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Cuando comenzó en el voleibol, a los 16 años, en el Club Peretz, de San Martín, Waldo Kantor, como todos los adolescentes, soñaba que algún día se pondría la camiseta de la selección. Pero nunca imaginó que cuatro años más tarde, con el sueño cumplido, la celeste y blanca marcaría su destino deportivo que, aún hoy, a los 39 años, lo reclama en sus filas.
A nueve años de haberse despedido del equipo argentino, Kantor, el armador de los seleccionados que obtuvieron las medallas de bronce en el Mundial de 1982, en nuestro país, y en los Juegos Olímpicos de Seúl, en 1988, y que ahora se desempeña en Ferro, fue convocado y ya está incorporado en el equipo nacional que disputará la Liga Mundial, a partir del 28 del actual.
Con el desafío en marcha, Kantor asume el riesgo. "Si bien en Ferro mi juego fue muy bueno -sostiene-, la selección y sus compromisos siempre requieren otros esfuerzos. Pero más allá de los reconocimientos deportivos y de mi historia en el voleibol, cuando tenga que entrar en escena tendré que jugar a la altura de las circunstancias; para mí es un gran desafío que quiero aprobar".
La convocatoria de Kantor sorprendió a todos. En el Mundial de Japón, realizado en noviembre último, no fue tenido en cuenta cuando su nombre sonaba muy fuerte; entonces el técnico, Daniel Castellani, hizo oídos sordos y confió en otros hombres más jóvenes. Los resultados en Japón no fueron los esperados; ni en lo deportivo ni en la relación del plantel, que tuvo su pico con los problemas entre el técnico y algunos jugadores, que culminaron con el alejamiento de Marcos Milinkovic y de Javier Weber.
Al margen de que Castellani lo llamó a Kantor por su buen rendimiento en Ferro, la sensación es que la convocatoria se debe en gran parte al alejamiento de Weber; algo así como volvé y sacanos las papas del fuego que Weber renunció y tenemos que jugar la Liga Mundial.
Kantor no lo siente así y lo toma de otra manera: "No creo que Daniel (por Castellani) me llamó con esas intenciones. Yo recibo esta convocatoria como un premio a mi carrera y de fin de siglo, y no como un salvar algo", dijo Kantor.
Y agregó: "Lo que sí entiendo es que ante la renuncia de Weber se vieron obligados a llamar a alguien que esté a la altura de la situación. Igualmente, yo estaba seguro de que Castellani no me iba a convocar para el Mundial".
A Castellani y a Kantor no los une precisamente una amistad. Ambos no vivieron buenos momentos, en los personal, cuando integraron el seleccionado. Y aparentemente ahora todo quedó en el pasado.
"Se dijeron muchas cosas sobre nuestra historia - aclara Kantor-; en todo grupo humano existen problemas, sobre todo cuando se convive entre los 20 y los 30 años, que es el lapso en el que se define la personalidad. Y eso fue lo que nos pasó a nosotros. Muchos viajes, cada uno siendo líderes en nuestros respectivos clubes y después, cuando nos juntábamos en la selección, era lógico que chocáramos. Pero las diferencias eran de la cancha para afuera; adentro, todos teníamos un objetivo: ganar con la celeste y blanca".
Esas historias quedaron en la interna de aquellos que las vivieron y no tuvieron la repercusión de los problemas de Milinkovic y Castellani.
Al respecto, Kantor tiene la respuesta. "Nosotros -señala- tuvimos la suerte de que en esos momentos no existía la mediatización que hay ahora; no teníamos ni diarios ni televisión que se ocupara de esos temas. Pero eso ya quedó en el pasado. Ahora Castellani es el técnico y yo soy jugador. Ambos sabemos las funciones, limitaciones y atribuciones de cada uno y no vamos a entrar en el te acordás de esto, o cuando dijiste aquello. Todo se murió en el pasado y ahora hay cosas muy importantes por las que luchar".
Está claro: la camiseta Nº 8 de la selección nacional de voleibol ya tiene dueño. Es de Waldo Kantor que, después de nueve años, está listo para salir al ruedo.


