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La campera verde y blanca de la marca que viste a Banfield no deja dudas: tiene el número 10 a la altura del pecho. Verde. Grande. El que habla es el cerebro del equipo, el que elabora las jugadas en su cabeza y después las ejecuta. El que toma decisiones para llegar por el camino más corto al arco rival. El que habla es Walter Erviti , un futbolista exquisito que, a los 34 años, sólo se siente libre cuando entra en la cancha. Feliz por su momento y por el estilo que le imprimió Matías Almeyda a su equipo, admite que piensa en el retiro. "Todo lo que rodea al fútbol me provoca rechazo", asegura.
-Parecés una persona tranquila. ¿Nunca levantás la voz, ni siquiera dentro de la cancha?
-En la cancha tomo decisiones: es mi responsabilidad. Siempre, conociendo a cada uno de mis compañeros. Me gusta tanto lo que hago que el tiempo libre que tengo lo uso para conocer a mis compañeros. Los observo jugar al fútbol y veo en qué momento les puedo dar la pelota.
-En algún momento dijiste que después de tu familia, el fútbol era lo más importante que tenías. ¿Sigue siendo así?
-Sí. Disfruto mucho de lo que hago: de todo lo que sucede en el fútbol dentro de la cancha. Lo que sucede afuera, una vez que terminan los partidos, muchas veces me supera. Y me cuesta convivir con eso. No creo en idolatrías, en héroes, en tipos que están por encima del equipo. Pero al entrar en la cancha es cuando tengo más libertad; es cuando más yo me siento. En otros momentos no soy lo que quisiera ser. Cuando entro a la cancha, sí: soy lo que quiero ser.
-Tenés 34 años. ¿Cuánto más Erviti hay?
-Hace tiempo que pienso: "Éste es el último año de mi carrera". Pero me siento muy bien. No soy de lesionarme, completo más del 80% de los partidos por campeonato, tengo un alto porcentaje de presencias en los partidos. Más allá de que tenga un desgaste normal por tanto tiempo que llevo en el fútbol, hay cosas que conviven día a día con el fútbol que no disfruto y me provocan molestia. Por ahí un día me agarra un fastidio grande y considero que es el día que se terminó la carrera, y se terminó.
-¿Qué te fastidia? ¿La violencia?
-Todo me fastidia. Desde que un día pongan a uno como estrella y al otro día lo maten. Todo lo que rodea al fútbol me provoca rechazo. Desde la idolatría a un cierto jugador porque mete la pelota en un arco, sabiendo que ese jugador tiene 10 compañeros más que ayudan a que ése la meta. Hasta la ignorancia que hay para manejarse de ciertos directivos con los jugadores. Esto de que no puedan controlar a las barras bravas...
-Jugar con tribunas vacías...
-Todas esas cosas me provocan mucha lástima. Cuando jugaba con las dos tribunas era un placer. Hoy, no puedo entender esto de ir a una cancha y no tener a tu público. A mí no me cabe en la cabeza que la gente que está capacitada para organizar un evento deportivo no pueda permitir ni siquiera 1000 hinchas visitantes. A nosotros, cuando salimos a la cancha, nos hace bien que la gente esté con nosotros. Pero eso sería lo mínimo. Hay otras cosas: como que cuando vos no le das una nota a un periodista, el periodista deja de ser coherente y empieza a criticarte sin pudor. Como el manoseo que hay dentro del fútbol; la falta de confianza, la falta de transparencia, la falta de lealtad. Hay un montón de cosas que conviven en el día a día que son muy difíciles para mí. Quizás haya otros peces que naden más cómodos en el agua. A mí me cuesta mucho manejarme en este tipo de situaciones, porque intento ser lo más transparente posible. Muchas veces, hay gente a la que no le gusta.
-¿El tiempo y la experiencia te ayudaron a manejar este tipo de cosas?
-Ni siquiera he intentado manejarlas. Muchas veces me han hablado y me han dicho que la vida no es sólo blanco y negro; que a veces también hay lugares donde hay grises. A mí no me interesa que haya grises. En mi vida yo soy blanco o negro. Entonces, cuando me piden que tenga un poco de muñeca para manejar una situación, o que trate de ser políticamente correcto, no comprendo la frase.
-¿Existe lo políticamente correcto?
-Para mí, no. Y no porque lo diga acá, sino porque ya ha quedado demostrado. Si yo hablo con una persona y le digo que las cosas son de una determinada manera, y esta persona me dice que son así y a los cinco minutos sale a decir todo lo contrario públicamente, yo ya no puedo creer. Y a mí no me molesta, después, hacerme cargo de la situación. Porque cuando yo tuve los problemas que tuve en mi carrera, siempre me he hecho cargo, y nunca le echo la culpa a nadie. He quedado marcado en algunos puntos y me he hecho responsable cuando yo no tenía nada que ver. Pero, como yo sé cuál es la verdad, estoy muy tranquilo.
-¿Qué equipos argentinos te gustan?
-No hay uno que rescate como diciendo: "A mí me gusta ésto". Como, por ejemplo, lo que hace Guardiola con sus equipos. Eso sí me gusta mucho, porque es el fútbol que siento. Cuando hay equipos que dependen de un cierto jugador o de dos o tres jugadores para ganar un partido, no lo comparto. No es lo que me gusta ver, pero sí lo respeto. A mí me gustan los equipos como el nuestro, que tienen posesión de pelota, que hacen recorridos, que atacan, que presionan alto, que tienen claras sus virtudes.
-¿Y la selección? ¿Qué te pareció el Mundial?
-Me voy a meter en un quilombo: soy hincha de la selección. Pero si vos tenés un jugador como Messi, que es de lo mejor de la historia, y tu figura es Mascherano, algo mal estás haciendo. A mí me hubiese gustado que el equipo jugara para que Messi fuera el mejor del mundo.
-O sea, que el primer tiempo con Bosnia no te gustó.
-Yo considero que en la primera ronda, octavos y cuartos de final, hemos avanzado porque Messi ha jugado en un gran nivel, individualmente. Después, bueno? mejoraron colectivamente en partidos en los que el rival le propuso? Pero mejoró más en la parte defensiva que ofensiva. El equipo se defendió bien, recorrió bien. No tuvo la claridad para darle la pelota a Messi cuando se la tenía que dar y eso creo que a la selección argentina le complicó ganar el Mundial. Yo hubiese disfrutado mucho de que Messi fuera el mejor jugador del mundo y ganara el Mundial como se lo merece y como creo que todos los argentinos esperábamos.
-Haciendo una retrospectiva de tu carrera, ¿qué ves?
-Me siento muy feliz, muy orgulloso. He sido parte de grandes equipos. He sido campeón en todos los equipos donde he jugado. El único en el que no salí campeón fue Atlante, pero no jugué ni 10 partidos, porque enseguida me volví.
-¿El objetivo ahora es una copa internacional con Banfield?
-Me encantaría. Sería redondear mi carrera. En este club he vivido lo mejor y lo peor de mi carrera.
-¿Lo peor también?
-Sí. Cuando llegué me insultaba todo el estadio, todo el barrio, toda la ciudad. Era el culpable de todo. Seguramente, mi nivel no era el esperado. El equipo no daba lo que tenía que dar y yo me hago responsable. Cuando el equipo no juega bien, es culpa mía. Yo soy el generador de juego; es mi función. Después de un día difícil, en el que los barrasbravas (o hinchas) me habían ido a insultar al entrenamiento, Julio (Falcioni) habló conmigo. Yo le digo: "Julio, usted me tiene que sacar, yo voy a seguir trabajando, no crea que le voy a hacer problemas". Y él me responde: "Quedate tranquilo porque el único que va a jugar en el club vas a ser vos. Siempre vas a jugar conmigo". A partir de ahí mi rendimiento empezó a cambiar. Empezó a mejorar. Siempre se lo reconozco públicamente y en privado. He tenido una gran cantidad de técnicos muy buenos, y con todos he tenido una muy buena relación. Pero con Julio es un caso especial: me equilibró, me dio paz, me dejó jugar. Me hizo un jugador de fútbol. Si él no hubiese aparecido en ese momento de mi carrera, yo quizá no habría ido para arriba, sino para abajo. Me sentí seguro y con él toqué los mejores picos de rendimiento.



