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Como consecuencia de complicaciones derivadas de una neumonía, murió ayer, a los 97 años, Gene Sarazen, uno de los más destacados jugadores de la historia del golf mundial. Sarazen, que estaba internado en el Community Hospital, de Naples, Florida, fue, junto con Ben Hogan, Gary Player y Jack Nicklaus, el único en ganar los cuatro torneos de Grand Slam, algo que logró en 1935 al vencer en el Masters de Augusta.
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El ser grande le dio licencia para reírse de los propios errores. Transcurría 1935 y el mundo entero de los links comentaba el tiro de Eugene Sarazen, tal su verdadero nombre, un joven neoyorquino que se había adjudicado el Masters de Augusta con un águila en el hoyo 15, de par 5, en la última vuelta, desde 235 metros. Y aunque semejante envío es hoy recordado como uno de los mejores de la historia, Sarazen fue humilde cada vez que lo comentó. "Fue un tiro espectacular, del que todo el mundo habla. Pero fue pura suerte", decía.
Quedará para siempre la imagen del hombre de baja estatura que sorprendía por su elegante atuendo cada vez que pisaba una cancha. Ese talentoso que irrumpió en el escenario mundial a los 20 años, en 1922, cuando ganó el US Open, y que luego sumaría a su trayectoria otros 6 torneos de Grand Slam:el Abierto Británico en 1932, el Masters de Augusta en 1935, otra vez el US Open en 1932, y en tres ocasiones el Campeonato de la PGA (1922, 1923 y 1933).
Nació en Nueva York, el 27 de febrero de 1902. Como tantos otros, se acercó al golf como caddie, y cumplió esa función desde los 8 años en el Apawamis Country Club. Fue el creador del sandwedge, un palo que se utiliza hoy en todo el mundo, y registró 38 victorias en el PGA Tour. Hace poco más de un mes, en Augusta, se lo vio en público por última vez, cuando dio el golpe inicial de la competencia que luego se adjudicó el español José María Olazábal.
La Argentina también fue testigo de sus golpes. En 1934, venció por 4 y 3 al argentino José Jurado, en un match que se realizó en el Ranelagh Golf Club. San Andrés, el Jockey Club y el Rosario Golf Club tuvieron también el privilegio de albergar su talento en esos años.
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Fue, sin duda, uno de los jugadores más queridos del golf mundial. No por capricho el torneo que lleva su nombre, uno de los certámenes más importantes del mundo, deja en evidencia su gloria desde 1993, en Atlanta. Bastó con oír la voz de Roberto De Vicenzo en el teléfono, cuando se enteró ayer por La Nación de la muerte de quien consideraba un amigo. "Uuuuhhh..., ¡qué lástima el viejo...! Era muy amigo mío", dijo Don Roberto.
-¿Cómo lo recuerda?
-Como un tipo único, uno de los promotores del golf en el mundo, y uno de los golfistas más queridos de los EE.UU. Era petiso, pero pegaba fuerte; se destacaba por su juego correcto.Yo estuve mucho con él porque hacíamos el programa El mundo maravilloso del golf, del que él era comentarista, y recorríamos las mejores canchas del planeta.
Una vez alquilamos un auto y lo llevé a Toledo, España, a ver esa ciudad de maravillas históricas. Y me dijo: Roberto, qué hacemos aquí..., me trajiste a ver cosas viejas; yo quiero ver cosas nuevas... Gene era un grande, un golfista de otra época."

