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La abuela Nélida no entendía cómo su nieto podía ser tan desarreglado con la ropa ni tan desprolijo con su aspecto. Hasta que un día lo trató de linyera. Ni se imaginó que en ese momento acababa de bautizarlo para siempre. En Tandil no pregunten por Mauro Camoranesi. El es El linye . El del barrio Villa Laza, el hijo de Juan y Cristina, el que fue a la escuela 42, el hermanito de Marisa. Su historia comenzó como la de cualquier otro atorrante que se la pasaba pateando en los potreros hasta la noche. Con el primo Rafael... y con el Ruso, Cacheta, Mauro y Omar. Esos amigos que hoy se mantienen incondicionales.
Un tipo común, buenazo y enemigo de la exposición pública. Pero un tipo raro en el mundo del fútbol, con un recorrido muy particular. Mauro nunca jugó ni un partido en la primera división de la Argentina, porque sólo pasó por Banfield y el Nacional B. El que empezó a formarse un nombre en México; el que sobrevivió al descenso de Verona para saltar -casi como un desconocido- nada menos que a Juventus. El mismo Camoranesi que hace siete años jugaba en el torneo Regional para Aldosivi y ahora, a los 26 años, defenderá la camiseta del seleccionado italiano.
Las vueltas de la vida son increíbles. En agosto de 2002, cuando Juventus le compró a Verona en la irrisoria suma de 2.800.000 euros -más la cesión de Massimiliano Vieri, hermano del goleador Cristian- el 50% del pase de Mauro, LA NACION conversó con él. ¿Comunitario o extranjero?, se le preguntó. "Me nacionalicé acá porque me lo pidieron los dirigentes de Verona, no porque me interesara. Después estuve investigado como todo el mundo, pero el gobierno me dio el OK de que todos los papeles estaban en regla" , contó. Esos papeles en regla, además de no haber jugado jamás para la Argentina, le permitirán al entrenador Giovanni Trapattoni citarlo el próximo sábado y debutar en la azzurra el 12 del actual, en Génova, en un amistoso ante Portugal. Y pensar que la doble nacionalidad la sacó por compromiso.
El pasaporte comunitario lo consiguió a través de sus bisabuelos paternos, oriundos de Potenza Picena, en la provincia de Macerata. La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) chequeó que todo estuviese bien y después Trapattoni tomó la palabra. La primera llamada telefónica a Camoranesi para ponerlo al tanto de su interés -entusiasta por cierto- fue el 12 de diciembre último. Desde ahí creció una novela con muchos misterios. ¿Por qué se dilató la decisión? Porque el volante derecho tandilense esperó hasta último momento la convocatoria de Marcelo Bielsa. El quería jugar por la Argentina. Confió hasta la lista para el amistoso con Holanda, del próximo 12, y como no figuró... Su ilusión de estar en Alemania 2006 sólo tenía una alternativa. Entonces, aceptó la única propuesta que le acercaron. Porque, además, ni Bielsa ni nadie cercano al cuerpo técnico o de la AFA jamás se comunicó con él.
El director general de Juventus, Luciano Moggi, con la aclaración de que el jugador lo había autorizado, el domingo último confirmó que Camoranesi jugará por Italia. Reticente a hablar del tema, hace unas semanas, Mauro se limitó a comentar: "Italia es uno de los países más importantes del fútbol mundial y para mí sería un honor vestir la camiseta azzurra. Este país me hizo famoso y me ha dado la oportunidad de ser alguien en el fútbol. Soy argentino pero no me considero un traidor si me pongo la camiseta de Italia ". Todo al mismo tiempo que crecían los elogios en la península. "Indispensable"; "La gran sorpresa de la temporada"; "Pequeño genio", "Profesor", "La última estrella de Juventus", escribieron La Gazzetta dello Sport y La Repubblica.
Admirador de Zinedine Zidane, y de Angelo Di Livio en su puesto, en aquella nota con LA NACION Mauro confesaba que era hincha de River y que alguna vez le gustaría jugar en el club de Núñez o en Independiente. Claro que su vida ha dado varios vuelcos. Con 15 años se probó en Ferro, pero dejaron de hacerle lugar en la pensión. Entonces, iba y venía de Tandil... hasta que su técnico en las inferiores, Miguel Micó, le aconsejó que no valía la pena hacer tanto esfuerzo. Pero la historia de Mauro Camoranesi no iba a terminar ahí.



