Vélez fue mejor que Huracán, pero no pudo con el arquero Silva

Agustín Bouzat lucha por la pelota con César Ibáñez.
Agustín Bouzat lucha por la pelota con César Ibáñez. Fuente: FotoBAIRES
Alejandro Casar González
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31 de octubre de 2019  • 16:28

Vélez tuvo demasiados obstáculos en su enfrentamiento con Huracán. Primero, la lesión de Gastón Giménez. Segundo, la titánica tarea de la línea defensiva del Globo: los centrales despejaron todo lo que pasó cerca, y cuando se vieron superados aparecieron las manos, los brazos y hasta las piernas de Antony Silva, su arquero, que se convirtió en la figura del partido. Tercero, Vélez tampoco pudo con los errores de Néstor Pitana, el árbitro de la final del Mundial de Rusia, que ayer dudó como pocas veces.

Vélez tuvo la iniciativa y Huracán tardó ¡una hora! en rematar por primera vez al arco. Pero el conjunto de Liniers estuvo lejos de su mejor versión. En eso hubo mérito de Huracán, que se plantó en el José Amalfitani con el objetivo de llevarse algo. No le importó que el plan contemplara resignar el ataque, ni transformar a Lucas Barrios en el Llanero Solitario. El Globo tenía que rescatar algo, lo que fuera.

Vélez tiene problemas cuando le cierran los espacios. Es un equipo hipertrabajado que domina las diagonales como ninguno, sí. Sabe cuándo debe desplegarse en el campo y cuándo tiene que hacerse un bicho bolita. Cuándo debe acelerar y cuando tiene que congelar el ataque. Posee, además, a Thiago Almada, que en el segundo tiempo se estacionó sobre la izquierda y fue el conductor. De sus pies partió una asistencia a Nicolás Domínguez. Tuvo el gol del triunfo, pero lo evitó Silva. Casi al final, otra vez Almada inventó: pinchó una pelota que viajó de un extremo al otro del área, y Lucas Janson apareció vacío y remató sin dudar, y, otra vez, Silva evitó el festejo local.

Fernando Gago intentó suplir a Giménez, un futbolista al que Vélez extrañará por su trabajo silencioso y por haberse transformado en relevo de sus compañeros. Todos los equipos argentinos deberían tener un Giménez en su plantel. Porque casi nunca falla una entrega. Y porque está casi siempre en el lugar correcto. Gago se encargó del primer pase y, a veces, fue incluso lanzador. Domínguez se adelantó y llegó a jugar como enlace y hasta falso 9. Vélez movió sus piezas y tuvo ambición.

Giménez se retiró lesionado en el primer tiempo.
Giménez se retiró lesionado en el primer tiempo. Fuente: FotoBAIRES

Pero le faltó una jugada. Un estiletazo profundo, como lo había tenido frente a Independiente, por ejemplo. Huracán hizo su trabajo defensivo a la perfección. Es cierto que Pitana lo dejó pegar (César Ibáñez, por caso, debió ser expulsado por segunda tarjeta amarilla), pero el Globo no fue desleal, sino inteligente. Supo desde el primer momento que no le convenía competir con Vélez en un golpe por golpe: habría perdido por KO. Lo suyo era el repliegue y la concentración máxima. "Jugar cada pelota como si fuera la última", como dijo Lucas Barrios. Así hizo su negocio.ß

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