Maira Arias, la patinadora rebelde que logró el oro entre el dominio colombiano

Fuente: LA NACION - Crédito: Maxie Amena
Se quedó con la victoria en la prueba 10 mil metros por puntos de patín
Gastón Saiz
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14 de julio de 2015  • 11:34

TORONTO (De un enviado especial).- Patinaba ya con las manos atrás, como cualquier chica que anda en roller a lo largo de Figueroa Alcorta bajo el sol del verano. En esas últimas vueltas, a Maira Arias le faltaba ir silbando y escuchando música en los auriculares. Así ganó la medalla dorada esta neuquina: con una facilidad pasmosa. Los 10.000 metros por puntos en patín carrera terminaron siendo un paseo de fin de semana para ella, que sonrió con sus aparatos cuando cruzó la meta y enseguida se abrazó con su compañera de disciplina, Rocío Berbel Alt. Ellas dos habían vivido la vigilia en la Villa con la ilusión de que algo muy bueno sucedería en el óvalo canadiense de 400 metros.

Por ahora, los oros argentinos llegan sobre ruedas y con siluetas femeninas: el domingo brilló con sus coreografías Giselle Soler; ayer se impuso la naturaleza fondista de Maira, de 28 años, la pupila preferida de su novio, Rubén Martínez, con pasado en el patín y que participó en los Panamericanos de Río 2007. La particularidad del triunfo de Arias fue la caída temprana y el abandono de la colombiana Johana Viveros Mondragón, con quien se iba a entablar un mano a mano, la misma que le había arrebatado el título mundial el año pasado, en Rosario. "No quería enloquecerme; de repente no veía aparecer a Johana y me di cuenta de que no estaba en el grupo; estoy feliz por este triunfo", señalaba esta técnica agropecuaria con orientación en producción animal.

No hay mucho secreto más que el trabajo en el caso de Maira. Se ganó esta medalla en los entrenamientos de lunes a sábados, con triples turnos, rodando entre 20 y 30 kilómetros en cada jornada en la pista homologada de Mar del Plata o en un circuito armado en Ezeiza. Es una perseverante que cuida cada gramo de su peso y que por su genética muestra muy claro su biotipo de fondista. Sus amigos habían dejado de patinar en Neuquén, pero ella siguió, con la meta fija de trascender. Arias es el producto, también, de un renovado apoyo a este deporte en nuestro país, según sus responsables. "No nos podemos quejar de nada porque hay respaldo económico del Enard y de la Secretaría de Deportes; la Confederación de Patín funciona y los atletas están con ganas. Si yo me hubiese ido de Toronto sin medallas, estaría bien si me echaran del cargo, no podría decir nada", confiesa Guillermo Herrero, coach del seleccionado.

¿Por qué Colombia domina en la mayoría de las pruebas? Porque las empresas privadas empezaron a acercarse en 2000, luego de detectar algunos triunfos individuales aislados, y porque desde hace 15 años se mantiene la estructura con los mismos entrenadores. Se aliaron el Estado y grupos empresarios gigantes como Postobon para redoblar el apoyo financiero.

"Nos sacamos ese estigma tercermundista y nuestros patinadores se entrenan con actitud, dedicación y compromiso. Además, los niños se entusiasmaron con el patín y se produjo una masificación, como ocurre en la Argentina con el fútbol", explica el manager Elías del Valle. En pleno imperio cafetero, Maira Arias se reveló para encarrilarse en la ruta del oro.

UNA ÉXITO QUE SE ESPERÓ 12 AÑOS

El triunfo de Maira Arias interrumpió una racha de 12 años sin oros en patín carrera en el nivel panamericano; la última medalla de ese metal correspondió a Andrea González, en la cita de Santo Domingo 2003. Ayer, además, Ezequiel Cappellano consiguió la plata en la prueba de 500 metros..

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