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En un momento voló el pizarrón. La mejor táctica fue el corazón. Claramente fue una definición que la Argentina ganó con el plus anímico, con la convicción de no haber dado nunca por perdido el partido pero también por tener la lucidez para encontrar los caminos para revertirlo. Sigue mostrando detalles para corregir y no todos los cambios de Lionel Scaloni parecieron correctos (más allá de la reacción), pero quizás la mayor virtud del entrenador haya estado en un cambio ofensivo para jugar desde el inicio: el ingreso de Leandro Paredes en lugar de Thiago Almada.
A priori, la modificación de características debería reflejar un esquema más cauteloso porque ingresó otro volante central en lugar de un enganche desequilibrante que aporta gambetas de delantero y llegada al gol. Sin embargo, el armado de la selección -como venía jugando hasta ahora- no sólo no veía la mejor versión de Almada -al margen de sus sacrificios defensivos para no dejar en banda a Nico Medina o Tagliafico, quienes jugaron como laterales izquierdos ni sus pases a Messi para intentar atacar por adentro- sino que condicionaba a Enzo Fernández y Alexis Mac Allister a que no puedan llegar a moverse donde mejor lo hacen: cerca del área rival.

En el esquema 4-4-2 que eligió Scaloni para disputar este Mundial no había un volante central fijo y definido, se repartían la función entre Mac Allister y Enzo Fernández, con mayor porcentaje para el futbolista de Liverpool. Pero donde desequilibraron y marcan la diferencia es de tres cuartos en adelante, no sólo para filtrar pases sino también para llegar a posición de gol. Todo equipo necesita un 5-táctico que ordene y tenga el rol definido. ¿Enzo Fernández y Mac Allister pueden jugar de 5? Claro. ¿Eran las mejores alternativas en función de lo que se estaba viendo de la selección? No. Porque además, todo el ataque quedaba condicionado a una falta de sociedades ofensivas que sobreexigía la dependencia de Messi y corría demasiado de sus ejes de centrodelanteros a Lautaro Martínez y Julián Alvarez.
Paredes se inició como enganche (como la mayoría de todos los mediocampistas de esta selección) pero fue el que más materias fue aprobando durante los últimos años para transformarse en 5. Todos los jugadores tiene su ego y más si son campeones del Mundo. Paredes en la actualidad es figura de Boca y en un partido complejo como el de este martes, que no se podía abrir en corto porque chocaban contra el muro egipcio, tenía herramientas para ser uno más de los que agarrara la lanza y vaya al frente, para sumar claridad en los metros finales y guapeza para agarrar rebotes ofensivos y rematar de media distancia. Tenía un montón de argumentos más que Cuti Romero para lanzarse al ataque, pero es capaz de mantenerse en un segundo plano en pos de que los demás se sumen y hagan. Paredes jugó un gran partido, además de ser el típico jugador que, si tiene que cometer una infracción táctica que podría rozar la expulsión, lo va a hacer porque no busca cuidar su “quintita”. Se juega la vida, deja todo para que brillen los demás. Ve el fútbol con mirada colectiva y eso pudo parecer invisible en el ritmo frenético del partido, pero no lo fue.

La jugada que valió como un gol fue a los 90 minutos 15 segundos, cuando recién transcurrían los primeros instantes de los 7 minutos adicionados por el árbitro francés Francois Letexier. Con todo el equipo volcado en ataque, Paredes levantó la cabeza y vio cómo Egipto aceleraba hacia él (y el arco de Dibu Martínez) en un contraataque de 4 vs. 2 comandado por el recién ingresado Marmoush, aunque el único que estaba de frente para marcar y recuperar era Paredes. Un quite magistral, quirúrgico con el botín derecho sobre el 22, y manteniendo la posesión. Lisandro, Mac Allister y todos los demás corrían de atrás.
La jugada puntual del quite, el mediocampista casi que la tomó con naturalidad: “Mis compañeros me dijeron después del partido y cuando la volvía a ver me resultó gratificante, pero estoy para ayudar al equipo”.
En los cuatro partidos que Paredes lleva jugados en el Mundial tocó 688 pelotas, y dio 334 pases (de los cuales 318 fueron buenos). El ingreso reacomodó el medio con De Paul por la derecha, Enzo Fernández más suelto como doble 5 y Mac Allister ubicado en la izquierda; arriba Messi con Julián Alvarez. Ni De Paul ni Mac Allister tienen recorrido para ser volantes externos, pero sí para cerrarse y darle mayor circulación del balón por los pasillos interiores.
Con Paredes en el eje, sin dudas sobre quién quedaría como el táctico más retrasado, empezaron a llegar todos los demás (al área rival): a los 9 minutos ya se notó su ingreso porque hubo un pase filtrado de Mac Allister a De Paul que posibilitó el ataque al espacio de Enzo Fernández como centrodelantero. Y a los 18 minutos, Enzo Fernández, jugando más adelantado, le filtró una gran pelota a Nicolás Tagliafico que terminó en el penal que luego el arquero le desviaría a Messi. A los 27, un centro de De Paul desde la derecha encontró a Mac Allister cabeceando en el punto penal, pero generando otra gran intervención del arquero. Un lanzamiento largo de Paredes cambiando de frente fabricó la la chance más clara para Julián Alvarez: Tagliafico recibió el muy buen pase del volante de Boca y metió un gran centro para Alvarez: otra vez el arquero Shoubir apareció para mandar la pelota al córner. La mayor expresión de ese cambio se vio con el golazo de cabeza de Enzo Fernández en el descuento, tras el cambio de frente de Lautaro Martínez. La selección ya jugaba mucho mejor con la pelota que en sus partidos anteriores.
Scaloni sigue teniendo cosas para corregir desde el funcionamiento colectivo, pero tuvo razón cuando dijo que -desde el juego- se habían visto mejores cosas ante Egipto que ante Cabo Verde. “Para mí jugamos un fútbol totalmente diferente al del otro día. No fue el partido que más sufrí. Es cierto que estábamos 0-2 y faltaban quince minutos, pero en cuando al rendimiento estábamos bien, estaba tranquilo por cómo estábamos jugando pero no es que tenía la seguiridad de que íbamos a dar vuelta el partido. Hay momentos del partido en donde la táctica y la estrategia se dejan de lado. Vamos y vamos a seguir atacando. Queríamos ganarlo antes del alargue porque estábamos en una inercia positiva y el fútbol tiene estas cosas para el que va ganando 2-0 como para el que va perdiendo y hace el descuento. Después, sí hay detalles que suman. Pero el amor propio que teníamos hoy posó por ahí. No tuve que decirles yo que sigan porque ya lo estábamos haciendo. Por ejemplo. Es inútil decir acá que ganamos porque metí a Lautaro Martínez y estuvo en todas las situaciones de gol. ¿Quién no lo hubiera hecho? Ellos juegan bien y se entienden. Y el fútbol es táctica, estrategia, pero también corazón, instinto y no dejar de empujar hasta que el árbitro no lo finalice".
Cuando Paredes estuvo bien, sin lesiones y con regularidad, Scaloni le hizo un lugar en el equipo. Esto lo había dejado en claro antes del partido, cuando se especulaba que iba a ser titular en esta instancia: “Paredes está disponible y va a jugar. Es simple. No tiene otra lectura. Las veces que Leandro ha dado sensaciones de estar bien, incluso cuando no estaba al 100 por ciento, ha jugado. Ha jugado siempre Leandro. Es un jugador que ya lo conocemos. Estando él en la cancha, el equipo gira de otra manera. El cinco de la mayoría de los partidos ha sido Leandro. Cuando la pelota pasa por él, se distribuye bien, el equipo se encuentra cómodo y logramos llegar a jugadores en otras alturas, con un pase más vertical. Para nosotros es un jugador fundamental”, sostuvo.
Y así fue. Paredes, jugando como 5-táctico, mejoró a los demás, sobre todo a Enzo Fernández y Mac Allister, ya que hizo que los volantes vuelvan a pisar el área rival. Y convirtió un gol haciendo un gran quite, aunque no figure en la planilla oficial del partido.




