Marc Márquez: el piloto y la leyenda suman ocho coronas y van por nuevos récords

La bola 8 se coló en la celebración del español; el festejo estuvo organizado por sus fans
La bola 8 se coló en la celebración del español; el festejo estuvo organizado por sus fans Fuente: AFP
Alberto Cantore
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6 de octubre de 2019  • 23:59

El cartel, en la recta principal del circuito de Buriram, rezaba "Larga vida al rey". Se trataba de una imagen imponente de Maha Vajiralongkorn, actual representante de la monarquía tailandesa, el décimo de la dinastía Chakri. El Gran Premio de Tailandia, el decimosexto del calendario de MotoGP, coronó al monarca de la categoría. Ratificó al hombre que ya es leyenda, al piloto que no persigue récords, aunque no deja de derribar registros. Marc Márquez lo hizo a su modo, con su estilo: con victoria, después de ensayar un duelo con el francés Fabio Quartararo, que enseñó un desenlace de corazones agitados. El catalán está invitado a reescribir la historia del motociclismo: ocho coronas, seis de ellas en MotoGP, con apenas 26 años, empujan a imaginar que puede trazarse y cumplir objetivos a largo plazo.

Llegó a la cita con una única meta: lanzar un ataque definitivo por el título, ese que en MotoGP, entre 2013 y ayer, solamente se le negó en 2015. Su recorrido desborda éxitos: 79 triunfos en 201 carreras, una cifra que provoca asombro para el resto, menos para el de Cervera. No falta épica a sus conquistas, la tiene la reciente corona. El viernes, cuando restaban cinco minutos para la finalización del primer entrenamiento en el circuito tailandés, el neumático trasero de la Honda enseñó una fuerte sacudida y el piloto salió despedido, sobre la escapatoria de la Curva 7 del dibujo de Buriram. Una durísima caída; anteayer, sumó una nueva: menos espectacular y riesgosa, la undécima del curso. Pero la agresividad y el arrojo, en oportunidades en el fino límite entre lo permitido y lo desaconsejable, describen su ADN, reflejan la competitividad de quien fue un pionero en rozar los codos con el asfalto en las curvas: Márquez se inclina hasta los 66 grados, un ángulo con el que prácticamente desafía la gravedad.

Un triunfo le aseguraba el título; llegar por delante de Andrea Dovizioso (Ducati), su principal contendiente en la pelea por la corona, también. Pero Márquez es un inconformista, alguien que de adolescente demostraba de qué madera estaba hecho: en la vuelta de formación en una carrera en Portugal se fue al piso; cayó, pero sin soltar la moto. Partió último, adelantó a todos y firmó la victoria. Una actuación de película, aunque el catalán, al bajarse, no estaba feliz: "Cometí un error de principiante", dijo; apenas tenía 17 años.

La octava corona agiganta la era Márquez en el Mundial de motociclismo. No es el primer piloto en lograr la marca, aunque sí el más joven. Giacomo Agostini acumuló 15 títulos, aunque tenía 28 años al momento de la 8va; Ángel Nieto exhibe 13; Valentino Rossi, con 9 títulos, es la referencia entre los que están en actividad, aunque Il Dottore no logra uuna corona desde hace una década. Con 40 años, los recuerdos de Márquez son variados para el italiano: desde la visita en Montmeló, cuando Marc tenía 15 años y le obsequió un coche en miniatura, a las batallas de las recientes temporadas en las que el catalán demostró haber bajado definitivamente el poster del ídolo. Ahora, la mayoría prefiere el del N°93, que no es más que el año de su nacimiento.

"Es muy joven, pero cuenta con mucha experiencia. Está muy cerca de firmar la temporada perfecta", le aventuró Rossi, antes del GP de Tailandia. Las palabras de Il Dottore exigen repasar que el inicio de año resultó una prueba de manejo y temple para Márquez: "El hombro estaba peor de lo que nadie esperaba. Lo pasé mal, tuve lesiones antes [en 2018 participó con una lesión crónica], pero esta vez la pasé mucho peor. Como para que pida quedarme dos días más en el hospital", comentaba con una sonrisa, cuando el equipo Honda lo presentaba junto con Jorge Lorenzo y Álex Crivillé.

Debutó en 2008; cargaba con la corona en 125cm3, en 2010, y Moto2, en 2012. Era un piloto prometedor, al punto que en la temporada de estreno ganó seis veces y quebrantó una regla que llevaba 63 años escrita: debutar y ser campeón. Las estadísticas no le interesan. Rehúye tanto que cuando le preguntan por algún nuevo récord, le gusta contestar que "los datos de los logros sirven para recordar que el tiempo pasa volando".

Los integrantes del Repsol Honda Team aseguran que Márquez no tiene demasiadas manías, aunque sigue ciertas rutinas: comer dos horas antes de la carrera para ver competir a su hermano Alex en Moto2, no conversar fuera de la zona restringida, calzarse primero el guante derecho. No son esas performances las que le posibilitaron vencer en 9 carreras, marcar la misma cantidad de poles o treparse al podio en 14 de los 16 GPs en 2019. "Mirando la ventaja se puede pensar que el campeonato es aburrido, pero muchas carreras se decidieron en la última vuelta", resaltó Márquez, el mismo que al arribar a Tailandia confesó que su deseo era empezar a pensar en 2020. Ya puede enfocarse.

Súper TC 2000 en Mendoza: Canapino, en la pista; Rossi, en el campeonato

Por dos ejes transitó el Súper TC2000 en la 9na fecha del calendario. Mendoza fue escenario de una jornada doble que descubrió a Agustín Canapino (Chevrolet Cruze) como inobjetable ganador en la pista; el arrecifeño firmó la pole y se trepó en ambas carreras a lo más alto del podio. Pero también Matías Rossi (Toyota Corolla) se marchó del circuito con una sonrisa, satisfecho, con aire triunfador: con la 10ma posición del sábado por la tarde y la 5ta que obtuvo ayer, aumentó a 14 los puntos de ventaja (134 a 120) sobre Leonel Pernía (Renault Fluence) en la pelea por la corona.

Canapino tuvo en los podios a los mismos laderos: su compañero de estructura Bernardo Llaver y Mariano Werner (Fiat Tipo); lejos de la puja por el título, rubricó los primeros éxitos en 2019, temporada en la que Chevrolet fue arrollado por Toyota y Renault. Un aliciente para los 200 Kilómetros de Buenos Aires.

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