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TRELEW.- La pendiente deja atrás los comercios, el asfalto y la hotelería. Apenas un kilómetro hacia el oeste del corazón de esta ciudad aparece en la altura un decorado de calles de tierra, que serpentean formando dibujos sin demasiada lógica. Allí adentro, en esa escenografía en la que la modestia aprieta muy fuerte, donde la numeración de las casitas no sigue un patrón determinado y la intuición actúa de guía, aparece el campeón. "Pónganse cómodos", invita, y el ambiente, pequeño, de paredes azules y prolijas, luce con su capacidad casi agotada. Es el barrio San Martín, vecino al Presidente Perón, donde Omar Narváez nació y aún tiene su hogar. Aquí, en la casa de su suegra, se refugió durante la espera para la defensa del título mundial mosca y también eligió quedarse para reponerse del esfuerzo. Rara defensa, exitosa en cuanto al resultado deportivo (venció por descalificación a Luis Lazarte en el 10° round), pero que le dejó insatisfacción, algo de bronca y... un ojo maltrecho. "Lazarte no vino a boxear. Estuvo todo el tiempo tirando cabezazos y riéndose. Parecía que no le importaba estar peleando por el título del mundo", dice Narváez, y muestra el corte en el párpado izquierdo, detonante de la derrota de su oponente.
-En la pelea se te notó fastidioso...
-Sí. En un momento tenía ganas de matarlo . No entendía qué quería hacer. Además, se reía, peleaba agachado, por debajo de mi cinturón... ¿Cómo querían que le pegara?
Las cosas no salieron como Narváez deseaba. Se nota en la mirada cuando relata la pelea. Era el regreso triunfal a Trelew, donde únicamente había peleado en su debut profesional. El público lo acompañó, lo ovacionó, pero el brillo, ese que ofreció cuando conquistó el título en el Luna Park, estuvo ausente en el Gimnasio Municipal. "Me siento en deuda con mi gente. Porque no les pude brindar un buen espectáculo. Ellos estuvieron en todo momento, fue espectacular. Pero no pude responder a las expectativas. Seguramente en el futuro voy a volver a combatir acá para tomarme revancha", se sincera.
Desde un costado, otro campeón mundial, Pablo Chacón, se ríe y no para de hacer bromas mientras juega al solitario en la computadora. Narváez sonríe levemente, como tímido, pero sigue hablando de la pelea. Se le dice que, si bien es cierto que Lazarte tuvo una actitud bastante criticable, él no encontró los caminos para poder resolver ese problema. Y El Huracán contesta: "Es verdad que me faltó resolución, pero esto me sirve como experiencia para el futuro. No hay que olvidarse de que tengo nada más que 13 peleas. Igualmente, no creo que en el primer nivel se me presenten rivales que tengan esa actitud. Afuera salen a ganarte y no a ensuciar la pelea".
Todos en su casa lo llaman Andrés, su segundo nombre. Hasta su pequeña hija Sharon, de tres años. Sillones y sillas están poblados por más Narváez. Está su papá, Estanislao. También sus hermanos Mario, Jorge y Daniel, todos boxeadores, al igual que Marcelo, ausente porque peleaba en Córdoba la misma noche de la defensa del Huracán . Daniel todavía está furioso con Lazarte por el cabezazo que le provocó la herida a Omar. Hasta lo invitó a pelear cuando a su hermano aún lo estaban curando sobre el ring (tuvo que llevárselo el pugilista Mariano Carrera) y más tarde en el vestuario. Narváez parece el más calmo de todos, pero él aclara: "Si yo estuviera en el lugar de mi hermano, me pasaría lo mismo. Aunque yo soy un poco más tranquilo y no sé si reaccionaría de esa manera".
Le dura un poco la amargura a Narváez, que sale con timidez a la calle. En el fondo, unos pibes le pegan a una pelota gastada hacia arcos formados por montañitas de cascotes. Dos de ellos dejan el asunto y se acercan a saludar a Omar. "Grande campeón", dicen, le dan la mano y miran azorados el cinturón. El viento sopla frío, cortante. Narváez vuelve a la casa. En ese barrio desnudo de lujos.
El cinturón que levantó Narváez cuando lo dieron vencedor es prestado. ¿Quién es el propietario? Nada menos que Pablo Chacón, pues es el cetro de campeón pluma el que mostró el chubutense antes y después del combate. El cinturón que le corresponde a Narváez no fue enviado aún por la OMB y se espera que llegue en las próximas semanas.
TRELEW (De un enviado especial).- La herida modificó los planes de Omar Narváez para el futuro inmediato. De allí también parte de la bronca del campeón. Es que existía la posibilidad de que pudiese integrar la reunión en la que Pablo Chacón defenderá la corona pluma OMB, el 19 del mes próximo, ante Scott Harrison, en Glasgow. La idea era que Narváez pudiera exponer su cetro ante el australiano Hussein Hussein, retador obligatorio del ranking mosca.
Sin embargo, el plan, que no estaba confirmado, quedó definitivamente descartado, pues Narváez deberá estar entre 15 y 20 días sin poder hacer sesiones de guanteo en los entrenamientos -ya que se le podría reabrir la herida- y no hay tiempo suficiente de preparación.

