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La Masía del hockey solidario

La ONG "Un puente posible", a través del deporte de las Leonas, luchan ante el machismo en zonas de vulnerabilidad social; ya cuenta con 300 jugadoras; una verdadera cantera, al estilo del Barcelona, que se expande día a día
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9 de julio de 2011  • 01:21

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Por Germán Leza

@yeisonleza

gleza@lanacion.com.ar

Ni un peso tenía Martín Almaraz cuando se le ocurrió la idea. Ni un palo de hockey. Jamás había practicado el deporte. Sus compañeras de facultad de la carrera de sociología de la UBA le enseñaron cómo. Se capacitó. Vio videos y estudió tácticas. "Tengo una jugada que nunca falla", dice pícaro. Toma una birome y un papel y empieza a hacer el dibujo, embaladísimo. "Te juro, nunca". La primera vez que fueron a una placita, en Lomas de Zamora, poco les duró el entusiasmo. Se acercaron unas pocas nenas y nada pudieron hacer contra el monopolio del fútbol. Y de los hombres, que no concebían que la plaza no se usara para otro motivo que no fuera para cosas de hombres. Entonces, se dio cuenta de que había muchísimo por trabajar.

Buscó ayuda de otras colegas. Estudió el tema de género ¿Por qué el hombre tenía derecho a recrearse y la mujer no? Y poco a poco empezó a sumar adherentes a la causa. "Empezamos con muy poquitas nenas. No nos daban bola", relata Martín. Un año y medio después de aquella frustrada experiencia del "picadito" de hockey, la ONG "Un puente posible" consiguió expandirse en más de cinco barrios de Lomas Zamora (Lomas centro, Villa Albertina, Villa Rita, Villa la Madrid, y Villa Amelia, entro otros), donde juegan 300 jugadoras. Y hasta viajaron al Mundial de Rosario que se hizo el año pasado gracias a rifas y a un bingo solidario.

Pero volvamos al comienzo. Las chicas no tenían ni palos ni camisetas. Consiguieron palos usados. Algunos se los regalaban, otros los compraron a 10 pesos por Internet. Otros estaban rotos. Los internos de la Unidad 40 de la cárcel de Lomas de Zamora, donde Martín da clases, los arreglaron. La Red de Manos Solidarias cosió las camisetas. Y el "Seminario Interdisciplinario de Urgencia Social" (cátedra Marconi-Frid), que se dicta en la facultad de arquitectura de la UBA, se encargó (y lo sigue haciendo) de todos los diseños.

"Cuando conocí a los chicos de la ONG estaba metida en mi casa. No salía más que para llevar los chicos al colegio. Cuando empecé con ellos me di cuenta de que puedo hacer un montón de cosas", cuenta Noelia Méndez, de 32 años, y quien hizo el curso de entrenadora y tiene a sus órdenes a dos de sus hijas: Ailén (14) y Candela (12). "Antes había deportes sólo para varones. Ahora las nenas están yendo a otros barrios y enseñando lo que ellas aprendieron. Es como una cadena que hacemos entre todos", agrega Noelia.

Casi sin darse cuenta, en un año y medio, "Un puente posible" fundó La Masía del hockey solidario. Se dictan talleres de sexualidad, de teatro, de muralismo. Y también está lo deportivo. Inclusive dos jugadoras fueron becadas por clubes como Lomas Athletic y Banfield. "Tengo una que es Maradona, no sabés lo que juega", se entusiasma Martín. Claro, que todo lo hicieron sin los cientos de millones de euros que cuenta el Fútbol Club Barcelona que destina a sus categorías inferiores. Y sin ningún ingreso más que rifas y bingos que ellos mismos organizan. "Con plata, seríamos Gardel con guitarra eléctrica", dice Martín, quien sueña con expander su cantera solidaria y deportiva por toda la Argentina.

Nada de esto pudo haberse realizado si no fuera por la inspiración que le produjo a Martín Adriana Acosta, ex jugadora de hockey de la selección nacional, detenida y desaparecida durante la dictadura militar. Es el símbolo de la ONG. Leticia, hermana de Adriana y Presidenta Honoraria de "Un puente posible", está siempre al pie del cañón y es una ayuda fundamental. La leona Alejandra Gulla es la madrina de organización y otras jugadoras como Lucila López Gibson (Saint Catherine`s) y el propio entrenador de la selección masculina de hockey, Pablo Lombi, también le extienden una buena mano a la organización.

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