Mayweather le puso fin a un ciclo lleno de arte y eficacia

Osvaldo Príncipi
Osvaldo Príncipi PARA LA NACION
Fuente: AP
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13 de septiembre de 2015  • 22:27

El estadounidense Floyd Mayweather (66,200 kg) cumplió con todas las metas que se propuso desde que decidió ponerse los guantes de boxeo por primera vez, siendo un niño, no sólo para derrotar a sus adversarios en el ring, sino también para sortear todas las adversidades que debió vivir desde pequeño, con el desmoronamiento de su hogar por inconducta de su padre, Floyd Sr., que paradójicamente perfeccionó en él, con sus clases en el gimnasio, el don natural que lo convirtió en un atleta maravilloso y millonario.

A los 38 años y ante 13.395 espectadores que sobre la hora respaldaron su "pelea despedida" ante el haitiano-americano Andre Berto (65,700 kg), a quien le ganó con una solvencia magistral los 12 rounds realizados anteanoche en el hotel MGM de Las Vegas, removió la historia del boxeo al equiparar las 49 victorias consecutivas y el retiro de esta actividad en condición de campeón mundial invicto, que sólo su compatriota Rocky Marciano había gestado hace más de medio siglo.

  • ¿Cuál es el crédito que tiene esta hazaña y cuál es su valía en comparación con los grandes héroes del pasado?

La legitimidad del quíntuple campeonato de Mayweather y de sus 21 combates titulares es absoluta, certera y brillante. Adaptó un físico de peso pluma (57 kg) a las necesidades requeridas por los promotores de este deporte y a exigencias que lo llevaron a pelear magistralmente ante oponentes de 69 kilos, a los que venció en modo deslumbrante. Tales los casos del mexicano Saúl Álvarez y el puertorriqueño Miguel Cotto, tiempo atrás. Reivindicó el arte del boxeo, recuperando la valuación de los sistemas defensivos, del esquive milimétrico, del valor del movimiento de piernas y de la calidad de los golpes, descartando las maniobras torpes y los "tiros al aire" a la hora de entrar en acción.

  • ¿Qué significa Mayweather para el pugilismo moderno?

Un boxeador colosal que registró un estilo propio, artesanal y técnico. Exclusivo para la valuación de los críticos en extinción. Con una artística traslación de piernas, tan espectacular o efectiva como las de Ray Sugar Robinson o Sugar Ray Leonard, pero sin la estructura ni el desarrollo físico y muscular de estos próceres, que convirtieron cada uno de sus combates en cuentos épicos e incomparables.

Mayweather es el mejor boxeador universal del siglo XXI. Quebró hace tiempo su puja, competitiva y personal, con el filipino Manny Pacquiao -a quien venció en un match decepcionante, realizado fuera de tiempo y con un marcado desgaste en ambos- y posesionó un período dominante en el boxeo moderno; como lo hizo Alí en los 70; como "Los fabulosos 4": Marvin Hagler, Sugar Leonard, Roberto Durán y Thomas Hearns, en los 80; Mike Tyson , posteriormente, y Oscar De la Hoya, en el último fragmento del siglo XX.

Mayweather capturó el presente; peleó con todos, no esquivó a nadie y cedió ego y conveniencias para acordar los cotejos con los más entonados (Diego Corrales, Arturo Gatti, José Luis Castillo, Zab Judah, Shane Mosley, Oscar de la Hoya , Saúl Álvarez, Miguel Cotto, Marcos Maidana y Manny Pacquiao). Lo mejor estuvo ante él.

No hay sucesores a la vista y su ausencia será gravitante para la industria pugilística.

  • ¿Puede ser comparado con los mejores altetas?

Al menos tiene derecho a un debate abierto, con estrellas del calibre del velocista jamaiquino Usain Bolt , múltiple campeón olímpico y mundial; con el nadador Michael Phelps , récord en logros olímpicos; el basquetbolista Kobe Bryant , el más popular de Estados Unidos, o el tenista suizo Roger Federer , por su vigencia exitosa con una idolatría sin fronteras. Mayweather y su obra compiten con ellos.

  • ¿Su semestre en prisión, en 2012, afectó su carrera?

Manchó su perfil, fortaleció su mente y acrecentó su consumo por parte del público. Muchos, enfurecidos por sus malos hábitos de convivencia y violencia doméstica que lo llevaron a tal situación. Y otros, fieles a su carrera; disidentes con la medida de la justicia, por considerarla persecutoria con su condición de "negro, poderoso y rico". Algo frecuente en el peregrinar de los hombres de color. Desde el mítico Jack Johnson, en 1910, hasta el díscolo Mike Tyson, en estos días.

  • ¿Qué será de su vida? ¿Volverá al ring?

Su adiós parece ser definitivo y no hay oponentes a la vista para motivar un cambio. Sólo la presión del hotel casino MGM, que prepara la inauguración de su nuevo estadio, con capacidad para 20.000 espectadores, para mayo de 2016, podría modificar una decisión que parece inamovible. Trabajar su ego será la misión de los magnates.

Afronta, por su arrogancia y su orgullo desmedido, un riesgo constante que implica desafiar permanentemente a la prensa y a los medios, ridiculizando constantemente su valía, su formación y sus dominios. Ello lo llevará lentamente a una caza destructiva de su imagen, su persona y sus círculos cercanos. Participa de un juego peligroso, tendiente a repetir los capítulos más tristes de la vida de Mike Tyson, y sería penoso que ello ocurriese. No lo merece, por su obra solemne. No será fácil volver a ver una joya como ésta en los próximos tiempos del boxeo.

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