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"No soy goleador, pero me la rebusco bastante bien, ¿no?", pregunta, casi sorprendido en el instante de las fotos, cuando la sugerencia lo ubica delante de un pequeño arco. Pinta de buen pibe, clase de gran delantero, se asombra cuando se advierte en la cima de los artilleros azulgranas, con cuatro tantos en el Clausura. "¿Figura y goleador? No, es mentira. No sé si la tocó Caranta o la toqué yo, pero ese gol valió tres puntos. Pasamos un clásico, pero ahora se viene otro durísimo. ¡River!", exclama Juan Carlos Menseguez, el hombre de la tapa del lunes, el chico que, a los 24 años, encontró su lugar en el mundo en este San Lorenzo ambicioso aquí y allá. Surgido en Núñez, como tantos otros. "Sí, va a ser especial porque allá viví muchos años", cuenta el pibe nacido en Villa del Rosario, Córdoba, casi desconocido en el universo futbolero doméstico, ya que River lo transfirió sin saborear su velocidad, su gambeta, apenas días después de archivar la adolescencia. "En Wolfsburgo crecí, maduré, me hice hombre y jugador, todo junto. No soy un experto del alemán, pero siempre me hice entender. Además, tuve de compañeros a varios argentinos, como Andrés (D Alessandro, en la travesía otra vez), Klimowicz y Quiroga. Una linda banda", cuenta, el día después.
Marido de Nadia, padre de Benjamín, de seis meses, no cambia pañales ni hace malabares con la mamadera. "Bueno, sólo cuando es necesario, cuando la mamá no está en casa", dice, con una sonrisa, el personaje que se siente pleno en San Lorenzo, pero que extraña ciertas pautas germanas. "Por ejemplo, el orden, el respeto, el cumplimiento de las reglas por sobre todas las cosas. Estuve casi cinco años allá y cuando volví me sentí extraño."
-Lamentablemente, a veces en la Argentina parece que vale todo. Sufro por la inseguridad. Saber que salís y no sabés si vas a volver. Cuando tenés un hijo, esas cosas las pensás más.
-Sí, pero ojo que la decisión de volver siempre estuvo. Yo sé que muchos no me conocían tanto en la Argentina. Acá soy feliz. Y estaría bueno que copiáramos algunas cosas de allá, como el respeto, los horarios.
En la intimidad, aún se maravilla por las salchichas con chucrut. "Y la cerveza, excelente", se refresca. Deja, por un momento, el recreo de la vida, del pasado, de la intimidad. Se quita el traje de joven de mundo y se coloca el uniforme de figura. De goleador. Aunque tanto cueste creerle. "Estoy contento por todos. Seguimos prendidos en los dos torneos. Ahora viene River. Ahí hice las inferiores, conozco a mucha gente, pero el tiempo es otro."
-¿Es el mejor momento de San Lorenzo en el año?
-Sí. No habíamos empezado bien. Si seguimos de esta manera, yo siento que podemos ganar un título. Podemos ganarle a cualquiera.
-En este semestre, después de la pretemporada, empecé a sentirme bien. Aclaré varias cosas en mi cabeza y siento que puedo aprovechar las oportunidades. Ramón les da confianza a todos. Yo no me siento suplente, nunca me sentí menos que nadie. Y por favor, no critiquen más la rotación. ¡A mí me encanta la rotación, porque si no no juego!
Lanza una carcajada Menseguez. Detrás de los flashes, de su voz, del protagonismo, surge la otra historia, la que pasó entre fantasmas. Por 1.100.000 euros se presentó en el Bajo Flores en agosto último. Pedido por Ramón Díaz, que lo había disfrutado desde las inferiores millonarias, llegó con un pasado reciente como volante en la versión alemana; sin embargo, algunos desgarros inoportunos le recortaron sus posibilidades en el Ciclón.
Hasta que la velocidad y los amagos surgieron en esplendor. Tres goles a Tigre y el brillo contra Boca. Ultimo en irse de los entrenamientos, esfuerzos dobles en el gimnasio, incansables pelotazos a la red. "Los goles eran una presión que me pedía la gente. Hoy estoy bien, puedo hacerlos. Me siento rápido."
-Es un apodo que me pusieron en River, antes de irme a Alemania.
Se incorpora, recuerda el gol una y otra vez, surge a pleno la otra carta brava de Ramón. "Tuve un poco de suerte, pero goleador no soy. Si todavía no sé cómo festejar", bromea Menseguez.

