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Muy lejos de aquel "exilio deportivo obligado" a Uruguay, como Javier Gómez denomina su ida de la Argentina, allá por 1996, cuando por falta de apoyo económico continuó su carrera del otro lado del Río de La Plata, el ciclista escribe hoy su propio derrotero triunfal.
El domingo último, el argentino, de 31 años, ganó por segunda vez consecutiva la Vuelta de Uruguay. "Esto es bárbaro. No sólo confirmé que estoy pasando por un muy buen momento de mi carrera, sino que con esta victoria me adueñé de dos récords: soy el primer extranjero en conquistar en dos ocasiones la Vuelta de Uruguay; y además, el primer ciclista que ganó tres competencias importantisímas: la Vuelta de Uruguay 2000, Rutas de América y, ahora, la Vuelta 2001 ¿Cómo no voy a estar feliz?", comentó Gómez, en una charla telefónica con La Nación , desde la concentración del equipo Alas Rojas, en Santa Lucia.
Entre su alegría se filtra algún resabio de melancolía. Es que el 96 para él es una herida que no cierra y sangra todavía...
"La verdad -asegura- es que me dolió mucho tener que dejar mi país para buscar mi horizonte en otra tierra. Pero en la Argentina yo ya no quería tener nada que ver con el ciclismo. Estaba cansado de juntar manguito por manguito para poder competir. Yo tenía que pagar todo; desde la nafta y los peajes hasta los tubos y las pedaleras. Siempre perdía plata. Acá todo es distinto, sólo pienso en correr, del resto se encarga mi equipo Alas Rojas".
Y redondea: "No me puedo quejar, aquí me dieron todo. Pero cada vez que pienso en mi ida de la Argentina me duele algo dentro".
El Gallego, como lo llaman a Gómez, pasó su infancia en San Miguel del Monte. Allí, su padre, un español que llegó a la Argentina perseguido por la Guerra Civil, casi como un capricho lo obligó a practicar ciclismo.
"Ahora me parece mentira. Cuando miró atrás y recuerdo que llegué al ciclismo porque era malo en todos los demás deportes, me río. Es más, las primeras carreras las hice a los 11 años y en verdad no me gustaban. Tres años después le empecé a encontrar el gustito con las primeras victorias", rememoró.
Los recuerdos surgían uno detrás del otro. "Todo parece mentira -repite-; cuando llegué acá todo me fue difícil. No me acostumbraba. No conocía a nadie. Era como volver a empezar; por suerte todo se dio más o menos rápido y en el 99 fui subcampeón en la Vuelta de Uruguay, tercero en las Rutas de América, y para terminar: fui campeón argentino y del Mundial B en contrarreloj".
Como ocurre a la hora de las victorias, a Javier Gómez le cambió la vida. Recibe ofertas por doquier; incluso para nacionalizarse uruguayo. "Yo no me puedo quejar, me trataron como a un uruguayo más, pero yo soy argentino y no pienso dejar de serlo, aunque tenga que seguir lejos de mi patria."




