Il Mercato y Noriega, dos luchadores que conmovieron en el Gran Premio Carlos Pellegrini

Fuente: LA NACION - Crédito: Carlos Lares
Gustavo S. González
(0)
15 de diciembre de 2018  • 22:00

Alguna vez, en una comida en Lexington, Ricardo Benedicto respondió a una pregunta sobre el nombre de su haras, La Pasión: "Es fácil, para los que sentimos lo que despierta el caballo de carreras, los que somos apasionados, no hay muchos nombres mejores". Benedicto festejó ayer el triunfo en el Carlos Pellegrini al que aspira ese sentimiento y que pocos como él y su hijo Nicolás merecían, porque hace años que acompañan con inversión el impulso vital que genera el sangre pura. Ganar el Pellegrini no se mide, no entra en ningún ranking de clásicos: está más allá de todo.

Y ganarlo con los colores propios, los de Rubio B., que rinden homenaje al padre del empresario, un mecánico de Carlos Casares que no tuvo la suerte de asomarse a estas hazañas pero estaría orgulloso de su hijo, es como para que el corazón se salga por la boca. Más cuando Juan Carlos Noriega lo trajo en la punta desde el vamos y parecía que no iba a aguantar las estocadas del gran Sixties Song y de For the Top.

"Miraba la carrera con gran expectativa porque el disco no llegaba nunca. Perdí la razón, nos abrazamos con Nico, esto sintetiza todo. Desde el 96 que vinimos de Comodoro Rivadavia con Ramón Jones, soñábamos esto, y se dio en un año en que ganamos la Polla y varias carreras importantes", comentó ayer Benedicto, emocionado por la victoria y por algo más: "La caballeriza termina un ciclo y empieza otro, con Carly Etchechoury como único entrenador. Les agradezco a Juan Carlos y a Sebastián por poner Il Mercato de esta forma".

Fuente: LA NACION - Crédito: Carlos Lares

Los Maldotti, padre e hijo, parecían los que más confianza tenían, según contaron luego. Dijo Juanca: "El primer tramo lo seguí tranquilo porque se hizo lo que esperábamos, sin locuras en la punta. Le dije a Noriega, ‘no te olvides, de los 1000 en adelante hacelo correr’. Es un caballo guapo. Desde que debutó lo creímos importante". Fiel a su estilo, el entrenador se acordó de los críticos, que lo habían hundido cuando terminaron sus largos años de éxitos: "Por distintas circunstancias me quedé sin dos caballerizas, pero la actividad siempre da revancha. No perdí el libro, como pensaron".

La carrera fue para verla con los nervios de punta. Pocos miraban a Il Mercato al doblar el último codo, muchos pensaban que no le darían las energías para aguantar primero hasta el disco. Pero fue tan extraordinaria su actuación y la fe de Noriega, que ni cuando Sixties Song, con Pablo Falero, llegó casi a dominarlo, se dieron por vencidos, caballo y jockey. La cabeza fue la diferencia. Nada para la vista; mucho, demasiado, para semejante conquista.

Julio Biancardi, un cliente de La Pasión, es también amigo de Benedicto, por eso se asociaron con Il Mercato. Biancardi hizo el 1-2 en el Pellegrini, que completó Sixties Song.

Falero, en el Álzaga Unzué

La tarde de clásicos empezó con el festejo incontenible de Pablo Falero cuando cruzó el disco con Elogiado en el Gran Premio Félix de Álzaga Unzué. Nada común lo que se vio, la celebración y un caballo dirigido por el uruguayo que define sobre el disco, después de atropellar bien afuera, a más de media cancha, en una carrera de la recta. Y nada de esconder a su conducido para evitar que se coma la cancha con la gula de los velocistas de furiosos, antes de tiempo. Un consuelo anticipado por la derrota en el Pellegrini, para el jinete que cada día hace más extemporánea su decisión de colgar la fusta.

Falero se lo había dicho a quien se lo cruzara esta semana, incluso a la nación: le gustaba mucho Elogiado para la recta de San Isidro. Y lo corrió con esa confianza, para que celebrara la exdiputada Mónica López, una de las propietariaos y viuda del recordado Alberto Roberti, dirigente gremial y también legislador, fallecido este año. Miró al cielo la dueña del ganador, con lágrimas, en el recuerdo inevitable.

Luego, en el Anchorena, Hat Mario imitó a Elogiado en eso de atropellar, con la diferencia de que estaba a tiro en la recta y puso en vilo a todo el stud Los Cantores, que temieron que ocurriera lo del 9 de Julio y el GP San Isidro, cuando quedó encerrado y perdió toda chance.

Pero la carrera del día, la carrera de año, fue el Pellegrini, en la gran tarde de San Isidro. "Parece que estamos vivos", dijo un cuidador, observando la premiación final, las tribunas repletas, los cientos de chicos jugando en el centro de pista. Para despejar por un rato las preocupaciones de un año difícil.

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.