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-¿Se había ilusionado con el andar del Gato en los Alpes suizos?
-No era para menos: jugó tres vueltas extraordinarias, más aún a sus 49 años, que todavía es más complicado. Después, sus errores con el putt y la falta de concentración lo retrasaron en el leadearboard. Creo que no hay excusas, porque enfrente tuvo a un enorme jugador como Els, N°2 del mundo, que anduvo muy sólido y logró su sexto título del año. Mi sensación no es de tristeza, es más que nada de desilusión.
-¿Cree que el cordobés no ganó porque estaba presionado por conseguir ese récord de veteranía en el circuito?
-Probablemente haya influido algo de eso. Se había comprometido con algo muy grande, que era superar la marca de Des Smyth, que en 2001 había triunfado en Madeira con 48 años y 34 días de edad. Terminó conspirando contra él su nerviosismo. El costado positivo de esta experiencia es lo que está por venir: cada vez estoy más convencido de que el Gato ganará muchos torneos del Champions Tour a partir de la próxima temporada. Entre todos los deportes que yo conozco, el golf es el único que les da posibilidades a los jugadores mayores de 50 años.
-Más allá del desenlace, ¿por qué Romero juega tan bien en Suiza, con el antecedente de sus dos títulos en 1994 y 2000 en el Masters Europeo?
-Porque es una cancha cuya elevación de terreno permite que la pelota vaya un diez por ciento más lejos de lo normal, debido a que el aire es más liviano. Esto favorece a todos, pero también en gran medida al Gato. Además, no es un trayecto muy difícil, sí es muy apretado con los fuera de límites, con los que hay que tener mucho cuidado.
-¿Los golfistas se encariñan con ciertas canchas a partir de sus triunfos en ellas, como puede ocurrir con Romero en Crans-Sur-Sierre?
-Sí, puede gustarte cierto campo porque sentís que ya lo dominaste anteriormente; esto te favorece para el aspecto mental. A mí me sucedía en algunas canchas de Inglaterra en donde se realizaban Abiertos; me juntaba allí con otros muchachos para jugar a cielo abierto y sobre los médanos; estaba mucho más cómodo allí que en un lugar con muchos árboles.
-¿Implica verdaderamente una ventaja actuar en un campo en el que se ganó antes?
-No necesariamente, pero cuando te parás en el tee del 1 antes de ejecutar el primer golpe te da la sensación de que podés festejar una vez más.
-Usted jugó en esa cancha que está al pie de los Alpes suizos, ¿qué le pareció?
-Es muy entretenida, aunque la jugué sólo después de los 50 años. Fue justo en una época en la que se incluyó esta cancha en un calendario coordinado por distintas asociaciones de golf europeas.
-Desde hace cuatro años, Romero recurre al yoga para mejorar en el aspecto mental...
-El yoga es bueno sólo cuando te va bien... En realidad, no soy muy adepto a esta terapia en relación con el golf. Sí considero que habría sido fundamental en este certamen la presencia de Angel Cabrera. El Pato habría significado una ayuda y una voz de aliento invalorable para el Gato, sobre todo en la última jornada. Ellos son íntimos amigos y se conocen demasiado. Es lo que le faltó a David Nalbandian en el US Open de tenis para dar ese pasito hacia la final; tenía al público en contra y pocos que lo acompañaran.

