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¡Cuántos elogios tirados a la basura! ¡Cuántas loas al servicio de un hombre que parecía un ejemplo, y terminó siendo un tramposo de la peor calaña! El ciclismo mundial parecía haber empezado una campaña para erradicar a los sucios que se dopan, para limpiar el pelotón de indignos. Pero el deporte no sólo se mostró incapaz de quitarse de encima las impurezas, sino que sufrió ayer el peor golpe de su historia: el ganador del Tour de Francia, la competencia más importante del calendario internacional, dio positivo en un control antidoping realizado el jueves último y perderá su título. Y el ciclismo perdió su última porción de credibilidad.
Se trata de un escándalo de proporciones gigantes, sólo comparable con el caso de Ben Johnson en la final de los 100m de los Juegos Olímpicos de Seúl 88 o el positivo de Diego Maradona en el Mundial de Estados Unidos 94. Así de impactante, así de duro.
Porque el norteamericano Floyd Landis llegó a París el domingo último no sólo como el sucesor de Lance Armstrong, sino como el representante de una nueva etapa para el ciclismo. Landis surgió como el campeón de apariencia más humana, lejos de la imagen de implacabilidad que ofrecía el siete veces ganador del Tour. En una competencia que se había deshecho de varios sospechosos de doping antes del comienzo, el ciclista del equipo Phonak era la renovación... Pero las ilusiones se resquebrajaron en un instante.
Todo sucedió con rapidez. Anteayer, la Unión Ciclista Internacional (UCI) informó que un competidor había dado positivo en un control antidoping, aunque desistió de dar su nombre. Pero ayer, fue el propio equipo de Landis el que asumió la cuestión, en un caso de niveles "anormales" de testosterona. "El equipo Phonak recibió una notificación de la UCI sobre valores lejos de la media de testosterona/epitestosterona. La dirigencia de Phonak y el propio ciclista se declaran totalmente sorprendidos por el resultado", dice el comunicado. Como la testosterona (ver aparte) es una sustancia producida por el propio cuerpo, para decidir si hay o no doping, se la mide en relación con la epitestosterona para aclarar si su presencia es endógena o exógena.
En realidad, Landis todavía no perdió su título de campeón, ya que sólo se realizó un análisis de la muestra. Resta todavía la contraprueba; si el resultado es el mismo, ahí sí será despojado del primer puesto, que recaerá en el español Oscar Pereiro.
El acusado, claro, se defendió y negó haber consumido testosterona para mejorar su rendimiento. "Todo lo que estoy pidiendo es que se me dé una oportunidad de demostrar que soy inocente. El ciclismo tiene una forma tradicional de juzgar a la gente en el tribunal de la opinión pública antes de que tenga una oportunidad de hacer cualquier cosa", manifestó el ciclista.
Su intención, según manifestó, es contratar al médico español Luis Hernández, que ayudó a otros competidores a demostrar que elevados niveles de testosterona en el cuerpo no siempre significan doping. "En cientos de casos, él nunca ha perdido uno", señaló, aunque se mostró escéptico acerca de la posibilidad de limpiar su nombre: "Desafortunadamente, no creo que jamás se vaya la sombra del doping, sin importar lo que pase".
Pues si hay desconfianza, es porque el deporte se lo ha ganado, con un sinnúmero de escándalos relacionados con el uso de sustancias prohibidas. Y, además, no se recuerdan muchos casos de atletas positivos que hayan reconocido su falta. Si la justicia se dejara guiar por las declaraciones de los deportistas, todos los expedientes deberían ser atribuidos a accidentes.
Sea como fuere, vaya engaño el que protagonizó Landis. La muestra que dio positivo le fue tomada el jueves último, el mismo día que había escrito una de las páginas más gloriosas del ciclismo mundial. Un día antes, en el ascenso a La Toussuire, las fuerzas del norteamericano flaquearon y terminó la jornada a más de ocho minutos en la clasificación general. Los pronósticos lo daban ya fuera de la lucha por el título.
Sin embargo, en lo que después se empezó a llamar "La gesta de Morzine", Landis emprendió una escapada de más de 130 kilómetros para llegar en solitario. Le sacó más de cinco minutos al segundo, el español Carlos Sastre, y llevó a apenas 30 segundos la distancia con Oscar Pereiro, por entonces el líder de la carrera.
Era una hazaña pocas veces vista, sólo comparable con las de Eddy Merckx en la década del 60. El mundo estaba ante el nacimiento de otro gladiador, un héroe con rostro humano.
La de Landis era una historia de un hombre que lucha por un sueño. Se destacó la caída que sufrió a fines de 2004, en la que se fracturó la cadera. Esa lesión le provocó una osteonecrosis (hueso muerto) en la cabeza del fémur derecho, lo que terminó acortándole la pierna en 1,5 cm. Y a pesar de que lo más recomendable para terminar con los dolores era implantarle una prótesis, él prefirió no hacerlo para seguir con posibilidades de ganar el Tour de Francia. Un hito que logró el domingo último, pero en forma desleal.
Las repercusiones, entonces, no se hicieron esperar. Los organizadores del Tour emitieron un comunicado en el que aseguran que mostraron la firmeza habitual. "Si la contraprueba confirma el primer resultado, quienes se han emocionado con el Tour de Francia 2006 se verán dominados por el disgusto y la tristeza", señala. "No importa la angustia que esta noticia supone para el ciclismo, ya que ilustra que la lucha del Tour de Francia contra el doping está ganando terreno de forma irreversible."
Todos, claro, se lamentaron por el daño que provoca. Como Víctor Cordero, director de la Vuelta de España: "Hay meses negros, y éste es uno de ellos. Estábamos de pie de nuevo y nos han vuelto a dar un batacazo para ponernos de rodillas. No hay palabras, es algo terrible, sobre todo para todos aquellos que habían recuperado la ilusión por este deporte".
Y continuó: "La gente había vuelto a apreciar el ciclismo como ese deporte de resistencia, donde se producen ataques y desfallecimientos, en el que el hombre volvía a ser hombre y no algo parecido a una máquina, pero está claro que algunos iban con métodos indebidos y que hay tramposos".
Lo cierto es que el ciclismo, y el Tour de Francia en particular, quedan seriamente heridos. Los ganadores de las últimas 10 realizaciones de la Vuelta gala están sospechados por doping: Jan Ullrich (1997) fue impedido de participar este año por estar vinculado a un escándalo de doping en España; Marco Pantani (1998) fue suspendido en un par de oportunidades y falleció en 2004 por una sobredosis de cocaína; sobre Lance Armstrong (1999-2005) siempre hubo sospechas, pero nunca una acusación formal, y ahora se agrega Landis (2006). Demasiadas coincidencias juntas. Esto se suma al reciente caso de Roberto Heras, que ganó la Vuelta de España 2005, honor que le fue quitado por haber dado positivo por EPO en la penúltima etapa.
Así las cosas, se entiende la sospecha que pesa sobre el deporte. Y, también, las críticas que realizó el canadiense Dick Pound, presidente de la Agencia Mundial Antidoping. "Le hemos sugerido a la UCI sobre lo que creemos son serias fallas en los protocolos de control", explicó Pound. "Dijimos que a lo mejor una de las razones por las que no tienen la cantidad de controles positivos que deberían es porque hay defectos en el proceso."
Allí está el quid de la cuestión: en el ciclismo, el doping parece extendido a todos los participantes. Y si no, vale recordar la atípica confesión de Francisco Mancebo, uno de los nueve ciclistas que quedaron al margen de este Tour de Francia, antes del comienzo de la prueba: "Si se aplica el código ético, sólo podría salir Jean Marie Leblanc (ex director deportivo de la competencia)". El ciclismo necesita una refundación. Floyd Landis pareció encarnar una nueva generación, pero la esperanza duró muy poco.
El inglés Arthur Linton muere a los 29 años, dos meses después de haber ganado la carrera Burdeos-París. Había consumido un estimulante (trimetileno) en exceso.
El danés Knud Jensen fallece durante la prueba contrarreloj en los Juegos Olímpicos de Roma. Había consumido un cóctel de anfetaminas y un vasodilatador.
Tom Simpson (campeón mundial de ruta en 1965) se desploma 2 km antes de llegar al Monte Ventoux, en el Tour de Francia. Había ingerido una mezcla de anfetaminas y alcohol.
El español Perico Delgado gana el Tour de Francia. Había dado positivo por probenecina (enmascarante), una droga no tipificada por la UCI, que la prohibió dos semanas después.
Se secuestran 400 ampollas de EPO a un integrante del equipo Festina, durante el Tour de Francia. El equipo fue separado, pero la competencia quedó al borde del colapso.
Marco Pantani, ganador del Tour y del Giro de Italia en 1998, fue descalificado de la prueba italiana por un alto nivel de hematocrito en sangre. Murió de una sobredosis en 2004.
Roberto Heras gana la Vuelta de España por cuarta vez. Sin embargo, a los pocos días le quitaron el lauro: dio positivo por EPO en la penúltima etapa (contrarreloj).
En mayo, cinco personas son detenidas en la investigación Operación Puerto. La policía descubre bolsas de sangre en un laboratorio, con nombres de ciclistas y otros deportistas.
Un día antes del comienzo del Tour se impide la participación de nueve ciclistas por estar involucrados en la Operación Puerto; entre ellos, Jan Ullrich, ganador en 1997.
Floyd Landis da positivo por testosterona, tras haber ganado el Tour de Francia. Es el primer caso de un ganador de esta prueba que es despojado de su título.


