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En Los Hornos, La Plata, comenzó a edificar sueños. Jugaba con la ilusión de ser futbolista profesional y miraba a su hermano Leandro, tres años mayor que él, como el sendero del anhelo. Estudiantes fue ese intento esperado, pero Cambaceres resultó el primer paso, de canchas duras y llenas de pozos. Fue Boca la puerta que parecía darle la gran oportunidad, pero no iba a ser tan fácil. Apareció Noruega y con apenas 17 años agarró su valija y tomó vuelo. Siguió intentando hasta que Chile, en Universidad Católica, resultó el trampolín. Lo miró Genoa de Italia, se lo llevó, pero pegó la vuelta porque Vélez tenía un lugar reservado para él. Y desde 2012, en silencio, comenzó a llamar la atención. Desde entonces Lucas Pratto es la carta de gol del Fortín y un hombre determinante, tanto que fue elegido el mejor jugador de 2013 por los hinchas que votaron en el sitio oficial del club ( www.velezsarsfield.com.ar ).
Con 25 años, se mueve con la experiencia de un veterano y dentro del campo con la destreza propia de un atacante de otra fisonomía física. "Fue un muy buen año para mí. La final que ganamos en Mendoza (por el duelo ante Newell's) tuvo un sabor agridulce después de haber hecho un mal primer semestre. En el segundo semestre hicimos un buen torneo más allá de la pelea del campeonato que fue atípica con pocos puntos. De todas formas tuvimos la chance hasta lo último de ser campeones. Estoy muy contento a nivel personal, pero a nivel grupo sabemos que podemos dar mucho más. Confío mucho en este plantel."
-¿Sabés que ahora te miran todos en el fútbol argentino? ¿Te sorprende?
-La verdad es que me pasa que hay veces que me sorprendo yo mismo, porque sé que hay cosas que estoy haciendo ahora, porque antes las características del equipo eran otras, que me permiten mejorar. Confío mucho en mí. Los buenos momentos fueron buscados. La verdad es que no me interesa mucho que se hable de mí, no digo que no me gusta, pero no es algo que persigo. Lo que más busco es ser útil para el equipo.
-De aquel pibe que empezó en Cambaceres, llegó de la mano de Palermo a Boca para una prueba, ¿qué cambió para este jugador consolidado?
-Trato de escuchar mucho y de aprender a cada paso. Sobre todo cuando cometí errores, siempre escuché a los que me quisieron ayudar a corregirlos. Y cuando las cosas las hacés bien, está bueno que te lo digan también. Mi familia o mi representante fueron los que me ayudaron cuando todo salía diferente a lo que esperaba y hoy soy un jugador totalmente diferente a lo que era en inferiores. Antes era un centrodelantero metido en el área, de apoyar mi juego en la potencia física. Quizás ahora me siento más cómodo de frente que de espalda a la cancha. Además, la visión de juego y la técnica la evolucioné. Eso te lo dan los partidos y los entrenamientos.
-¿Cuáles son los errores que sentís que cometiste?
-Tener tanta ansiedad. Quizá lo que estoy haciendo ahora lo pretendía hacer cuando tenía cinco partidos en la Primera y me fastidiaba porque no me salía. Y en la semana me la pasaba enojado y no entendía que lo que tenía que aprender me iba a llevar tiempo. Yo lo quería aprender en una semana. Pero me hablaron muchos y me ayudaron a tranquilizarme. Porque no es lo mismo jugar en la Primera que en la reserva o las inferiores. Fui aceptando todo eso y quizás eso sea el error más importante que cometí.
-¿Cuánto te ayudó compartir espacio con Palermo, haber tenido en Chile un entrenador como Pizzi y haber estado con Gareca?
-Todos me ayudaron, me aconsejaron y me dieron mucha confianza, Juan (Pizzi) y Ricardo (Gareca) me hicieron sentir importante. Además, tuve la suerte de estar en Italia con Gilardino, que es un nueve que salió campeón del mundo. Cuando los tenés de compañero hay un poco más de confianza para preguntarles cosas. A Martín (Palermo), le he preguntado muchas cosas y a Gilardino también. Quizá me interesaba conocer cuestiones de posicionamiento, saber qué hacen ellos dentro del área. Cuando están por tirar un centro qué hacen, porque cada delantero es diferente. Gila era de esperar en el medio o a veces picar al primer palo a buscar y Martín me decía que era todo segundo palo, que se sentía muy cómodo ahí. Y lo más importante es dónde se siente uno cómodo como delantero. Yo intento ir por el punto del penal porque es donde me siento más cómodo.
-¿Qué encontraste en Vélez para que se vea lo mejor de Pratto?
-Mucha confianza del cuerpo técnico y de mis compañeros. Y tranquilidad desde lo dirigencial. Que si se pierde un partido no entra todo en una locura. Vélez está acostumbrado a pelear por el título, pero sin histerias.
-¿Y la propuesta en la cancha?
-Tenía ofertas de otros clubes, pero mi idea era estar en un equipo que sea protagonista y juegue bien. Vélez tiene todo eso. Y la importancia que te da el club te convence. A mí me llamó Bassedas y él me dijo que su intención era sumarme a mí al equipo y no a otro jugador y eso te hace sentir bien, importante. Te da confianza. Y lo que hace el equipo es fundamental: presión alta, sacarle rápido la pelota al rival y jugar a ras de piso, es lo que todo futbolista pretende.
-Después de tanto recorrido en el fútbol, ¿se valora diferente cada cosa que conseguiste?
-Valoro todo, lo bueno y lo malo. Con todo lo que me costó llegar donde estoy, aprendo a valorar cada cosa. Hice de todo un poco. Hay determinaciones que son difíciles, como cuando me fui a Noruega con 17 años. Allá aprendí mucho, desde lo personal. Todo me suma. Creo que si no hubiese pasado por momentos más complicados, no sería la persona y el jugador que soy hoy.
-¿Ayuda a madurar?
-Todo. Cada lugar por el que uno pasa lo hace. Me ha pasado en Italia, cuando el equipo no andaba bien y estaba solo y veía todo mal. Pero después pensaba en todo lo que me había costado estar ahí, en una de las mejores ligas del mundo. Eso te tranquiliza y te ayuda a aprender que uno se puede defender solo y crecer.
-Después de todo este crecimiento, ¿querés volver a Europa para tener revancha?
-Volver a Europa siempre está latente. Uno quiere estar en las mejores ligas del mundo, pero no tengo sed de revancha, lo que quiero es volver a estar entre los mejores. Porque estuve en Italia y la pasé bien y me gustó jugar en el calcio. Pero la verdad es que estoy muy bien acá y si no llegase a volver a Europa, no siento que me haya quedado algo pendiente. Pero también sería una mentira si digo que no me gustaría volver, porque sé que ayuda desde lo económico, uno crece deportivamente estando en el alto nivel y hasta ayuda, si existe alguna vez una chance, de estar bajo la mirada de la selección. Sería mejorar en mi carrera.
