El "tapado" Suárez y el "shock" de Borré: cómo se reavivó la chispa de River, tras el inicio menos efectivo del ciclo Gallardo

Rafael Santos Borré y Matías Suárez, socios del gol para el triunfo de River ante Lanús 3-0
Rafael Santos Borré y Matías Suárez, socios del gol para el triunfo de River ante Lanús 3-0 Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Juan Patricio Balbi Vignolo
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6 de agosto de 2019  • 08:57

Matías Suárez y Rafael Borré aparecieron ante Lanús para empezar a equilibrar la balanza. Es que, antes del último fin de semana, con tan solo dos goles en cuatro partidos, la nueva temporada de River había arrancado siendo la menos efectiva del ciclo Gallardo. La cifra nunca había sido tan baja en el inicio de un semestre y se explica a partir de dos aristas: el bajón en la generación de juego, lo que derivó en la creación de menor cantidad de situaciones de gol y una alarmante falta de efectividad. El plano desfavorable se rompió con el 3-0 del domingo en el Monumental.

River recuperó la memoria y ganó tras una serie de cuatro empates. Una victoria que se apoyó en el poder de fuego de sus delanteros, los que en el semestre pasado marcaron cerca del 50% de los goles -26 de las 53 conquistas en 27 partidos- y quienes ahora buscan estar a la altura para mejorar aquella marca. "Tengo cinco delanteros de primer nivel, de una jerarquía que es difícil de encontrar en el resto de los equipos sudamericanos", anticipó el Muñeco en la pretemporada. Pero los goles se hicieron desear.

Gallardo asumió hace más de cinco años, y que a River le lleva un pequeño tiempo ensamblarse en los primero compases no es novedoso. Es más, el director técnico, en los últimos días, se encargó de remarcarlo: "Siempre nos cuesta al principio. Son cuatro o cinco partidos hasta que nos soltamos". Y así fue. En Belo Horizonte, al eliminar a Cruzeiro por penales y avanzar a los cuartos de final de la Copa Libertadores, el equipo mostró síntomas de mejoría que se confirmaron anteayer en el Monumental, con lucidez ofensiva.

Matías Suárez y Rafael Borré fueron dos de los puntos más altos del equipo, haciendo trabajar y lucir al arquero Agustín Rossi. Y sus actuaciones reivindicaron varios de los conceptos que el técnico pretende de sus delanteros: fueron solidarios y comprometidos, presionaron la salida con intensidad, aprovecharon la técnica para asociarse al juego colectivo, se vistieron de asistidores y lo más importante: revivieron la chispa goleadora.

Suárez volvió a demostrar porqué Gallardo lo eligió a los 30 años -ahora tiene 31- para potenciar el ataque, algo que logró con creces en el "mayor desafío de su carrera", tal como describió la incorporación al club en enero pasado. Lleva 10 goles en 23 partidos -12 como titular- y alcanzó la cifra que logró en sus 67 juegos durante el segundo ciclo en Belgrano (2016-2018); además, consiguió al menos diez festejos en un año, un número que le era esquivo desde 2013, cuando jugaba en Anderlecht, de Bélgica.

Ante Lanús no solo celebró un doblete y le cometieron un penal, también enseñó sus diferentes virtudes técnicas para definir en el área: acumula cinco tantos de derecha, cuatro de zurda y uno de cabeza. Esas credenciales fueron las que lo llevaron a destacarse entre 2008 y 2016 en el fútbol belga, con 67 goles en 239 partidos que alimentaron los ocho títulos y un apodo que demuestra la idolatría que logró: "El Mágico". No fue una rareza que lo despidieran con honores cuando volvió a Belgrano, hace tres años.

"Estuvo mucho tiempo en Europa y en muy buen nivel, pero no tenía la prensa que tienen otros jugadores. A mí siempre me gustó y observaba que seguía siendo un jugador de calidad y jerarquía. No dudé y creo que él estaba en un momento en el cual sabía que era un desafío muy grande y no se lo quería perder, más allá de que tenía su corazón en Córdoba", reconoció Gallardo sobre el cordobés, que había desatado su último grito el 30 de mayo ante Athletico Paranaense, en el 3-0 que sirvió para levantar la Recopa.

Activo, sereno, preciso, pensante para jugar, Suárez demuestra toda su categoría en cada toque. Se mueve por todo el frente de ataque, cumple su rol de pivote cuando la acción lo exige y es el primer defensor al momento de recuperar la pelota. Con los goles olvidó el estigma del penal fallado ante Cruzeiro, en el 0-0 en el juego de ida de la Copa Libertadores; era el designado para patear el quinto en la serie que se definió en Brasil.

Ante Lanús, el Monumental también volvió a ver al viejo Borré, renovado tras el shock de confianza que le generó definir con su penal el pase a los cuartos de final de la Copa. En un semestre en el que estuvo lejos de su mejor versión, el colombiano no marcaba de forma oficial desde el 3 de mayo, en la aplastante victoria 6-0 sobre Aldosivi, por la Copa de la Superliga. Además de los altibajos en su rendimiento, también estuvo errático frente al arco rival, con tres goles en 23 juegos.

Para el colombiano, pieza fundamental en la estructura y en la idea de juego de Gallardo, el gol es mucho más que el 23ro en los 83 juegos que lleva en Núñez. Necesitado de seguridad y ánimo, los dos recientes espaldarazos logrados podrían ser una lavada de cara para volver a ser aquel delantero que sorprendió el año pasado y resultó clave para la conquista de América.

Mientras tanto, el prometedor Julián Álvarez sigue moldeando su camino, con destellos desde el banco; el esencial Lucas Pratto afronta un reacondicionamiento físico tras dejar atrás la lesión en el sacro y volvería ante Racing, mientras que Ignacio Scocco regresó en la Reserva para tomar ritmo, ya recuperado de la lesión en el gemelo derecho. Así, Gallardo puede volver a sonreír por la reivindicación de sus "cinco delanteros de primer nivel", los que buscarán impulsar las ilusiones de River en una temporada extensa y en la que el Muñeco los necesitará a todos al pie del cañón.

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