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Gol de Sergio Martínez, victoria de Boca. En 1992, sus tantos le proporcionaron al equipo de Oscar Tabarez, lograr el campeonato.
Gol de Sergio Martínez, tranquilidad de Boca. En 1997, sus goles le aportan tranquilidad al conjunto de Héctor Veira. Manteca ya lleva convertidos 75 goles y hoy se juega su permanencia en la entidad de la Ribera. A igual repertorio; distintas sensaciones.
-¿Estás en tu mejor nivel?
-No, todavía me falta y mucho. Estoy trabajando todos los días. Tengo a los médicos y a los preparadores físicos del plantel que me están ayudando constantemente. Y no puedo aflojar, no puedo dejar el gimnasio. Tengo que seguir trabajando por lo menos un año más.
-Hay muchos que afirman que uno cumple determinados ciclos en la vida. ¿Vos creés en eso?
-Sí, puede ser que exista eso para algunos jugadores. Ya van a ser cinco años que estoy en el club y bueno... puede ser también que se termine mi ciclo...
-¿Es un pálpito o sucederá en un futuro cercano?
-Uno siempre piensa en mejorar. Depende de sus propias cualidades para hacer una buena campaña. Allí es cuando nace la posibilidad para irse al exterior o de mejorar y hacer un buen contrato en Boca.
-Cuando las cosas no te iban bien, ¿pensaste en irte de Boca?
-No, no en irme. Porque no me hubiera gustado irme sin jugar. Es difícil irte sin jugar, sin demostrar quien sos... Además, acá el hincha vio a dos Martínez: a uno que tuvo la suerte de hacer muchos goles y a otro que por momentos ni al banco iba porque no era tenido en cuenta. Pero para mí es difícil irme de un club sin jugar.
-¿Cuánto creés que te falta para estar diez puntos?
-Y, me falta. Siempre quiero dar más, sino sería un conformista. Porque hice cuatro goles te quedás con esa imagen y no es así. Tenés que trabajar para dar más.
-Te reconciliaste con la gente también después de aquellos cuatro goles no festejados a Huracán de Corrientes...
-Yo nunca tuve problemas con la gente de Boca. La verdad es que uno camina por la calle y recibe el afecto de los hinchas, te piden autógrafos y te alientan para que hagas goles, mismo cuando no jugaba... Son momentos en que hacés lo que te indica la cabeza o el corazón, cuando se te da por saltar carteles o treparte al alambrado... Hay que estar ahí para vivirlo.
-¿El Bambino te dio la oportunidad en el momento justo?
-Uno siempre quiere jugar. Yo quería jugar desde el principio este campeonato pero ellos entendieron que me faltaba un poco. Conscientemente sabía que podía jugar pero que quizás no los terminaba los partidos. Físicamente estaba para un sólo tiempo. Después, la oportunidad llegó.
-También en la época de Bilardo estuviste cerca de volver. ¿En aquella oportunidad te exigieron más de lo que podías rendir?
-Estaba para volver. Pero quizás uno por la desesperación de estar hice algunos trabajos que no los tenía que hacer y bueno... me perjudicaron.
-De los 75 goles que hiciste en la primera de Boca ¿De cuáles te acordás más?
-No me viene ninguno en especial a la mente, esperemos que sea el que viene... Quizás los que hice ante River, por la importancia que tiene el superclásico. Pero vamos a contar el que viene...
-¿Cuánto más le podés dar al hincha?
-Me quedaría en Boca toda la vida, uno es consciente de que es difícil, pero me gustaría quedarme acá y hacer goles toda la vida y quedarme para siempre. Yo acá me siento como si estuviera en mi casa.
-¿Cuáles son tus metas más próximas?
-Algún día poder jugar en Europa -Italia o España-, es algo pendiente en mi carrera.
-En 1993 se había hablado mucho sobre esa posibilidad.
-Sí, en esa oportunidad no se pudo dar y bueno, habrá que esperar.
-¿Hoy se puede repetir esa posibilidad?
-Las puertas siempre están abiertas, depende de uno si hace las cosas bien y si las aprovecha o no. Ah!, También tenés que esperar que aparezca Jesús y te toque con la barita mágica...
La floja campaña de Boca no despierta pasión, no tienta a pecar como hincha y menos aún a alentar a un equipo que no contagia entusiasmo.
Sin embargo, el simpatizante -aunque en poca medida- estuvo allí, expectante a lo que sucediera con los once futbolistas que vestían el color de sus amores, pese a que en ellos no encuentran aún un referente futbolístico de la talla de Marzolini, Mouzo o Pernía.
Todo estaba dado para que los hinchas despidan con silbidos a los dirigidos por Héctor Veira, más aún cuando Facundo Sava dejó en silencio a los seguidores locales. Pero ocurrió lo contrario. Desde la tribuna que le da la espalda a la Casa Amarilla, la hinchada alentó como nunca y Boca reaccionó con una goleada.
Por momentos jugó bien, sobre todo cuando Gimnasia se quedó con diez jugadores por la expulsión de Dueña, y cuando no lo hizo conservó el protagonismo que no mostó en otros tiempos. Y en esto se lleva un porcentaje grande de culpa la hinchada.
Fue notorio el cambio de actitud cuando los jugadores escucharon el aliento del público en lugar de la reprobación. Se sintieron respaldados y eso les dio un envión psicológico importantísimo, que los jugadores supieron aprovechar.
Tres minutos después del gol de Sava estaban festejando el empate parcial y nueve más tarde el triunfo por 2 a 1 con que se cerraría el primer período. Y si en algo ayudó esa reacción fue para juntar a todo el equipo, esperar a Héctor Veira y retirarse los doce juntos a los vestuarios.
De haber sido una derrota parcial, la actitud, tal vez, hubiese sido diferente. No lo sabremos. Pero si hubiera estado más relacionado a las críticas y a las discusiones que a los abrazos y felicitaciones.
El segundo tiempo sirvió para levantar al goleador dormido. A aquel que había hecho todo mal en el primer tiempo y que cambió su imagen gracias a los cuatro goles.
¿Qué le aporta la goleada por 6 a 1 a Boca? Poco y mucho. En cuanto al resultado en sí. Boca podría haber ganado por 25 a 0 que nada hubiese cambiado, como tampoco hubiese significado demasiado una derrota frente a Gimnasia, siempre y cuando no hubiese sido como la caída por 6 a 0, que le aplicó Márcico y compañía, el año último.
Sí, en cambio, resulta importantísimo en el aspecto psicológico. Por un lado, porque el jugador se sintió respaldado por la hinchada, y por el otro, porque en muchos casos recuperaron el nivel individual de otras oportunidades y eso, en un momento en el que gran parte se juega el futuro en el club es significante.
Boca volvió al triunfo luego de casi dos meses sin conseguirlo y eso es noticia. Lo que no es noticia es que la hinchada de Boca ganó un nuevo partido. O, mejor dicho, motivó a que los jugadores lo logren. Y eso, en estos días en los que el fútbol de Boca no despierta pasión bien vale un festejo.


