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RIO DE JANEIRO (De nuestros enviados especiales).- Imagine que en el mejor momento del seleccionado argentino de básquetbol, el DT Rubén Magnano hubiera decidido marginar, cinco días antes de un torneo, a Pepe Sánchez por una discusión acerca de cómo repartir el premio de un certamen. Pues algo así es el escándalo que sacude al deporte brasileño por estos días: el mejor seleccionado del mundo en la actualidad (de todos los deportes de conjunto) está envuelto en una severa crisis, a causa de que Bernardo Rezende, entrenador del equipo verdeamarelho de voleibol, marginó a Ricardinho, el mejor armador del planeta, porque no se habrían puesto de acuerdo en cómo repartir el millón de dólares que ganó Brasil por ganar la Liga Mundial, hace diez días.
Todo comenzó luego de que Brasil venciera a Rusia en la final de la Liga Mundial, en Katowice, Polonia. Ese día, Ricardinho fue la figura y se llevó el premio al Mejor Jugador. Las discusiones comenzaron en el vuelo de regreso: Ricardinho habría expresado que el millón de dólares debía distribuirse entre los jugadores y Bernardo decía que el cuerpo técnico debía participar en el reparto. Eso se sumó a la demora del armador en incorporarse a las prácticas para los Juegos Panamericanos.
Y si bien no es la primera vez que el capitán y el DT discuten (ambos tienen personalidades muy fuertes), esta vez Bernardo se cansó de los desplantes de Ricardinho. Y lo separó del plantel, como para dejar en claro (hacia afuera y hacia adentro) quién manda. Pero hay un dato que alimenta el morbo mucho más: para reemplazarlo, convocó a Bruno Rezende, su hijo. Hay coincidencia en que se trata del tercer armador de Brasil, y nadie duda de que era la elección correcta, pero algunos cuestionan la falta de "tacto" del entrenador.
Lo cierto es que la medida quizá no le haya resultado positiva. En principio, porque Giba (que vendría a ser nuestro Ginóbili) se mostró molesto con la decisión y ya dio señales de que tomó partido por Ricardinho. Además, en el estreno del equipo -anteanoche, con Canadá- hubo carteles reclamando el regreso del jugador. Incluso se escucharon algunos pocos abucheos cuando por los altavoces se nombró a Bernardo. Y el equipo sintió la ausencia de esas pelotas rápidas tan características del armador.
Sea como fuere, las críticas al DT suenan algo injustas: este grupo de jugadores sólo empezó a ganar todo, cuando Bernardo tomó el equipo, en 2001. Antes ya eran buenos, pero siempre se frustraban. Acaso el día que Bernardo deje su cargo apreciarán lo que le aportó al voleibol brasileño. Y lo extrañarán, como en la Argentina muchos extrañan a Rubén Magnano.



