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Dentro del salto generacional que el boxeo de nuestro país sufrió en los últimos años, estaba inscripto el nombre de Walter Javier Crücce, tomando la posta de la gloriosa etapa forjada por Locomotora Castro, Látigo Coggi y Julio César Vásquez. Pero la holgada derrota por puntos sufrida por Crücce anteanoche, en Pordenone, Italia, ante el discretísimo Michele Piccirillo, dejó en evidencia el estancamiento que tomó por asalto al boxeador de Las Flores.
A los 25 años, cada vez sepulta más en el olvido su medalla dorada en los Panamericanos de 1995, en Mar del Plata. Por eso, es necesario hablar de dos Crücce. El primero, el Golden Boy, saltó al profesionalismo respaldado por todo el ambiente pugilístico y respondió noqueando a quien tuviera enfrente. Claro, en ese entonces descollaba entre los livianos (61kg200) y el futuro era más que alentador.
El otro Crücce es el de los últimos dos años. Obligado por su tendencia a subir de peso, quedó atrapado entre los welters. ¿Consecuencias? Su talla no es suficiente para transitar por los 66,700 kilos y aquella potencia que destilaba su mano izquierda perdió efecto. La ecuación es sencilla:cuantos más gramos suma su cuerpo, menos velocidad le imprime a sus movimientos. Y así lució sobre el ring del Palazzetto dello Sport de Piancavallo.
La disyuntiva ahora para Crücce es determinar si puede replantear su trabajo para volver a tener una chance internacional. O bien permanecer como una amenaza más en el pugilismo de cabotaje.
Darío Matteoni, campeón de los semipesados de la UMB, peleará el 17 de junio próximo, en Miami, con un pugilista aún por designar, aunque no pondrá en juego su título. Allí también habrá otros argentinos: el marplatense Omar González v. Lloyd Bryant, por la corona de los supermedianos del CIB; el cordobés Francisco Mora v. el mexicano Pedro Ortiz, y la formoseña Marcela Acuña v. la irlandesa Deidre Gogarty, por el título pluma de la WIBF.



