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LA PLATA.- Mario Gallina continúa golpeado anímicamente. Su voz no puede ocultar un tono triste por lo que le ocurre. Suele repetir sin cansarse: "Cómo no voy a estar mal, si nunca imaginé este desenlace abrupto de mi gestión". Nunca se sintió desprotegido a nivel gubernamental. Jamás le faltó apoyo, pero es evidente que no le fue fácil digerir el pedido de renuncia exigido por el gobernador Eduardo Duhalde al cargo de director provincial de Seguridad Deportiva.
Hasta su rostro tiene un semblante adusto. Cada gesto o sonrisa se asemeja más a una mueca que a una muestra se alegría o a un rasgo de simpatía. El no duda en explicarlo. "Nunca me sentí dueño del cargo, pero esperaba que mi relevo fuese de una manera diferente. Sólo quería salir por la puerta por la que ingresé y no por el patio trasero." Pero para todo funcionario que se le pide la renuncia siempre se tiene un fundamento, porque lastima intereses personales o porque no sirve para el cargo. "A mí -explicó Gallina- me quisieron sacar del medio por presiones políticas de Barrionuevo y Caprioti (presidente y vicepresidente de Chacarita, respectivamente). ¿Por qué? Porque yo pedí una dura sanción al club por los disturbios que sus hinchas provocaron con los de All Boys y él (por Barrionuevo) cumplió con la amenaza de destituirme."
Seguramente algún error cometió. Y Gallina respondió con sinceridad y mucha firmeza. "Soy humano y como tal, seguro que provoqué alguna desprolijidad o exceso. Me equivoqué, tal vez, en mostrarme demasiado. Asumí actitudes y decisiones que no me correspondían. Pero hubo un solo culpable: mi afán por solucionar situaciones conflictivas. Fue un impulso del corazón y nunca por querer transitar por el camino del autoritarismo o de la demagogia".
Gallina aún no sabe oficialmente si seguirá o no en el cargo, pues esta decisión está en manos de Duhalde. El gobernador le exigió la dimisión, pero ahora está decidido a confirmarlo en el cargo. Pero, ¿qué lo hizo cambiar de opinión? El apoyo masivo del periodismo. Un aliado inesperado y sorpresivo para el primer mandatario bonaerense, según expresiones vertidas por su propio entorno.
Gallina quiere seguir peleando contra la violencia en el fútbol. "Continuaré si me respaldan con una estructura más acorde. Resulta imposible desarrollar una tarea con cuatro o cinco colaboradores. Son eficientes, ponen muy buena voluntad, pero no son suficientes. Quiero que nos den el rango de secretaría para disponer de una estructura más sólida y eficaz. Junto con mi renuncia entregué el proyecto correspondiente. Si no lo puedo aplicar al menos pretendo ayudar al que me reemplace".
El ex árbitro se siente una víctima de los que no quieren erradicar la violencia del fútbol. "Si pequé, fue simplemente por hacer respetar el reglamento, pero algo me alienta a sentir que no me equivoqué: jamás imaginé que el periodismo me iba a respaldar masivamente". Un apoyo, según sus propios dichos, que no borrará de su mente.
LA PLATA.- Mario Gallina mejoró su ánimo cuando el sábado, inesperadamente, apareció en su domicilio Javier Castrilli, que se acercó simplemente para brindarle su solidaridad.
La visita protocolar se estiró a casí ocho horas, porque Gallina y Castrilli profundizaron aspectos vinculados con la seguridad en los espectáculos deportivos y el encuentro continuó ayer, en secreto, en la Capital Federal.
Pero nada es casual. Gallina, de mantener su función, tiene pensado incorporar al ex árbitro como asesor. "Quiero -afirmó- que me acompañe en esta gestión, porque tiene experiencia y personalidad. Aclaro que no soy político y él tampoco quiere serlo. Si a mí me califican de duro e inflexible no quiero imaginar lo que será con Javier aplicando el reglamento. Durante mi gestión clausuré 71 estadios de 304 inspeccionados. Una cifra exigua para Castrilli, porque a su criterio, por lo menos hay que cerrar 140". Este concepto generó la única sonrisa plena de Gallina.
Pero no termina allí lo de Castrilli, ya que se anuncia que volverá a dirigir partidos de fútbol. Lo hará en las finales de los torneos juveniles bonaerenses de Mar del Plata. Claro que con una imposición: si se va Gallina, él no sacará el bolso del ropero.




