Río 2016 - La era de los Leones: cómo llegaron a la gloria y ganaron identidad propia

Fuente: EFE
Muchos años estuvieron a la sombra de las Leonas y hasta jugaron torneos de ascenso al Champions Trophy;una camada notable, un DT que los hizo creer en ellos y en el trabajo, y las convicciones, los secretos del suceso
Claudio Cerviño
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19 de agosto de 2016  • 23:59

RIO DE JANEIRO.- Cada medalla argentina en Río 2016 tuvo su impacto en sí mismo. Por el significado deportivo, por las historias personales, por las luchas haciéndole frente a las adversidades y también, claro, por los sueños concretados. Paula Pareto , Santiago Lange y Cecilia Carranza Saroli y Juan Martín del Potro protagonizaron momentos de satisfacciones, orgullo y emociones. Igual que el oro más fresco, el del equipo. El hockey argentino vive sus Juegos Olímpicos gloriosos, y paradójicamente no fueron las Leonas las que concretaron el hito, después de sostener las banderas en alto desde Sydney 2000 hasta aquí con dos plateadas y dos de bronce, y cuando venían por lo único que no habían logrado. Fueron los Leones, en un caso de superación notable. Ellos, y así lo contaron, se vieron ganadores desde antes. Fueron los únicos: el cálculo más optimista apuntaba a disputar un podio y hubiese sido considerado con honores. Sorprendieron al mundo, tomaron mayor relevancia y ahora lucen exultantes puertas hacia fuera. Dentro, en su corazón, son un grupo que construyó su imperio con trabajo, sacrificio y humildad. Creyendo en sus fuerzas, pero lejos de hacer alarde de ello.

Tiene un mérito enorme lo de este equipo encabezado por Carlos Retegui . El hockey masculino pasó por diferentes etapas y durante mucho tiempo estuvo a la sombra de las Leonas. Desde lo mediático hasta las simpatías: las chicas se adueñaban de las escena y ellos estaban claramente relegados. A no engañarse: nadie les regaló la popularidad a las chicas, supieron gestarla. Y fue tan fuerte y rotunda la llegada a la gente que provocaron un boom, en escuelas y clubes. Los tiempos del cestoball quedaron lejos en el tiempo, así como los del voleibol y el handball perdieron presencia. Puro hockey. Sueños de ser Leonas, con la figura determinante de Luciana Aymar y su lógica incidencia. ¿Los varones? En una familia tipo, con hijos que practican deportes, así como las mujeres se inclinan por el stick, los hombres van más orientados hacia el rugby. El hockey masculino ha debido reinventarse y nutrirse desde una cantidad inferior de adeptos, lo cual también describe la importancia de este presente.

El vértigo gana la escena y nos podemos preguntar si empieza la era de los Leones por sobre las Leonas. Incluso, si a partir del desmembramiento por motivos de almanaque de la Generación Dorada, este equipo de hockey puede tomar la posta del de básquetbol, que tan fuertes lazos generó con los aficionados que no sólo vieron un factor deportivo, sino también un mensaje de unidad, valores y actitudes solidarias en beneficio de todos. Vamos por partes.

Hubo tiempos en los que el hockey masculino debió remover el fondo, mientras las Leonas empezaban a tener picos de éxito. Jugaban, ellos, el Champions Challenge, cuya finalidad era posibilitar el acceso al Champions Trophy . En términos llanos, una categoría de ascenso. Se hicieron de abajo y llegaron al oro olímpico. Mediaron diferentes etapas, técnicos, designaciones por amistades, controversias por dirigentes a los que se les temía más de lo que se los respetaba. Pero no se perdió la materia prima. Para todo, siempre hacen falta jugadores. Ocurrió en el básquetbol, en el voleibol y en el tenis. Desde aquel subcampeonato mundial juvenil en Hobart 2001, con Paredes, Gilardi y Lucas Rey, más los campeones de Rotterdam 2005 (Juan López, Lucas Vila, Lucas Rey, Saladino, Ibarra, Calloni y Matías Rey, entre otros). Fueron evolucionando y aparecieron el Acha Peillat y la solidez de un arquero como Juan Vivaldi. Jugadores que crecieron profesionalmente, que se foguearon en las principales ligas de Europa, y que tuvieron el DT justo para el momento indicado: Retegui.

Fuente: Reuters - Crédito: Vasily Fedosenko

Y es, el del técnico, un aspecto fundamental. Con acierto de Aníbal Fernández en mantenerlo en el puesto en 2013, aunque con alto riesgo de malograrlo por llevarlo también al doble comando con las Leonas, en un parche inexplicable para el Mundial de La Haya 2014. Pero vayamos a Retegui. Aun cuando muchos jugadores, en la intimidad, hayan mirado con recelo las ideas y fórmulas del entrenador, sobre todo en lo que respecta a la preparación física (con triples turnos) y giras desgastantes, les hizo creer que podían ser capaces de lo que hicieron. En otras circunstancias, podría hablarse de "humo del discurso": no fue el caso. Supo llegarles, sacar lo mejor de cada uno, y volcarlo en la cancha en tiempo y forma. Ni antes ni después: en Río. Los jugadores terminaron alineados con su mensaje y juntos llegaron a los grandes resultados: World League 2013 (2°), Mundial 2014 (3° puesto) y aquí. Y con estos resultados, ya tienen una receta, un camino para no apartarse. Un DT que no es sólo pasión y charlas motivacionales: es detallista, observador y tiene una memoria visual prodigiosa que le permite procesar datos al instante. Y no es de ahora: ya había tenido una experiencia en 2008, con un 3° puesto en el Champions Trophy, algo relevante para esos tiempos.

El rol del técnico es demasiado valioso: los Leones encontraron en Retegui al Cachito Vigil que tuvieron las Leonas. Vigil les llegó al corazón a una camada extraordinaria de jugadoras, "sus almitas" como las llamaba, y además tenía un ladero que la selección femenina extraña horrores: el profe Luis Barrionuevo. En tiempos de renovación, en la era post Aymar, donde los flashes y la fama sorprenden a las chicas que se van sumando, Gabriel Minadeo seguramente echó de menos a Barrionuevo, alguien con un timming y feeling especial para complementar la tarea específica del coach.

Respecto al lugar que pueden ocupar los Leones en el deporte argentino, conviene ser cautos y no pasarlos de vueltas. El hockey no es el básquetbol en cuanto a lo que moviliza y tampoco las ligas internacionales llegan a tanta gente como sí lo hace, por ejemplo, la NBA, con argentinos incluidos. Sin embargo, lo que sí puede transmitir esta generación es su mensaje detrás de una meta: esfuerzo, humildad y convicciones. Río 2016 fue su plataforma a un contacto más masivo. Existían, claro, pero ahora los conocen más, se interiorizan sobre sus historias, saben que fueron de menos a más y que lograron algo único en su deporte en los Juegos Olímpicos. Dieciséis años después que las chicas, encontraron su lugar en el mundo. Por mérito propio.

cc/jt

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