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Los separa un abismo. Al menos, en el juego de las diferencias, Boca se consolida en la búsqueda de un título largamente postergado y River comienza la aventura de la reestructuración desde sus cenizas, en la aventura del ascenso. Sin embargo hay, al mismo tiempo, un mar de coincidencias. Boca y River, aunque no lo parezca, siempre están cerca. Muy cerca. Entre tantos asuntos, sus enemigos íntimos les juegan en contra. Boca está atrapado en el laberinto de los violentos, como tiempo atrás lo ha sufrido River. Y River padece de fantasmas en sus entrañas, como tiempo atrás lo ha sufrido Boca. De las rencillas mediáticas entre algunos de sus integrantes a las supuestas celebraciones mediáticas entre algunos de sus jugadores. De algún modo, Boca y River se parecen. Más de lo que los poderosos creen. Solo basta echar un vistazo en su interior.
Boca es el cómodo líder del Apertura. ¿Qué debe ocurrir para que no consiga el título? Un colapso deportivo propio. Porque ninguno de sus adversarios tienen el valor de apremiarlo. Tiene una sólida estructura en la que salen piezas que son reemplazadas, casi, casi, con el mismo poder de fuego. Es una cuestión de tiempo el campeonato. Un puñado de fechas, nomás. Sin embargo, el enemigo lo tiene dentro. Los personajes violentos que supo cobijar años atrás (también, con las supuestamente exitosas gestiones de Mauricio Macri y Pedro Pompilio) amenazan la serenidad del líder. Sus desventuras tal vez salpiquen las últimas páginas del torneo. En el medio, el contexto juega su juego. Las próximas elecciones tendrán su efecto detrás de la peligrosa acción de los barras. Según como actúe cada candidato (hasta hoy, sólo preparados para captar voluntades, sin fortaleza para transformar las tribunas) se sabrá hacia dónde viaja Boca. Entre violentos, apetencias políticas y un equipo que va hacia adelante. El enemigo lo tiene dentro el Boca futbolero. Sus rivales de cabotaje no le llegan a los talones.
River supo (sabe, todavía, en realidad) de miserias dirigenciales. De barras bochornosos. Antes y después de la gran caída, los dedos acusadores se mantienen. El River futbolero trata de descubrir el equilibrio en su mundo nuevo, el de la B Nacional. Sin embargo, así como a Boca lo aprisionaban divisiones mediáticas de los ídolos, en River los cócteles de la farándula (sean engañosos, sean verídicos, sean inventados) lo hacen, de algún modo, perder el foco. El de volver a primera. La muestra la brindó Matías Almeyda días atrás: perdió demasiada energía en desmentir una historieta. Verdadera o... no.
Boca es el líder y River, el protagonista. Cada uno con su estilo, en su torneo. Sus principales fantasmas no son sus adversarios. Están en su interior.
aruya@lanacion.com.ar


