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A mí me gustan los laterales. Hablo de los marcadores de punta. El 4 y el 3, según nuestra numeración. El 2 y el 6, en la nomenclatura brasileña. Jugar de lateral no es para cualquiera. Requiere llenar un formulario bien específico. Un lateral debe rendir varias materias para especializarse: intensidad defensiva en el mano a mano, cierre a la espalda del central tras un pelotazo cruzado, pase para salir jugando, criterio sentido de la oportunidad para atacar, precisión en el centro para complicar rivales y, como si esto fuera poco, definición para terminar las jugadas. Todo un manual para una posición cada vez menos valorada por el ambiente del fútbol. Es cierto, no existe el lateral perfecto. Algunos defienden mejor de lo que atacan y otros atacan mejor de lo que defienden. Pero para "marcar punta" deben manejar estos conceptos. Son pocos los entrenadores que realmente creen en el valor de un lateral que aporte en ataque. Ángel Cappa inspiró a Araujo y a Arano en Huracán. Ahora está logrando que Ferrari y Villagra, productos de la escuela de Central, recuperen la confianza en sí mismos.
En los clubes, los formadores están resignados. Ningún chico quiere probarse en esa posición. Sabe que será la primera pieza sacrificada cuando el equipo vaya perdiendo. En un alto porcentaje de cambios, el delantero entrará por él. La línea de tres centrales ha sido una gran enemiga del puesto. Lo ha obligado a deformarse como carrilero y recorrer los 100 metros de la banda con la exigencia de ser marcador, medio o extremo, según lo que le demande la jugada en ese momento.
Son muy pocos los casos en los que un lateral ha jugado toda la vida de lateral. En el Boca de Tabárez modelo Apertura 2002, Hugo Ibarra y Clemente Rodríguez ejercieron de pistones todo terreno delante del trío Schiavi-Burdisso-Diego Crosa, integrando la mitad de la cancha con el doble pivote Battaglia-Cascini. Juan Pablo Sorín ganó el Mundial Juvenil de Qatar 1995 como zaguero central al lado de Tomatito Pena. Federico Domínguez ocupó la banda izquierda en aquel primer equipo campeón de Pekerman. Placente fue central izquierdo en la última línea argentina en el Mundial de Corea-Japón. Ferrari subió a la mitad de la cancha en River. Morel Rodríguez se metió en la cueva. Adrián González jugó de ocho en Unión y en San Lorenzo. Hoy Cubero integra la línea de cuatro pero ha sido mediocampista central. Mercado y Cahais son los centrales reconvertidos de Racing. Afinando la sintonía, encontramos como ejemplos de perpetuidad a Julio Barraza en Banfield, a Cafú Espínola en Arsenal, y a Maxi Velázquez en Lanús, que también tuvo a un eterno lateral como Rodolfo Graieb, que jugó más de 350 partidos en esa posición. Krupoviesa y Mareque empezaron sus carreras como mediocampistas ofensivos. Germán Ré tiene un pasado como central. Revisando los equipos del campeonato argentino, encontramos muy pocos laterales definidos con cierta trayectoria que estén jugando en el mismo club donde hicieron las divisiones juveniles. Cubero de Vélez, Barraza de Banfield y paremos de contar. Podríamos seguir contando historias de laterales pero vamos a ocuparnos de la selección argentina.
Entre los nueve defensores de la lista de 30, Maradona eligió a un solo pura sangre del puesto: Clemente Rodríguez. Sin problemas de perfil, el hombre de Estudiantes seguramente integrará la nómina de 23. El resto del menú incluye centrales que han marcado punta como los derechos Garcé, Coloccini, Burdisso y Otamendi. Demichelis, Samuel e Insaurralde tienen muy pocos o nulos antecedentes en la materia y son clasificados como zagueros de raza. El zurdo Gabriel Heinze es considerado central y así jugó en Alemania 2006 pero, registra en sus últimos tres clubes (Manchester United, Real Madrid y Olympique de Marsella) más partidos como lateral.
En este rubro, la gran omisión ha sido Zanetti, un caso que vale la pena analizar. Figura importante de este Inter finalista de Europa, il capitano se ha destacado esta temporada como lateral izquierdo y como mediocampista derecho. La irrupción de Maicon ya lo había corrido de lugar. Cuando Christian Chivu ocupaba la banda izquierda, Javier se ubicaba delante del brasileño. La lesión del rumano le generó la vacante del lateral y allí jugó sus mejores partidos. El perfil invertido le sirvió para potenciar su marca en el mano a mano y para limitar su traslado de la pelota, su debilidad. Pero, ¿corresponde sentenciar como lateral puro a un tipo que ha jugado de mediocampista buena parte de su carrera? Creo que esa etiqueta le cabría mejor a Ibarra que a Javier. Quizás el argumento de su comprobada polivalencia sea mejor que el de la declamada especificidad para cuestionar la decisión de Maradona. Pero Diego ya eligió. No contó con él ni en octubre ante Uruguay, ni en marzo ante Alemania. ¿Por qué iba a cambiar ahora? La subjetividad obliga a un ejercicio: ni un entrenador es bueno porque elige los jugadores que nos gustan ni es malo porque no los elige y elige a otros. Los parámetros para analizar su gestión pasan por otro lado. Liderazgo grupal, conocimiento del juego, capacidad para transmitir mensajes, para convencer sobre su proyecto, intuición para reaccionar a la velocidad del partido y, obviamente, los resultados que consiga el equipo.
Gracias a Pablo Quirno vía Twitter (@pabloquirno), descubrí un contexto histórico muy interesante, vinculado con los seleccionados argentinos en los Mundiales.
Arrancamos en Argentina ’78, con el primer campeón mundial, lamentablemente subestimado. Próceres del fútbol argentino, Kempes, Fillol, Luque y el resto no han recibido el reconocimiento que se merecen. ¿Quiénes eran los laterales titulares? Jorge Olguín y Alberto Tarantini. El "alegre" Olguín era un central elegante con muy buena pegada. El Flaco Menotti lo ubicó en el costado derecho. El Conejo recorrió el camino inverso. Lateral sin problemas de perfil, terminó su carrera como central y líbero. Así se destacó en River y sobre todo en el Toulouse francés. Las alternativas eran Pagnanini y Killer (grosso apellido para un defensor argentino) pero no hubo espacio para ellos. Años antes, Daniel Passarella se había negado a jugar de lateral izquierdo en River cuando el zaguero titular era Héctor Artico. Tenía razón. Se convirtió en un central de época. La ecuación no cambió en España ’82. De hecho, Menotti repitió la defensa de cuatro: Olguín, Galván, Passarella, Tarantini. El lateral suplente fue Julio Olarticoechea quien tiene un récord espectacular: no perdió ninguno de sus 12 partidos que jugó en Copas del Mundo (gracias @2010MisterChip por este dato) El Vasco de Saladillo no jugó minuto alguno en 1982 y tampoco estuvo en las derrotas ante Camerún y Alemania en 1990. ¡Marche el asiento 1 F para él en el avión a Pretoria! Del glorioso México ’86, recordamos a Brown como líbero y los stoppers Cuciuffo y Ruggeri. Armaron la línea de tres desde el partido contra Italia con Garré sobre la izquierda hasta su segunda amarilla contra Uruguay. Luego entró el talismán, más volante que lateral, y no salió más. Sin embargo en el primer partido ante Corea, la defensa incluyó dos marcadores de punta bien definidos: Clausen y Garré. Pasaría mucho tiempo para encontrar otra argentina línea de cuatro con dos laterales en Mundiales. En 1990, se profundizó el modelo 3-5-2. Bilardo armó una lista con seis centrales (Bauza, Fabbri, Simón, Serrizuela, Monzón, Ruggeri) y dos centrales-marcadores como Lorenzo y Sensini. Pero no había ningún lateral puro. Basile regresó al formato clásico en 1994. Sus laterales titulares fueron Sensini, quien ya ejercía de central en Italia, y Chamot. Hernán Díaz, con mucho mediocampo en sus primeros años de carrera, sirvió de variante. Años más tarde, el Flaco Chamot se transformaría en zaguero central. Así lo vimos durante el Mundial de Francia con línea de tres y en el partido del desencanto ante Suecia en Japón como líbero. En 1998 y 2002, el equipo se defendió con línea de tres. Zanetti y Simeone ocuparon los laterales con Passarella en Francia mientras que el propio Javier y Sorín (o Kily) se encargaron de las bandas con Bielsa. Nelson Vivas, Mauricio Pineda y Diego Placente salieron de su especialidad y se vistieron de marcadores o de mediocampistas. En 2006, Pekerman volvió a la línea de cuatro, con Sorín bien definido de lateral izquierdo. Si bien había hecho un Máster en el puesto en tierras brasileñas (Cruzeiro), en Villarreal ya jugaba de volante por delante de Arruabarrena. Pero lo consideramos un lateral de toda la vida. José descartó a Zanetti para el costado derecho y llevó un grupo de defensores que alternaron en el puesto. Burdisso jugó contra Costa de Marfil y Serbia y Montenegro. Se lastimó ante Holanda y apareció Coloccini. Contra México en octavos recurrió a Scaloni. Y ante Alemania volvió Coloccini. Dos zagueros y un volante reconvertidos a lateral.
"No quiero que Otamendi y Heinze lleguen hasta el fondo. Para eso tengo a Jonás y a Di María", fundamentó Diego en la riquísima y bien futbolera nota con Fernando Niembro en Ezeiza. Maradona quiere que los laterales marquen en ataque, presionen lejos de su arco y cierren a la espalda de su central en el pelotazo cruzado. "Si tuviera a los de Brasil, los tiraría a la cancha" dijo también en referencia a Maicon, Dani Alves, Gilberto y Bastos, quien en Olympique de Lyon juega de wing izquierdo. Dunga se dio el lujo de dejar a afuera a los zurdos Marcelo y Maxwell, titulares en Real Madrid y Barcelona respectivamente. Con tres zagueros o con un volante central retrasado armando el triángulo con los dos centrales, Brasil históricamente ha reivindicado el valor ofensivo del lateral que sorprende. Desde Carlos Alberto hasta Cafú, desde Junior hasta Roberto Carlos, nunca han roto la tradición. Con su elección, Diego no rompe nuestra costumbre. La prolonga. A nosotros, no nos gustan mucho los laterales.



