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NARAHA-HIRONO, Japón.– Si Juan Sebastián Verón tenía alguna idea formada sobre lo que representa para él un banco de suplentes, seguramente era muy diferente de lo que se empieza a imaginar desde las últimas horas.
Hasta antes de ese partidofrontera frente a Inglaterra, el de los sustitutos era para la Brujita un sitio que lo podía tener como huésped sólo en el tramo final de un encuentro, al que llega sudoroso y cansado tras haber cumplido un buen trabajo para su equipo.
Bueno, esa perspectiva se empieza a modificar para Verón, que ahora, ante Suecia, iría al banco fresco y sin una gota de transpiración, pero con la procesión interna de que su bajo nivel lo deja afuera de la selección en un momento decisivo.
La ascendente carrera de Verón, con una seguidilla de pases millonarios, la alta consideración futbolística que se ganó en Europa y la consolidación que traía en el seleccionado, sufre un freno en el momento más inoportuno para su condición de jugador-estrella: en pleno Mundial.
Su decepcionante rendimiento ante los británicos –encuentro en el que mostró una dispersión irritante–, sumado al espacio que viene reclamando el buen momento de Aimar, le costó muy caro a la Brujita, que por primera vez en el ciclo de Bielsa sería suplente. Hasta el encuentro de mañana en Miyagi, siempre que el técnico lo tuvo en el plantel fue para darle un lugar en la formación de arranque.
Incluso, el volante de Manchester United casi no conoció lo que es ser relevo durante la gestión anterior, que encabezó Daniel Passarella entre 1994 y 1998. El Káiser lo hizo debutar con la camiseta celeste y blanca la noche del 20 de junio de 1996, en la posición de volante central, en un amistoso que la Argentina le ganó a Polonia por 2 a 0, en Tucumán.
Y la Brujita también gozó de la preferencia de Passarella; se afianzó en la alineación en la segunda rueda de las eliminatorias para Francia ’98 y fue una fija en ese Mundial. Durante ese ciclo sólo dos veces fue al banco, de las cuales una no obedeció a razones futbolísticas: ocurrió el 2 de abril de 1997, en la derrota por 2 a 1 ante Bolivia, en La Paz, donde estuvo entre los sustitutos porque no había completado el trabajo de adaptación a la altura (igual ingresó en el segundo tiempo por Gorosito).
La otra ocasión que le tocó ser suplente se remonta a dos meses y medio después de su debut, el 1° de septiembre de 1996, cuando en el 1 a 1 frente a Paraguay, en el Monumental, por las eliminatorias, sustituyó a Bassedas a los 9 minutos de la segunda etapa.
Esta opaca realidad de Verón se emparenta con su primera y complicada temporada que acaba de cerrar en Manchester, donde su lenta adaptación y desparejo nivel merecieron varias críticas.
Convertido en el pase más alto de la historia de Inglaterra –su transferencia de Lazio orilló los 40.000.000 de dólares–, a Verón le cuesta ser el referente de un medio campo que se mueve al ritmo vertical y vertiginoso de Keane, Beckham y Scholes. Nunca fue un indiscutido, como sí lo había sido en Italia, fuera en Sampdoria, Parma o Lazio.
También era un intocable en el seleccionado, hasta que otro fantasma inglés lo mandó al banco, una ubicación en la que seguramente nunca se imaginó que esperaría su 50° partido internacional.



