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Una inyección anímica vital recibió Los Andes para mitigar sus padecimientos, con el triunfo ante Lanús por 2 a 1.
Hacía 12 años que el equipo de Lomas de Zamora no se imponía en este clásico lugareño y lo consiguió con las últimas bocanadas de oxígeno de un encuentro que tuvo imprecisiones y desatenciones por doquier.
La derrota que sufría frente a Huracán, al suspenderse el cotejo en la quinta fecha, con cuatro expulsados y un lesionado que diezmaron al reducido plantel de Los Andes, había minado las reservas anímicas y futbolísticas.
Por ello, cuando el Chupa López anticipó con una palomita a los defensores locales, para poner en ventaja a Lanús, a nadie sorprendió. Se pensaba que era lo lógico. Que los visitantes no tendrían mayores inconvenientes para imponerse y por un resultado abultado, como en el torneo Apertura -6 a 0-, cuando el actual entrenador de los locales, Miguel Angel Russo, dirigía a los granates.
Es más, el gol llegó por una jugada con pelota detenida -córner de Sarría-, una de las maneras en que más le convirtieron a Los Andes y que aún no supo corregir. Pero, después, surgió lo que verdaderamente sorprendió: los cambios de actitudes.
En el primer período, los dirigidos por Héctor Veira no atacaron demasiado, pero sí lo suficiente para aumentar la ventaja. Diego Klimowicz las desperdició. En tanto, Los Andes se entretenía con la pelota, con voluntad, aunque sin profundidad ni ideas claras de lo que pretendía.
El tiempo transcurría y Lanús evidenciaba serias flaquezas, que ni la desesperación de su técnico pudo modificar, que tampoco supo a qué se debieron. ¿Exceso de confianza?, ¿falta de concentración o de motivación?, ¿simples distracciones? ¿el estigma de perder siempre de visitante? Lo cierto fue que ayudaron a la reacción y al cambio de actitud que impulsó a Los Andes a presionar contra el área adversaria, en la segunda etapa, conocedor de sus propias limitaciones y de sus urgencias para salir de terapia intensiva en la que está internado por la enfermedad del descenso.
El ingreso de Ezequiel Maggiolo, también, gravitó en la mayor potencia que mostró el vencedor en su recuperación, porque desbordó al atribulado Denis Caniza y le dio velocidad al ataque. Además, el conjunto local supo aprovechar muy bien las desinteligencias defensivas adversarias para encontrar el camino al gol. Así, Juan Rochi, primero, y Felipe Desagastizabal, en tiempo de descuento, marcaran los tantos que lo llevaron al primer éxito en el torneo Clausura.
Si hay vida, hay esperanza, dicen en Los Andes, conscientes de que lo de ayer sólo fue un analgésico.

