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Las referencias de todos marcaban un camino. Un único camino: La Paz, en el noroeste de Entre Ríos. Para hablar de triatlón no hay otro lugar en el país. O sí, pero sin la mística y el encanto de La Paz. "Andá a cubrir el Tria de La Paz. Es un camino de ida, atrapante y único", explicaba tiempo atrás Marcelo La Gattina, colega y director de triamax.com, sitio especializado en la materia. Con ingresar a la ciudad se toma real dimensión de aquellas palabras. Al descender del ómnibus, en la minúscula terminal, el calor húmedo y agobiante anestesia el ánimo. Por un instante, bloquea las ideas a quien no suele frecuentar aquellas latitudes. A un lado, la guatemalteca Bárbara Schoenfeld, mientras aguarda que le entreguen su bicicleta, ratifica el rumbo de la elección. "Es la segunda vez que vengo. Hace tres años quedé afuera en la parte de bicicleta. No pude sobreponerme y me pasaron las chicas de punta. Vengo por una revancha", dice la triatleta, de 22 años. Y anticipa (el domingo quedará 4» entre las mujeres de elite): "Lo que se vive en este Tria nunca lo vi en otro lugar del mundo". Saluda y se despide raudamente. Quedan poco más de 24 horas para la competencia de elite y pretende reponer energías. En total, serán casi 1000 inscriptos entre las tres jornadas. En total, unos 800 voluntarios durante las tres jornadas.
Las casas bajas, las calles que en gran número descienden al río Paraná y la festividad se palpan en un abrir y cerrar de ojos. En el remozado hotel que lleva el nombre de la ciudad, el conserje pregunta el motivo del viaje y, a la vez, responde con amabilidad: "Vienen al Tria, ¿no?". El viernes fue el turno de los más chicos. De pequeños grandes talentos de hasta 14 años que ya despuntan lo que allí es una elección de vida. Fueron 138 almas que nadaron, pedalearon y corrieron para arrancar una verdadera celebración que une a todo el pueblo. La plaza principal, sobre la calle San Martín, antes de las 8 del sábado, todavía muestra vestigios de la extensa noche que viven los jóvenes paceños. A los costados, grupos alrededor de autos continúan escuchando música. Todavía no suena el chamamé ni la cumbia. Es el turno de melodías electrónicas importadas. El mediodía va ganando la escena, y en la zona del puerto todo se transforma en vértigo precompetitivo. A las 14 es el turno de la modalidad short (700 metros de natación, 20 km de ciclismo y 5 km de trote) y un par de horas más tarde, el olímpico para amateurs y juveniles (1500 de natación, 40 km de ciclismo y 10 de pedestrismo).
En ambos casos, las barcazas con las que los baqueanos arrían al ganado, uno de los grandes sustentos económicos junto a la soja y la pesca, sirven para transportar a los atletas al punto de partida. El control de los jueces es estricto. Mirta Naufal, más conocida como "La Turca", un emblema viviente, es un manojo de nervios. "Hasta que el último nadador no sale del agua, una no respira. La etapa de natación es la que más me preocupa. Con la elite es diferente. Son menos y todos son grandes nadadores. En cambio, hoy (por el sábado) te podés encontrar con algún inconveniente", recita.
La Turca asegura que se retira luego de 28 años en la organización. "Esto me hace feliz, pero necesito un descanso por temas familiares. El Tria te demanda mucho tiempo. Yo ya estoy jubilada y la energía no es la misma", advierte, al tiempo que da órdenes a diestra y siniestra. Su palabra se escucha como quien oye al mecenas. Ella es la voz de la experiencia. La ilusión de los paceños es convencerla de que continúe con su incansable trajín que transmite a pesar de afirmar que ya no es la misma. En sí, no lo parece. Su sonrisa, sus modos y su acción, cuentan en La Paz, irradian un halo distintivo para definir esta 30» edición.
Se sabe, el triatlón encuadra tres disciplinas: natación, ciclismo y pedestrismo. En estas dos últimas actividades se ingresa en el verdadero espíritu de La Paz. Los barrios toman las calles. Cada uno arma una fiesta para cortejar a los atletas. Son especies de corsos de dos o tres cuadras de largo, donde los vecinos dan agua, ofrecen trozos de naranja y lo que cualquier triatleta requiera. Emociona ver, por caso, la zona del barrio Congo, donde durante más de 400 metros los altoparlantes destilan la voz de un improvisado presentador que saluda, canta y arenga a cada triatleta. La liturgia, con distinta identidad, se replica en los demás barrios. Si un atleta se detiene, un vecino se arrima y lo anima a continuar. "Acá te respetan. Te cuidan. Por una elección de vida junto a mi marido, vinimos a vivir a La Paz. Él es de acá. Esto es incomparable. Tuve la suerte de viajar a correr a varias partes del mundo y el Ironman 70.3 de New Orleans está yendo por este camino. Hace unos 4 años que arman una fiesta con carteles y música, pero no se acerca ni un poco a la calidez que uno vivencia en La Paz", apunta Brenda Spasiuk, escritora y triatleta, que se ubicó 5» en la general del olímpico amateurs.
Para Roberto Segura, juez nivel 2 de la Unión Internacional de Triatlón y delegado técnico de la Federación Deportiva del Perú, "esta competencia está por fuera de cualquier triatlón. Lo excede porque posee un entorno único e inexplicable", afirma. Pablo Farías, el locutor que aguantó estoicamente las tres jornadas con dos frases que le quedarán grabadas a todo aquel que pase por la zona del puerto. El "Vía, vía, vía" o "La Paz, tierrrrrra (dándole gran énfasis a la r) de triatlón", dos muletillas que se tornan agradables e imprescindibles al oído.
"Este tria es algo único. Aquí han venido atletas de todo el mundo. Buscan esta mística. Es un fenómeno sociológico que se debería estudiar", cuenta Báez, de 50 años, que asimismo es el juez de Paz del pueblo. La noche del domingo sirve como telón de fondo para una fiesta que promete repetirse en enero próximo. Pasaron 30 años y el espíritu y la mística permanecen inalterables.
Entre los triatletas de elite, en hombres se impuso Luciano Taccone (1h59m21s), seguido por Gonzalo Tellechea, el ecuatoriano Juan José Andrade Figueroa, el chileno Felipe Barraza y el japonés Kohei Shimomura. Entre las damas, se coronó Romina Palacio (2h18m42s) y fue escoltada por Elizabeth Bravo, Romina Biagioli, Bárbaro Schoenfeld y María Victoria Rivero.
El bonaerense Taccone, en la etapa de pedestrismo, se hizo insuperable. Corrió por encima de todos sus rivales para acortar la escasa distancia que le llevaban los punteros en el ciclismo. "Estoy contentísimo porque todo fue muy bueno. Hice la natación de mi vida. Salí del parque con la rueda pinchada y tuve la suerte de poder cambiarla rápido. Después tuve una bici tranquila con mucha circulación. Sabía que el trote iba a ser duro. Salí a todo o nada con Gonzalo [Tellechea], me sentí muy mal a lo último, aguanté y pude repetir el triunfo del año pasado", contó a LA NACION.


