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RALEIGH, Estados Unidos.– En el día siguiente del terremoto que provocó en el mundo del atletismo la confesión de Marion Jones sobre su consumo de sustancias prohibidas durante varios años, se sucedieron las reacciones conmovidas, casi todas duras hacia la figura de la atleta norteamericana. Tal vez la más fuerte, por su contenido y por la entidad de quien la emitió, provino del presidente de la IAAF (Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo), Lamine Diack: “Marion Jones será recordada como uno de los mayores fraudes en la historia del deporte”, señaló el dirigente.
“Es una tragedia... Me siento profundamente decepcionado de que una atleta con las inmensas condiciones naturales de Jones cayera en las manos corruptas de un distribuidor de droga como Victor Conte... Si ella hubiese confiado en sus dones y los hubiese aliado al sacrificio y al trabajo duro, creo que podría haber sido una campeona honesta en los Juegos de Sydney”, continuó Diack, en un comunicado distribuido ayer a la prensa. La alusión es al fundador y presidente de Balco, el laboratorio que fue eje de un escándalo y de la consiguiente investigación por su presunta provisión de drogas prohibidas a varios atletas de elite. Y fue Sydney 2000 el lugar y el momento de mayor esplendor profesional de la atleta, que hoy tiene 31 años: en esos Juegos Olímpicos, la norteamericana ganó las medallas doradas en los 100 y 200 metros, y en la posta 4x400.
“Mucha gente creía en los logros de Marion Jones; su confesión deja un sabor amargo y daña la imagen de un deporte en el que la mayoría de los atletas es limpia y honesta”, prosiguió Diack, que se mostró optimista sobre la pelea contra el consumo de sustancias vedadas en el deporte: “Juntos lo sacaremos de donde sea que muestre su fea cabeza”.
El propio Conte hizo ayer una referencia al caso, limitada a la situación particular de Jones: “No siento ninguna sensación de reivindicación. Estoy muy triste por Marion y por su familia. Estoy seguro de que su dolor es grande, y ellos están en la necesidad de recibir un perdón. Todos hemos tomado decisiones pobres en nuestras vidas y hemos sufrido las consecuencias. Marion no es una mala persona”, señaló.
La novedad, como era de esperarse, sacudió al ambiente deportivo de todo el mundo y fue ampliamente reflejada por la prensa y por personalidades vinculadas con el atletismo y con la lucha contra el doping. En una muestra de la sensación que provocó la noticia entre el público norteamericano, una encuesta del diario USA Today en que se preguntaba si Jones debería ser forzada a devolver sus medallas arrojó un 76 por ciento de respuestas afirmativas. Y las referencias crudas se multiplicaron: “Cuando algo parece demasiado bueno para ser cierto, probablemente lo es”, dijo Dick Pound, titular de la Agencia Antidoping Mundial, en una irónica alusión a las conquistas de Marion Jones, ahora sepultadas bajo la execración pública.

