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La violencia originó la rivalidad. Un feroz enfrentamiento entre los barrabravas de Vélez y Nueva Chicago, en 1980, y la cercanía geográfica entre Liniers y Mataderos le dieron al encuentro un formato de clásico, según la particular óptica de los hinchas. Las urgencias de los dos equipos revitalizaron la trascendencia del partido que se jugó ayer en el estadio José Amalfitani: los locales pugnan por una plaza en la próxima Copa Sudamericana, mientras que el conjunto que dirige Carlos Ramacciotti, con un objetivo menos pomposo, intenta permanecer en la categoría. La ajustada victoria de Vélez, por 2 a 1, le permitió mantener las esperanzas al plantel que comanda Ricardo La Volpe, y abrió un interrogante con miras al futuro en la institución de Mataderos.
El desarrollo del cotejo fue apenas discreto, aunque los protagonistas, con varias brusquedades y algunos actos irresponsables, se encargaron de calentar el clima. El final fue escandaloso, con escenas de pugilato en el trayecto que separa la cancha con los vestuarios, y con simpatizantes enardecidos que rompieron el alambrado y arrojaron butacas.
A pesar del violento desenlace, el comienzo del espectáculo fue alentador. Una grosera distracción de la defensa local le posibilitó a Filomeno abrir el marcador, cuando apenas se jugaba el primer minuto. La reacción de Vélez se demoró, aunque Balvorín, con un preciso remate de cabeza, igualó el score a los 25 minutos del primer tiempo. Con la paridad en el resultado surgieron los primeros roces, y el árbitro Daniel Giménez no tardó en determinar las expulsiones. Broggi le cometió una falta a Zarif, que reaccionó y le aplicó un puñetazo en el vientre al defensor. "Fue una irresponsabilidad, lo reconozco, pero el árbitro, que después me pidió disculpas, no observó un pisotón que me dio Balvorín", sostuvo el capitán del conjunto de Mataderos, a modo de descargo.
El segundo tanto de Vélez, tras un remate de Escudero, la figura del encuentro, reavivó las asperezas. Los futbolistas de Chicago, decepcionados por la derrota, equivocaron el camino y abusaron de las faltas. El principal blanco de los foules fue Escudero, que primero fue increpado por Donda, luego esquivó una patada de Filomeno, y por último recibió un duro golpe de Martínez, que fue expulsado por la violenta agresión. En el instante en que Giménez sancionaba a Martínez se generó un tumulto entre el resto de los jugadores. Manotazos, empellones, discusiones, y Escudero siempre como el principal objetivo de las persecuciones.
El final no sólo desató el festejo de los jugadores de Vélez, también provocó la ira de algunos futbolistas de Chicago. En el trayecto que va desde la cancha a los vestuarios, Mariano Campodónico agredió al juvenil Javier Robles. El delantero de Chicago también intentó golpear a Broggi, que reconoció el incidente, aunque pretendió minimizarlo.
"Hay un par de p... que hay que poner en su lugar. Se creen que juegan en Milan y no tienen ni 30 partidos en primera. En el primer tiempo, Escudero no la tocó, y cuando se pusieron en ventaja empezó a tirar caños. Se la pasó hablando, nos cargaba", manifestó Filomeno, en el vestuario. "No entiendo el enojo de algunos jugadores de Chicago, porque si creyeron que los estábamos sobrando están equivocados. Perdiendo, empatando o ganando, jugamos siempre igual", fue la respuesta de Escudero.
Los incidentes continuaron en las tribunas, donde hinchas de Chicago rompieron un alambrado y arrojaron butacas. La caótica situación fue controlada por la policía, que impidió que los exaltados continuaran con los destrozos.
La violencia entre las hinchadas generó la rivalidad, aunque ayer fueron los protagonistas los principales responsables de las agresiones.
Con la victoria de ayer, Vélez amplió aún más su diferencia sobre Chicago. En primera división jugaron 12 partidos, con 8 victorias del Fortín, 3 empates y un solo triunfo de Chicago en el Metropolitano 1982 por 3-2, en Mataderos.
Tres minutos después de la expulsión de Zarif, Donda chocó con Méndez y cayó lesionado. Cuando los auxiliares de Chicago entraron para atender al volante, Navarro Montoya trató de impedirlo para que el Torito no se quedara con nueve jugadores.
El hambre de gol del delantero Lucio Filomeno parece no tener fin. En los últimos seis partidos que jugó en Chicago, Filomeno anotó igual cantidad de conquistas; sólo en la 15» fecha ante Godoy Cruz no anotó.


