La victoria ideal para que Rory McIlroy llegue afilado al Masters, la joya que le falta

Rory Mcllroy
Rory Mcllroy
Gastón Saiz
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17 de marzo de 2019  • 23:59

Manos en los bolsillos, andar despreocupado. Rory McIlroy acababa de pegar una bomba en el hoyo 18 del TPC Sawgrass con la que partió el fairway en dos y dejó la pelota a 155 yardas de la bandera. En esa caminata rumbo a su capítulo final, sabía que tenía allanado el sendero a su 15ª victoria en el PGA Tour, pero no se trataba de una más: el triunfo en The Players lo coloca en la mejor posición para el Masters, que se jugará dentro de menos de un mes.

Desde su primera temporada como profesional, el norirlandés pareció destinado a quedar en la historia grande del golf. Y con este éxito en Ponte Vedra Beach, Florida, alimenta la posibilidad de concretar una gesta mayúscula: completar el denominado "Grand Slam", ya que el primer major de la temporada es el último que le falta a su palmarés, después de haber ganado los otros tres (US Open 2011, British Open 2014 y PGA Championship 2009 y 2010).

McIlroy ya acumula cuatro años de sequía si se habla de torneos grandes, y este certamen es su título más importante desde aquella consagración en Hoylake. La primera pregunta que surge es si podrá igualar a Tiger Woods , el único en la historia capaz de llevarse en un mismo año The Players y el Masters. El californiano encadenó ambos campeonatos en 2001 y ahora es Rory quien, motivado incluso por haber festejado en el Día de San Patricio, se enfoca en calzarse su primera chaqueta verde. Con todo, hace varios años que ya tiene asegurado un lugar en el Salón de la Fama de este deporte.

El leaderboard final indicó que se impuso con 272 golpes (-16), un golpe de ventaja sobre el veterano Jim Furyk y dos respecto del venezolano Jhonattan Vegas y el sorprendente inglés Eddie Pepperel ¿Por qué triunfó? Sobre todo por una mentalidad que lo llevó a controlarse hasta el cierre, sin que su mal arranque lo hiciera descarrilar. Totalizó 70 (-2) en los últimos 18 hoyos, después de haber cometido un doble bogey en el 4 que lo pudo haber dejado fuera de carrera. El recorrido de vuelta lo terminó de apuntalar con los birdies en el 11, 12, 15 y 16, más allá del bogey en el 14.

"Cuando miraba el tablero veía que estaba solo uno o dos golpes detrás, que nadie se escapaba", señaló McIlroy, que solo tuvo las amenazas reales de Furyk, Vegas y Pepperell, que trepaban desde atrás frente a la irregularidad del español Jon Rahm (+4 en el día) y el inglés Tommy Fleetwood (+1), los dos que salieron en el último grupo. Esa actitud para sobreponerse ante las adversidades y el soporte que mayormente le dieron sus golpes de salida lo mantuvieron siempre con chances, hasta superar la línea de Furyk (48 años), que en algún momento figuraba primero en el Club House con un score final de 67 (-3).

La conquista de The Players es un sinónimo de madurez de McIlroy, que al borde de los 30 proyecta su carrera en ciclos. Su visión es interesante en términos de objetivos a mediano y largo plazo: "Ahora empezó la segunda parte de mi carrera. Aprendí muchísimo y quiero que los próximos 10 años sean mejores que los primeros. Esta victoria es producto del trabajo que hago durante el año", relató. Cuando el oriundo de la ciudad de Holywood habla de aprendizaje no solo se refiere a sus grandes triunfos, sino también a aplastantes frustraciones como la del Masters 2011, cuando arrancó puntero aquel domingo y colapsó con una vuelta final de 80 golpes.

Ahora, McIlroy no solo se quita cualquier duda que tuviera con su juego rumbo al Masters, sino que, además, los números le sonríen: los 600 puntos que embolsó lo dejaron al tope del listado de la FedEx Cup, mientras que su cuenta bancaria tendrá desde este lunes 2.250.000 millones de dólares más gracias a la obtención del denominado "Quinto Major", que en esta temporada se adelantó de mayo a marzo y cambió las condiciones de juego.

Aunque durante el fin de semana estuvo afuera de la lucha, Emiliano Grillo concluyó con una gran sonrisa: redondeó la mejor vuelta del día (66, -6), finalizó en el puesto 26º y se repuso del último corte no superado en el Honda Classic. El chaqueño pudo haber terminado incluso mejor, pero como tantos otros fue víctima del hoyo-isla del 17. El tiro de salida no fue lo suficientemente largo como para aterrizar en el green y cayó en el agua. De todas maneras, firmó un bogey que atenuó el fastidio de una jornada en la que le había salido casi todo bien.

Así se despidió The Players, el torneo que en muchos casos sirve para que el campeón aspire definitivamente a la caza de un Major. No es el caso de McIlroy, que ya sabe lo que es la gloria de los grandes certámenes. Sin embargo, aquel que en su infancia intentaba embocar pelotitas en el agujero del lavarropas en la cocina de su madre, Rosie, hoy sueña con agigantar su prestigio.

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