Tigre-Lanús: con un gol de Sand de penal, el Granate sacó más ventaja en Victoria

Argentina Primera (Transición) Fase de grupos
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El Granate amplió a 7 puntos la diferenicia con Estudiantes, el segundo en la Zona 2; ganó por 1-0 con un gol de Sand, de penal
Ariel Ruya
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2 de mayo de 2016  • 18:14

Tigre vs. Lanus
Tigre vs. Lanus Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

La belleza, en el fútbol, es el arte de ganar con un estilo refinado. Toque, rotación, creatividad, goles. Cabeza levantada, respaldo a un compañero, pincel y acuarelas. La táctica al servicio del espectáculo, la fórmula de la gambeta, de la audacia, del compromiso con el juego. Lanús es -o era- todo eso. Con su bandera, que sigue flameando en las alturas, a una distancia sideral con el resto de sus camaradas -le lleva siete puntos a Estudiantes, su apichonado perseguidor, se encamina a la finalísima-, supo ser un equipo de culto durante las primeras fechas.

Los goles de Sand , la gambeta de Acosta , la velocidad de Mouche , la picardía de Román Martínez , la sorpresa de Gómez, la contención de todos. Una creación colectiva fabulosa, ideada por Jorge Almirón , que solía empezar con la pelota en los pies de Monetti , el arquero y, siempre con el balón por el piso, crear historias mínimas de abajo hacia arriba. De derecha a izquierda. Pases cortos, largos, sorpresa, criterio. A Lanús había que verlo de pie, para aplaudirlo. El tiempo, sin embargo, lo transforma todo. O casi todo. El equipo granate -el que sigue siendo el mejor, con cierta distancia, del resto de los aspirantes-, ahora aprende otros atributos del juego maravilloso. Piensa, trabaja, sufre. Corre, hasta acabar con la última gota de sudor, con la lengua afuera. En parte, le encontraron la vuelta. En parte, suma una tendencia peligrosa de bajas inquietantes.

Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

El indispensable -sufrido, al borde de no ser merecido, por el esfuerzo descomunal e ineficaz de Tigre- triunfo por 1 a 0, en Victoria, con otro penal de Pepe Sand -esta vez, sí hubo falta, de Janson sobre Acosta-, descubre otras facetas del noble y querible conjunto del Sur. Se puede ganar -ya son seis triunfos en serie- con otros conceptos básicos del juego. Con tantos contratiempos, la belleza queda a un costado. Es reemplazada por el coraje, por la guapeza, por el aprendizaje del sufrimiento. Porque encontrar otras figuras, como el caso de Monetti, el arquero, es fundamental para respaldar la estructura, cuando las bajas y las dudas descolocan la estantería.

El choque contra Tigre se presentó con una dosis de incertidumbre. Marcone y Román Martínez, suspendidos, Mouche, tocado, en el banco de los suplentes, Braghieri lesionado durante el espectáculo y, al rato, expulsado José Luis Gómez, el lateral y revelación del torneo. ¿Cómo hace un equipo, aún siendo el mejor, para reinventarse sobre la marcha? Un escenario complejo, en el que, al menos, sobrelleva con un triunfo al filo, por una infracción evitable en el área. Pepe no falla (casi) nunca: 12 goles en 13 partidos es una marca espectacular.

Y cómo corre, cómo se mueve, como un pibe que apenas comienza, para fabricarse espacios en el vacío, tan lejos del área. Es el ejemplo en el que se reflejan otros, como Laucha, como Pelletieri, como actor secundario. Como Ayala: el paraguayo es el jugador número 12. Así juega, con la garganta del tablón. Primero, como número cinco retrasado; más tarde, como improvisado lateral derecho. Ese es el espíritu colectivo de Lanús, otro sello distintivo de Almirón: entender el concepto global de equipo, de la suma de las partes.

Pudo haber empatado: Tigre, con ventaja numérica y conceptual, cerró los ojos cada vez que debió definirlo. El arco es suficientemente grande frente a tanta presión ofensiva, sobre todo, la que desprende en los minutos finales. Acorralado, contra su propias cuerdas, Lanús juega ese otro partido que lo hace aún más grande. No todos los equipos, bellos en determinado tiempo, saben reacomodarse a los nuevos bríos. Las bajas, las lesiones y suspensiones, a algunos los toman de sorpresa, los derriban de un suspiro. Lanús, de pronto, se acomodó al campo de batalla. Si hay que laburar, agarra el pico y no se le cae un sólo anillo. Sabe que hay tiempo de sobra para el arte.

"Esta vez supimos sufrir, pero la entrega de todos fue excepcional. Es emocionante verlos. Era clave ganar. Y hubo grandes actuaciones, sobre todo la de Monetti".

El gol de Sand

Por: Ariel Ruya

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