Jaguares y el rugby tienen una certeza: se debe confiar en el proceso

Crédito: @Pampas
Juan Manuel Trenado
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6 de julio de 2019  • 20:55

CHRISTCHURCH, Nueva Zelanda.-Dicen que las derrotas dejan más enseñanzas que las victorias, que de la frustración se puede tomar un impulso mayor. Pero la sabiduría del concepto no se puede aplicar en este momento. El entusiasmo con el que llegó Jaguares a esta final hizo pensar que el milagro era posible, que el equipo podía romper con el orden establecido por los campeones en el Súper Rugby. El 19-3 final fue un golpe durísimo, un choque que los devolvió a una realidad indeseada. Esa que señalaba el lógico favoritismo de Crusaders, un sólido ganador. Un equipo que hoy está todavía un paso por delante de la franquicia argentina. Si el dolor lo permite, deberán entender qué lugar ocupa esta historia en el proceso.

"Están jugando con una enorme confianza. Como un verdadero equipo, no como un grupo de individuos. Ahora tienen algo en lo que creer". Steve Hansen, el entrenador de los All Blacks, reconoció que la brecha entre su equipo y los Pumas se ha acortado. Hansen habla de los Jaguares, por supuesto, pero piensa en el partido que dentro de 15 días se jugará en la cancha de Vélez, en la apertura del Rugby Championship.

Tener algo en lo que creer. "Confiar en el proceso". Esa fue la frase que Sam Hinkie utilizó para la reconstrucción del equipo de básquet de Philadelphia que en un par de años pasó de ser el peor equipo de la NBA a ser semifinalista de la Conferencia Este. Y tal fue el arraigo que el concepto tomó en la compañía que su jugador principal, Joel Embiid, eligió su propio apodo como líder de la causa: "The process". El modelo de negocio del Súper Rugby tiene el mismo sistema que la NBA, pero no se parecen demasiado en otras cosas. En realidad, lo que parece tomar más fuerza en la comparación es la frase. El rugby argentino tuvo que confiar en el proceso. Uno que todavía está en desarrollo. Pero que claramente ya empezó a mostrar un producto final confiable, atractivo desde lo deportivo y potencialmente rentable desde lo económico.

La final del Súper Rugby es la prueba más contundente del éxito de esta aventura profesional en la que se embarcó la Unión Argentina de Rugby hace 10 años. Que aún tiene cosas por corregir, por supuesto. Pero que permitió la inserción de este deporte en un ámbito de excelencia del que el rugby nacional estuvo excluido durante décadas.

Todo empezó en 2010 con un torneo menor en Sudáfrica: la Vodacom Cup. Y para entender el sacrificio que los jugadores hicieron, hay que recordar que aquel torneo se jugó íntegramente de visitante. El equipo se alojó en la universidad del Noreste de la ciudad de Potchesfsrtroom, a unos 200 kilómetros de Johannesburgo. Era local en esa ciudad que por entonces no llegaba a los 130 mil habitantes. Pero debieron pasar varios meses allí, alejados de sus familias.

Agustín Creevy, Tomás Cubelli, Nahuel Tetaz Chaparro y Ramiro Moyano, son cuatro jugadores que ganaron aquel título con los Pampas, y también jugaron esta final. Y también estaban hace ocho años Santiago González Iglesias, Martín Landajo y Joaquín Tuculet, aunque no están en el equipo por diferentes motivos, pero que integraron el plantel en la temporada 2019.

"Era algo nuevo la Vodacom para nosotros -cuenta el wing Ramiro Moyano-. Porque éramos amateurs y empezamos a jugar contra profesionales. Hoy te digo que no podemos comparar el Súper Rugby con aquello. Pero en ese momento fue muy duro para nosotros. Así empezó la evolución".

Por dónde empezar

Pero por algún lugar había que empezar. No se podía entrar directamente en el Súper Rugby. Los nuevos socios necesitaban pruebas de jerarquía y hubo que rendirlas paso a paso. Moyano continúa con su explicación: "Para darse cuenta de la inmensa diferencia que hay, en esos equipos no había ningún jugador de Súper Rugby o que representara a sus selecciones. ¿Qué diferencias? Nivel de juego, velocidad y, sobre todo, contacto físico. Desde ese momento hasta hoy, con cambios y nuevos jugadores nos fuimos acostumbrando a lo que hacemos hoy".

Después de la Vodacom, y cuando la selección ya había ingresado en el Rugby Championship, llegó la Pacific Cup, el certamen que se disputaba en Australia. Los Pampas ganaron los trofeos de 2014 y 2015. Los torneos eran de categorías bastante similares. Sin embargo, había una diferencia en el estilo. El juego sudafricano es más pesado. El australiano tiene una marcha más en la velocidad, algo más similar a lo que se juega en el Súper Rugby.

¿Quiénes fueron los jugadores campeones de aquellos torneos? Matías Alemanno, Tomás Lavanini, Jerónimo de la Fuente, Matías Moroni, Tomás Cubelli, Moyano.

"Sudáfrica puso un voto de confianza en nosotros y observó que estábamos para más. Nos fuimos a jugar la Pacific a Australia y también la ganamos. Esa calidad de torneos hizo desarrollar a los jugadores", sigue Moyano.

La suma de todos esos certámenes se proyectan en la composición del equipo que alcanzó la final ante Crusaders. Lo que hicieron fue atravesar un camino, una transición hasta ubicarse en el lugar más esperado.

Aquí, justo donde la rueda acaba de dar una vuelta completa, es donde hay que volver a empezar. Y la elección para reactivar ese ciclo y que todo no se termine con este logro, es mantener la segunda línea activa.

Es entonces cuando empieza la participación de un nuevo grupo de jugadores en la América Rugby Cup, con el nombre de Argentina XV, y en la Currie Cup, el tradicional certamen nacional sudafricano, con el nombre de Jaguares XV.

"Es el mismo proceso que vivimos nosotros. La Currie Cup va a ser fundamental para seguir subiendo el nivel", agrega Moyano, que cuenta cómo ese ciclo beneficiará a Jaguares en el Súper Rugby. "En la temporada pasada no hubo tanto recambio -recuerda-. Cuando tenían que salir los titulares por una lesión o por cansancio, entraba uno desde el banco y la respuesta no era tan buena. Este año, cualquiera que está en el banco responde igual o mejor. Eso es fundamental para un equipo".

Uno de los problemas del proceso, al que aún no se le encontró solución, es que Europa, con sus tentadores salarios, se lleva cada año a algún jugador. Primero se fueron Ramiro Herrera y Facundo Isa; luego Nicolás Sánchez. Ahora, se irán Martín Landajo, Tomás Lavanini, Pablo Matera y Santiago García Botta. Cada año hay que ocupar puestos valiosos.

¿Se puede sostener un status con Jaguares con esa sangría? "Dependiendo el puesto, se puede mantener el equipo con la rotación -explica Moyano-. Los chicos de Pumitas y Argentina XV, Mallía, Carreras, Miotti, respondieron bien. Apenas entraron demostraron que están a más que el nivel y nos sube la categoría. Está claro que hay puestos con jugadores importantes que se sufrirían más".

¿Quién será el próximo en dejar el equipo? ¿Quién será el próximo de saltar de la categoría anterior a Jaguares? Para eso, hay que confiar en el proceso.

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