pensó: “Si un hermano te necesita... Me dejé llevar por esa sensación”.
–Como buenos hermanos, ¿también se pelean?
–¡Por supuesto! Yo creo mucho en la diversidad de pensamiento, si fuésemos todos uniformes no habría lugar para la creatividad. Pero creo que en cierto lugar el rango debe ser bastante vertical, al final él toma la decisión y el ayudante soy yo.
De su fanatismo por Newell’s guarda admiración por Llop y Scoponi, un dato que llama la atención si se advierte que en esa época también jugaba un talentoso como Tata Martino, por ejemplo. Es que ya entonces Beccacece se detenía en los rasgos vinculados al liderazgo, los que encarnaban aquel central y aquel arquero. Adentro de la cancha fue un lateral derecho “limitado”, que soñó con ser delantero pero no le dio. A los 16 años dejó de jugar, después de haber pasado por los clubes rosarinos Lavalle y Juan XXIII. Después del secundario se volcó a la carrera de profesor de educación física, de la que salió recibido y de novio con la que hoy es su mujer. Cree, aunque le cueste decirlo, que un día el círculo se cerrará cuando dirija a Newell’s.

Durante la charla con LA NACION cita a Bielsa repetidamente. El mismo al que dos veces le dijo no cuando recibió la propuesta de ser su ayudante de campo, por lealtad a Sampaoli. Con el tiempo mutaron ambos, él y su jefe: se formaron como rabiosos bielsistas y después quedaron encantados con el Barcelona de Guardiola que revolucionó el fútbol. Empezaron a abrir la cabeza y a entender el valor de los matices. Al propio Pep lo conocieron en una gira de Chile por Europa en 2013. “Él es el gran estratega y Marcelo tiene el don del entrenador. La unión de ambos sería lo máximo: ese manejo del campo que tiene Marcelo, que hace todos los jugadores que dirigió reconozcan que los hizo mejores, y un genio como Guardiola, que en 10 minutos descifra un partido antes de jugarlo”, los junta en el elogio.
Guardiola dice que Bielsa es el mejor, y Bielsa dijo hace unos meses que Jorge es mejor que él, se le recuerda: “Bueno, si lo dicen ellos...”, se ríe, quitándole entidad a esos comentarios. No se le escapa que esas palabras de Bielsa también marcaban cierta distancia: lo que el viejo maestro le marcaba a Sampaoli era su capacidad de adaptarse, algo que él jamás se permitiría.
A cada rato vuelve sobre lo mismo: la pasión como respuesta a todo proyecto que le pongan delante. Está convencido de que ése es el mayor capital que alguien puede tener, por más que haya que googlear su apellido para escribirlo bien.
–¿No hay espaldas más grandes que otras? ¿Simeone con su historia no va a tener más espalda que ustedes si en el futuro toma a la selección?
–Sí, tres partidos más. Por cómo se vive hoy, ganar o perder termina siendo determinante, hay que aceptarlo. Nos encanta hablar de proyectos, pero terminamos aceptando que vivimos semana a semana. Debemos apuntar al ideal, pero nos invade una realidad de urgencias. Eso sí: si estoy en un lugar pensando que mañana me voy a ir, no estoy. Mientras dure el amor, que sea el amor de tu vida.

