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Cuando Fernando Marín, el coordinador de Fútbol para Todos , vuelva a verse en un tiempo con Whit Richardson y Víctor Gugo Roldan, el presidente y el jefe de legales de Turner Latinoamérica, ojalá todo siga así. Que si se reúnen cerca de la decimoquinta fecha, por ejemplo, también suceda lo que sucede ahora, en la novena, así Marín puede recitarle a la empresa estadounidense que quiere comprar los derechos de nuestro fútbol el slogan que esta nota descubrió: que la liga argentina es la que mejor promedio de gol tiene en el mundo. La leyenda es incómoda para el logo de las transmisiones, pero para fijar el precio de venta quizá pueda ayudar.
La Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol rankea todos los años a los torneos de cada país. En 2015, los ocho primeros fueron –en este orden– el de España, Italia, Alemania, Argentina, Francia, Brasil, Inglaterra y Portugal. Aunque en Europa rocen ya las 30 fechas y sólo vayan nueve acá, en el campeonato que lideran Lanús y Godoy Cruz hay un promedio de 2,84 goles por juego, un poco más que el 2,80 alemán, el 2,74 portugués y el 2,73 español. Brasil, en un promedio entre los estaduales que ahora se juegan, está octavo, con 2,41. Para desactivar rápidamente una de las primeras dudas del lector, se aclara: a esta altura, la Bundesliga, la Superliga y la Liga de las Estrellas también estaban debajo de la nuestra. En nueve fechas promediaban 2,52, 2,57 y 2,06.
Hay algunas sorpresas cuando se revisan las estadísticas de cada liga. Que en sólo dos de las ocho los equipos que más goles metieron son líderes o ya salieron campeón, por ejemplo, es una: el Benfica –que con 2,71 tantos por partido es el tercer equipo con mejor promedio de Europa, rival en cuartos de final del Bayern de Guardiola en la Champions League– lo es en Portugal, y el PSG, con 2,53, en Le Championat. Salgamos rápido de las obviedades, porque si el Benfica es el tercero en Europa es porque los dos primeros son, como siempre, Barcelona y Real Madrid. En la Argentina manda –grita– el Racing de Milito, Lisandro, Romero y Bou, que tiene 2,44 goles por partido. El de mejor diferencia de gol (+12) es uno de los líderes: el Lanús de Almirón.
Más que los números, las comas confusas y el slogan que Marín puede ofrecerle a Turner, lo interesante es preguntarse por qué el fútbol argentino se desató. Es el 12° torneo que se juega en la década, y hace nada más que dos años, en el Transición 2014 que ganó el Racing de Cocca, que tuvimos al más goleador: 2,58 tantos por juego. Facundo Sava arriesga una teoría que puede andar: un buen porcentaje de técnicos ha sido dirigido por Bielsa, además de que casi todos quieren copiar al dibujito animado que los fascinó entre 2008 y 2012, el Barcelona futurista de Messi, Xavi, Iniesta y Pep.
"La influencia que hemos tenido no sólo de Guardiola sino de la época de Rinus Michels o Cruyff o de esta escuela holandesa, adoptada por el Barcelona, es muy fuerte –le ha dicho Sava a Goal.com–. Ojo, de cosas de Mourinho también. O de Juan Manuel Lillo o de Sampaoli o de Bielsa. Hay un antes y un después de Bielsa en el fútbol argentino. Modificó la estructura del juego acá: nos enseñó que se podía presionar, jugar mano a mano atrás, trabajar específicamente cada línea, llegar con mucha gente al área. Generó muchas cosas que yo no las había visto, salvo en la escuela holandesa".
El dato bielsístico es letal: diez de los 30 técnicos que comenzaron el torneo han sido dirigidos por el Loco y/o han reconocido que algo –generalmente la presión, la obsesión ofensiva– le quieren plagiar. Sebastián Méndez, líder con su Godoy Cruz, los Vivas (Claudio, ex ayudante en la Selección, que estaba en Banfield, y Nelson, escolta con Estudiantes de la Zona 2), Mauricio Pellegrino, Marcelo Gallardo, Darío Franco, Diego Osella, Ariel Holan (que trabajó con Matías Almeyda, otro poeta que avanza con los ojos abiertos hacia el abismo), Christian Bassedas y Guillermo Barros Schelotto, quien en una entrevista que en 2010 le concedió a LA NACION aportó otro nombre clave para entender este show. La voz ronca, el bigote poderoso: Ricardo La Volpe es el otro nombre del show.
"Este Lanús juega casi igual que el Atlas de La Volpe, aquel equipazo que en el ’99 se enfrentó en la Libertadores al River de Ramón", le revela a canchallena Jorge Almirón, volante central del entonces subcampeón mexicano. "Todavía hoy le copio cosas, fue el equipo en el que más disfruté jugar. Lanús es muy parecido", insiste, por si alguien no leyó bien. El mismo Guardiola ha escrito en una columna que tenía en el diario El País durante el Mundial 2006 que se había encantado por cómo tocaban los equipos de La Volpe ("Salir jugando", se titula la nota) y que cuando él fuera entrenador intentaría algo así. En aquel Atlas también jugaban Diego Cocca, quien antes de mutar en el Mourinho racinguista evangelizaba por este fútbol, y Pablo Lavallén, el técnico del sorpresivo San Martín de San Juan. "Mis ganas de dirigir empezaron cuando llegué al fútbol mexicano. Allá vi otro estilo de fútbol y además tuve como técnico a La Volpe, quien me pareció distinto a todos", recuerda también Lavallén.
La electricidad de Bielsa, la tenencia hipnótica de La Volpe, la ópera de Pep. Los goles no suceden porque sí. El egocéntrico fútbol argentino ha renacido en las mentes de otras ciudades, otro país.
Jorge Sampaoli, campeón de América con Chile, es otro gurú. Sava asistió a una clínica que dio en Santiago, Almirón llamó para conocerlo y lo fue a visitar al Pinto Durán. Mientras dirigía a Palestino, Pablo Guede estuvo cerca de trabajar con él.
"En el mundo, el fútbol es un espectáculo. En la Argentina sólo importa ganar", le ha dicho el técnico de San Lorenzo, antes del campeonato, a La Nación. En el México lavolpista que nos influye sucede justamente eso: el espectáculo, los nachos, la cerveza y el gol. Si incluyéramos su liga en esta lista estaría segunda, con 2,81 goles por partido, con la alemana (2,80) ahí nomás. Hasta el descenso, más que fantasma, es ahora una sábana blanca, no mucho más: cinco de los ocho mejores equipos de la temporada –Godoy Cruz, Atlético Tucumán, Huracán, Arsenal y San Martín de San Juan– tenían el promedio en rojo antes de empezar. "La única manera de que Atlético se quede en Primera será jugando como lo hicimos en el Ascenso, buscando permanentemente el arco rival", arenga Juan Manuel Azconzábal en una entrevista con DeporTV. Al cierre de esta edición, en Atlético no jugaban -todavía, al menos- Rooney, Agüero o Bale.
Hace cinco años, el Boca de Falcioni fue campeón invicto. Cada vez que los hinchas y la prensa le reclamaban un juego que no los sedara tanto, el técnico contestaba: "Si no les gusta, que cambien de canal". Después de que le fuera mal en Quilmes, el Emperador ha vuelto a un fútbol en el que muchos técnicos eligen que sus equipos también compitan contra sí mismos. La meta: elevarse, mejorarse. Una apuesta a la excelencia, además de ganar.
En la 9ª fecha (que cerró ayer con el 4-0 de Lanús a Unión y el 1-0 de Gimnasia LP a Quilmes) hubo un promedio de 2,87 goles por partido. En cuatro de las ocho anteriores se habían convertido más de tres por encuentro: la 2ª, 5ª, 6ª y 8ª. Esta última, la 8ª, es la más goleadora del campeonato: 3,47.
De los 135 partidos jugados, en más de la mitad (73 juegos) hubo, mínimo, tres goles. Nueve veces se empató 0-0 y el 1-0 fue el resultado que más se repitió: 22 veces.
Siete equipos garantizan una afonía de más de tres goles en sus encuentros. En los de Racing hubo 4,66 tantos, y en los de Colón, 3,88. Con un poco más de 3,5 por partido están Defensa y Justicia, Vélez, Quilmes, River y Newell’s.
Transición 2014. Lo ganó el Racing de Cocca. Fue el del mejor promedio: 2,58.
Apertura 2011. Fue campeón el Boca invicto de Falcioni, que metió 1,31 gol por partido. En el torneo hubo un promedio de 1,98, el más bajo de la década.
River 5-1 Quilmes – 1ra fecha
Unión 3-6 Racing – 6ta fecha
Argentinos 1-5 Defensa y Justicia – 6ta fecha
Atlético Rafaela 3-6 Racing – 8va fecha
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