Tabaré Viudez, la cara nueva que busca su propia consagración

Fuente: EFE
A los 17 años tuvo un arranque explosivo en Defensor, pero recién ahora, a los 25, en River, podría concretar todo lo bueno que insinúa
Nelson Fernández
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22 de julio de 2015  • 23:50

MONTEVIDEO.– Comenzó muy joven en la cantera futbolística de uno de los clubes uruguayos que más apuesta a sus divisiones formativas: Defensor Sporting . Deslumbraba desde entonces con su talento, su habilidad para hacer una gambeta en una baldosa, y fundamentalmente por su velocidad para encarar hacia el arco rival. Y eso, con el componente de capacidad goleadora que reclama cada hinchada. Nació en la primavera de 1989 y llegó al mundo con una carga muy fuerte que sus padres le dieron con los nombres elegidos. La familia Viudez Mora eligió el nombre de "Tabaré" para su hijo, que alude al indio de esta tierra oriental, que protagoniza al poema épico de Juan Zorrilla de San Martín, considerado como la epopeya nacional de este país. Y para que fuera uruguayo ciento por ciento, le pusieron como segundo nombre el del río que dio identidad a esta República: Tabaré Uruguay.

Las señales de la vida. En esa fecha, otro Tabaré, pero en este caso político y de apellido Vázquez, se convertía en el primer hombre de la izquierda local en ganar una elección de gobernante, para ser intendente de Montevideo.

Tabaré Uruguay Viudez quedó con marca nacional. Así llegó al mundo este futbolista que se desarrolló en el club del Parque Rodó, el de la cometa de la farola, el Defensor Sporting; el primero de los cuadros chicos que se hizo gigante rompiendo en 1976 la hegemonía de los grandes, Peñarol y Nacional. Hasta aquel año, sólo ellos habían ganado una copa en el fútbol uruguayo.

Desde chico ya mostraba sus condiciones. Tabaré Viudez debutó con 17 años en ese equipo y tiempo después, a poco más de un año de aquella llegada veloz a la primera división, levantaría la copa de campeón uruguayo, cuando Defensor le ganó las finales ante Peñarol y agregó su cuarta estrella de su historia (1976, 1987, 1991, 2008), además de ser destacado como el mejor del fútbol oriental.

La familia Viudez Mora eligió el nombre de "Tabaré" para su hijo, que alude al indio de esta tierra oriental, que protagoniza al poema épico de Juan Zorrilla de San Martín. Y para que fuera uruguayo ciento por ciento, le pusieron como segundo nombre el del río que dio identidad a esta República: Tabaré Uruguay.

Aquella consagración fue en junio de 2008, cuando Viudez había logrado la mayoría de edad y ya brillaba con su juego, que enloquecía a las defensas rivales. El técnico de aquel botija era nada más ni nada menos que otro uruguayo que vistió la casaca blanca con la banda roja de Núñez: Jorge "Polilla" Da Silva, que jugó en River entre 1987 y 1989, justo cuando nacía Viudez.

Tabaré tuvo su paso por la selección celeste con los juveniles y jugó la Copa Mundial Sub 20 de 2007, en Canadá. Integró una generación de jugadores habilidosos, delanteros potentes, en la que había que ser bueno para destacarse. Quienes siguieron sus pasos en aquél violeta Defensor campeón, recuerdan que las circunstancias no le fueron favorables. Porque cuando todo parecía que se encaminaba a un éxito rápido, la suerte no corrió ese camino.

En agosto de 2008 fue transferido a Milan de Italia, pero no tuvo oportunidad de mostrar sus cualidades. La ilusión que le despertó el pase se transformó en desilusión. Para él, fue como quedar desaparecido para el hincha uruguayo.

En 2009 quedó libre y regresó a Defensor. Y volvió a tener otra chance en la selección uruguaya, en otra Sub 20 para el Mundial de Egipto. Tabaré había cumplido 20 años y pocos días después levantó a la hinchada celeste con un golazo frente a Inglaterra, en el partido debut de Uruguay en aquel Mundial. Fue en el minuto 84 y Viudez fue el héroe del partido. La selección iba con buenas expectativas a esa copa, y aquellos juveniles se clasificaron luego de ese partido ante los inventores del fútbol, después de golear a Uzbekistán y de empatar con Ghana. Pero el sueño de los muchachos terminó en octavos de final al perder 3 a 1 contra Brasil.

Su segunda época por Defensor Sporting no fue buena; el club tenía una expectativa con su retorno, que no se correspondió con los resultados. Y se fue de nuevo al exterior, pero a equipos más modestos que el Milan. El América de México compró su ficha, pero fue cedido a Necaxa. Otro paso sin gloria.

Las canchas uruguayas lo seguían esperando y los dos grandes se lo disputaron para 2010. Terminó vistiendo la casaca de Nacional, donde conoció a Marcelo Gallardo. Y los buenos jugadores saben ver a los buenos jugadores...

Gallardo fue campeón con Nacional como jugador y como técnico. Y fue como entrenador que en aquella época dijo que el chileno Eduardo Vargas y Viudez eran, a su entender, los mejores delanteros que estaban jugando en Sudamérica. Así lo recordaba ayer el periodista Santiago Díaz, que lo entrevistó para Radio El Espectador en aquella ocasión.

Por eso Gallardo insistió tanto por él en los últimos dos mercados de pases y lo trajo de Turquía, donde jugaba en el Kasimpasa. Viudez jugó con las máximas estrellas celestes de hoy, Luis Suárez y Edinson Cavani, en los Juegos de Londres 2012, pero sin suerte.

Sin suerte, con más ilusión que realidad. Así parece haber sido la carrera de Viudez, pese a tener tres copas uruguayas, una con Defensor y dos con Nacional, con la falta de una oportunidad para terminar de potenciar su talento como delantero. Quizás ahora en River dé vuelta la página.

En Uruguay la lupa volvió a estar sobre él, ahora que en el horizonte cercano está la final de otra Copa Libertadores y su gran actuación frente a Guaraní, en su debut con la camiseta de River. El uruguayo de doble nombre uruguayo espera que, en breve, desde la tribuna millonaria se derrame ese canto que se ha hecho tradicional de las hinchadas argentinas a un futbolista de estos lados. El grito que nació con Walter Gómez, también en River: "¡u-ru-guayo, u-ru-guayo!".

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