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"Fue el momento más feliz de mi vida. Aunque mis días no pasan solamente por el fútbol. Es una pasión, me encanta, pero no estoy todo el día con una pelota de fútbol en la cabeza." Lanza la frase con voz pausada, lejos del ruido de la gloria, cerca del silencio de una clásica esquina de San Isidro. Posa sonriente, suelto de cuerpo, apartado por unos minutos de San Lorenzo, de aquella vuelta olímpica que no se borra de su imagen y de este presente en ascenso, con el inquietante clásico de hoy ante Boca. Se siente más a gusto así Santiago Hirsig, un personaje peculiar dentro del universo futbolero. "Siempre soñé con salir campeón. Desde que me regalaron la primera pelota, pero te repito: no es lo único que me moviliza", cuenta el protagonista de esta historia, un hombre de 29 años, que detrás de sueños de pelota, no esconde una vida que se aparta del común denominador futbolero.
No respira fútbol las 24 horas. Le aburre la PlayStation. Creció entre raquetas. Prefiere el rock a la cumbia. Estudió un par de carreras que sólo la falta de tiempo le privaron culminar. Admira la lectura, el cine y hasta se apasiona con el polo. Hijo de Juan Pedro, un afamado cirujano; debilidad de mamá Nidia; hermano de profesionales apartados de pasiones futboleras -Inés es azafata; Juan Tomás, agrónomo, y Ana, psicóloga-, de algún modo Santiago fue una auténtica oveja blanca . "Desde chico me interesé por los deportes. Tal vez, de la mano de mi papá, que siempre fue un admirador de esas cosas. Es raro haber nacido en una cuna que nada tiene que ver con los deportistas. Puede ser que para algunos sea un bicho raro porque yo nunca sufrí necesidades", cuenta el personaje surgido en una casa de clase media alta, en la que el estudio siempre fue la base del sustento y del futuro. Por eso, se entusiasmó con Ciencias de la Comunicación, en la UBA, con TEA y Deportea y hasta con Administración de Empresas, en la UCES. En todas, el tiempo que le fue ganando el fútbol frustró la sana ilusión familiar.
"Pero siempre tuve el anhelo del fútbol. Jamás tuve que trabajar para ganarme la vida, pero aún cuando hice unos pesos con el tenis, también soñaba con hacer goles", cuenta Hirsig, que recuerda con simpatía, mientras devora un tostado y consume un cortado, aquellos años como instructor de tenis. "Cuando miro para atrás, no puedo creer todo lo que pasó en mi vida. Si hasta estuve a punto de colgar los botines mucho antes de empezar a jugar", explica este valor esencial de San Lorenzo. Lejos del Bajo Flores, sigue con su historia. Ahora sí, bien cerca -y lejos- de la clásica N° 5.
"A los 17, me probé en Boca, eran los primeros tiempos de Macri y no quedé. En esa época, seguía con el tenis en el club Camino Real. Probé suerte otra vez, en Colo Colo, mientras me entrenaba con los jugadores libres. Tampoco quedé. Amé siempre el fútbol, pero con el tenis me iba mejor", advierte Hirsig, la carta de presentación del quite y el juego en el medio campo. Ya con 20 eneros, casi sin fe, tarde para este juego de jóvenes urgencias, Atlanta le abrió las puertas con Anzarda como entrenador. "Fueron pocos meses, pero muy buenos. Y a partir de ahí comencé con la aventura del fútbol. En clubes buenos, aunque no poderosos. Hasta que llegó San Lorenzo a mi vida. Pude irme al exterior, arriesgué mucho. Al principio, me fue muy mal, como a todos. Después, con el título, todo fue una fiesta", cuenta Hirsig, el tipo diferente del juego de la pelota, el padre de Santino, de 5 meses, el marido de Carolina.
De pronto, el juego de la pelota se posa otra vez sobre la mesa. "Si le ganamos a Boca, vamos a sentirnos candidatos otra vez. Mejoramos mucho y estamos vivos", advierte, mezclado en la charla. "Cuando no nos entrenamos, miro el Mundial de rugby. Pero no de ahora, por esta revolución que generaron los Pumas: siempre me gustó ese deporte. Lo que hicieron ya quedó en la historia", se entusiasma.
Lee de todo un poco Santiago. Diarios, revistas, libros. Por el bebe, ya no concurre tanto a los estrenos de cada semana, por eso el DVD es el secreto de tanta cinemanía ahora casera. Cada vez que puede, asiste a recitales, como en el último Quilmes Rock. Roger Waters, U2 y Coldplay son sus debilidades; tanto, como la amistad que formó con algunos integrantes de Ellerstina, el popular conjunto de polo. "En temporada, los voy a ver a Palermo. Y ellos, en la gran campaña de San Lorenzo, venían bastante", señala el hombre sereno, que prefiere tomarse un tiempo frente al espejo antes de salir a la calle, el protagonista, que cuida su imagen más allá de la cancha. Un tipo diferente.
2 goles marcó el mediocampista en el Apertura: ante Tigre (2-1) y frente a Central (3-1).



