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Javier Mascherano se distingue, entre otras, por dos razones: versatilidad e inteligencia. Ha mostrado una notable capacidad de adaptación a cada club, a cada liga, y a cada país en donde estuvo. Su carrera siempre ha sido ascendente y no ha tenido ninguna depresión importante en el rendimiento. Corinthians fue el primer paso, West Ham, su primera escala europea; luego, Liverpool, para confirmarse como un jugador clase A. Con Xabi Alonso, surcaron un medio campo sumamente eficaz, mezcla de criterio y despliegue. Por último, su salto al Barcelona.
Guardiola, dijo recientemente: "No me toquen a Mascherano ni a Keita. Son dos jugadores impagables y dan sentido a la profesión de entrenador". No son sus virtudes originarias de volante central las que lo hacen titular en el equipo de todos los tiempos. Su inteligencia le hizo un lugar. Él entiende muy bien el juego y la sustancia colectiva de Barcelona le hace más sencilla la tarea.
Ser marcador central del Barcelona obliga a redefinir las funciones del puesto. No es igual que en cualquier equipo corriente. No es frecuente que muchos mediocampistas de corte defensivo se adecuen con tanta naturalidad a puestos centrales de la defensa. Sin embargo, en el Barça parece normal. Busquets ha sido central, Keita, también, Yaya Touré cuando estaba, o Fontàs en el filial. Es que los zagueros del Barcelona deben tener mucho más de volantes que de stoppers, más técnica que propensión a la lucha física, más pase para organizar la salida limpia que juego aéreo, más comprensión que velocidad.
No hay futbolista en ningún equipo que disponga de más comodidades para tener la pelota que un marcador central. Normalmente recibe con tiempo para pensar y con espacio para ejecutar. Barcelona, que tiene a la posesión como dios, precisa entonces garantías en la primera etapa de la tenencia. Ese enunciado deben ejecutarlo futbolistas que dispongan de recursos técnicos suficientes para asegurar el principio de todo ataque.
Y cuando la tarea es recuperar, la compresión de todo el equipo, con una línea defensiva subida a la mitad de la cancha acortando el campo de acción rival, produce una recuperación rápida y poco combativa. El rival suele perder la pelota antes de que se la roben, sin necesidad de luchas cuerpo a cuerpo ni de persecuciones.
En ese marco, Guardiola leyó primero que nadie que Mascherano tenía las facultades necesarias para la función. Y la respuesta ha sido óptima en todos los casos, incluso formando una línea de tres como frente a Villarreal (con Busquets en el centro y Abidal en la izquierda). De nuevo: inteligencia y versatilidad en Mascherano y un equipo que le hace más fácil el nuevo trabajo.
¿Puede trasladarse esa experiencia a la selección argentina? Suponer que sí sencillamente porque resulta en Barcelona, es un análisis, como mínimo, incompleto. Sabella podrá considerar la opción, pero no parece probable en lo inmediato. Ni siquiera tiene tiempo de ensayar casi nada antes de las eliminatorias. En todo caso, puede ser una alternativa a mediano plazo, con roles más definidos e ideas más impregnadas. Mascherano pudo ser marcador central en un equipo hecho y sofisticado y la selección está lejos de serlo.


