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AUGUSTA.- Dos sacos verdes en tres años. El vestuario de Bubba Watson tiene la textura y el color de la prenda más reverenciada del golf mundial. Así como se confeccionan estas chaquetas, ayer bordó su nombre por segunda vez en el Masters, el Major que es el desvelo de todo profesional. Tiger Woods no participó y este zurdo de 35 años aprovechó el vacío. Pero no sólo eso: ya empieza a tocar las puertas del Salón de la Fama del golf, porque no hay nada que le impida seguir consiguiendo grandes conquistas. Sobre todo en Augusta National, una cancha que fomenta la creatividad y exige golpes de precisión milimétrica.
Ya en el sitial de los dobles ganadores de Grand Slam, se apoderó de la punta desde la segunda jornada y ya no la soltó, más allá de sus dudas del sábado. Su última vuelta de 69 (-3) y el total de 280 (-8) frustró las ilusiones de Jordan Spieth, de 20 años, que se ilusionaba con transformarse en el más joven ganador del Masters en la historia, desde la creación del torneo en 1934. La recompensa para Bubba llegó gracias a sus raptos de genialidad y arrojo, como ese peligroso segundo tiro del par 5 del 15, un fade con hierro 6 a través de los árboles que sobrevoló la laguna enfrente del green. Ganó el título a partir de los birdies del 8 y 9 y en el tramo de vuelta administró la ventaja, mientras Spieth se iba empequeñeciendo en su debut en el certamen. También quedaron a mitad de camino Jonas Blixt (29 años), Miguel Angel Jiménez (50), Matt Kuchar (35) y Rickie Fowler (25), animadores de una apasionante batalla generacional.
El golf que juega Bubba es en esencia aquel que cultivó desde los 6 años, ayudado con un hierro 9 de plástico flexible que blandía en la ventosa Bagdad, ciudad del estado de Florida. Eran los mismos golpes de fantasía que ensaya hoy en cualquier torneo del PGA Tour. Bubba pinta maravillas en el cielo, como el fenomenal hook entre los árboles que le dio el primer saco verde en el desempate ante Louis Oosthuizen, en 2012. Es un tallador de tiros con parábolas imposibles, heredero de Jimmy Demaret, Chi Chi Rodríguez y Corey Pavin en eso de inventar líneas curvas en el horizonte. Le gusta innovar maniobrando la pelota con diferentes trayectorias, no importa la dificultad que se le presente adelante. Adivina resquicios por donde filtrarse, con un downswing de dibujos animados. Pero no todo es romance y caricias: es el más fiero pegador del circuito con el driver. Hoy, como en varias temporadas sucesivas, lidera en las distancias con ese palo con un promedio de 317,7 yardas. En 2004 registró en los récords del Nationwide Tour una bomba de 422 yardas. Posee todos los recursos: potencia, audacia, una sensibilidad casi única y nervios de acero.
Se formó como profesional sin coach ni preparador físico, nutricionista o psicólogo deportivo y está orgulloso de eso. Sólo se apoya en el caddie. Jamás tomó una lección de golf y sólo aceptaría un consejo del juego de parte de Tiger Woods. "Me gusta aprender a mi manera, por mi cuenta. Lo mío es todo sensaciones naturales", cuenta con aires de autodidacta. Fuera de la cancha no fuma, no bebe alcohol, no caza ni pesca, pero sí se involucra en campañas benéficas. Su driver de vara y cabeza de color rosa forma parte de una campaña que inició la marca Ping en 2012: por cada vez que Bubba alcanzó las 300 yardas, donó 300 dólares para organizaciones benéficas del área de Phoenix.
Watson es un exótico talento que no teme emocionarse y largarse en un llanto, en un deporte de sentimientos contenidos. Con su remera siempre abrochada hasta el último botón, parece de gesto serio, pero desata todo su histrionismo. Prestó su figura en la serie de videos "The Golf Boys" junto con Rickie Fowler, Hunter Mahan y Ben Crane ( http://bit.ly/1eBD13x ). Ataviados con vestimentas bizarras, los cuatro bailaron coreográficamente y descontracturaron para siempre la forma de presentar a los golfistas. También esos videos procuraron fines benéficos. Es un espíritu libre que hace un par de años compró en 110.000 dólares una réplica del auto naranja de los Dukes de Hazzard, el "General Lee", que condujo para trasladarse a algunos torneos del PGA Tour.
Bubba, ganador de seis torneos del máximo circuito, ya prepara el menú de la Cena de Campeones de 2015. "Nunca me gustó mucho el verde", suspiró, cuando se deslizó el saco sobre los hombros con la ayuda del campeón saliente, el australiano Adam Scott. Una frase que rompe el molde, como su golf indescifrable e inesperado.


